EL SACRIFICIO

«Yo disfruté de un sueño macho, donde se dio y se recibió por instinto, como perros. Y ahí lo agarré. Esa parte del sueño la recuerdo clarito, clarito. Andanadas de palos que se entrechocan, vibrar de bastones guapos, someter y someterse como ídolos.»

Marcelo Marán

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EL SACRIFICIO

de Marcelo Marán

 

PERSONAJES:

                     ATANOR. Actor.- Jorge Taglioni 

                    FLOREAL. Actriz.- Emma Burgos

 DIRECCIÓN:

                        Marcelo Marán y Jorge Taglioni

 

 Estrenada en 1996 en el espacio LA NAVE del Teatro Auditorium.  Cinco nominaciones Estrella de Mar año 1997.  Ganadora Regional de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires.

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Oscuridad absoluta. Voces paganas. Algo se mueve en la oscuridad.

Ahora un rayo de luz que llega desde las alturas ilumina pobremente el espacio: un plano inclinado de tres metros por tres metros, cubierto de arena. 

Un personaje, Atanor, tirado en el centro se bambolea sin poder incorporarse. El otro, Floreal, recorre nerviosamente de un punto a otro el espacio, parece buscar algo. Diríamos que son escarabajos de un mundo que se entierra por uno de sus vértices, quizás también nos parecerían guerreros con gastadas armaduras a la espera de la lucha o tal vez lo que realmente son, dos monaguillos que habitan los subterráneos de una iglesia.

Visten un incomodo y complicado hábito que en vano trata de simular pompa y boato, debajo del cual asoma un sayo sucio y harapiento. Van descalzos y en sus cabezas unos extraños gorros fingen una discreta tonsura.

Las voces llegan al grito. Floreal se enfrenta a Atanor que se ha incorporado y toma también una actitud bélica.

ATANOR.– ¿Lo encontró?

FLOREAL.– Usted deja las cosas en cualquier parte.

ATANOR.– Ahora la culpa es mía.

FLOREAL.– ¿Quién lo guardó la última vez?

ATANOR.– Yo no toqué la garrafa.

FLOREAL.– Usted nunca toca nada, pero aquí las cosas desaparecen.

ATANOR.– ¿Qué insinúa?

FLOREAL.– Evidencias. La garrafa de vino no está. Otra cosa que no aparece.

ATANOR.– No me hable a medias tintas. Si tiene algo que decir me lo dice de frente. ¿O no es macho?

FLOREAL.– Yo digo que falta.

ATANOR.– Usted me esta tratando de ladrón y eso no se lo voy a permitir.

FLOREAL.– Digo que usted es un desordenado, un “nomeimportadónde”.

ATANOR.– Usted dice que yo afano. Y sabe muy bien que si eso llega a boca del…

FLOREAL.– No digo nada. Además lo hablo con usted y con nadie más.

ATANOR.– Sabe muy bien que acá las paredes oyen. Si me dan ganas de pellizcare el culo a algún angelito de yeso para ver si no son enanos disfrazados.

FLOREAL.– Déjese de pavadas, Atanor, que no hay tiempo que perder.

ATANOR.– Pavadas, pero si me quedo en la calle por su culpa… No tengo oficio, no sirvo para otra cosa.

FLOREAL.– ¡Acábela quiere!

ATANOR.– A esta edad no es fácil empezar de nuevo, Floreal. El tiempo se nos fue.

FLOREAL.– No sé cuándo.

ATANOR.– Pero el tiempo se nos fue.

FLOREAL.– ¡Eso digo yo! ¿Cuánto tiempo nos queda hasta el sacrificio?

ATANOR.– Sacrificio.

FLOREAL.– Sí, Atanor, sacrificio. Bueno, ya nos vamos a enterar. Va a empezar a dar con la campanita. Esta vez nos putea.

ATANOR.– Desde el altar no va a poder.

FLOREAL.– Linda lavada de cabeza nos va a dar.

ATANOR.– Yo me lavo las manos.

FLOREAL.– Como el cura.

ATANOR.– ¿Qué me quiere decir, Floreal? Sea claro conmigo, el cínico no le va.

FLOREAL.– ¡Déjese de joder, quiere! ¿Dónde habrá puesto el vino? Si no llegamos para el  sacrificio…

ATANOR.– Anoche soñé que usted me sacrificaba.

FLOREAL.– Otra vez con eso. Usted sabe que yo no mato una mosca.

ATANOR.– No me mataba, me sacrificaba.

FLOREAL.– ¿Usted se moría?

ATANOR.– No sé. No me acuerdo. Sólo sé que usted tenía que hacerlo, era un rito.

FLOREAL.– ¿De qué rito me habla? Usted no sabe, Atanor, las cosas que perdí por calentón. Y ahora lo vengo a matar a usted, que es un hermano para mí.

ATANOR.– Floreal, usted no me mataba, me sacrificaba. Primero me acariciaba la frente, descendía suavemente hasta tomarme las manos, luego comenzaba a desnudarme  muy lentamente y… (se duerme parado)

FLOREAL.– ¿Y?

ATANOR.– No me acuerdo más. Todo se me pone como en una nebulosa.

FLOREAL.– Pero, ¿está seguro que era yo, Atanor?

ATANOR.–  ¡Qué le parece!

FLOREAL.– Vio que en los sueños uno esta medio pelotudo. Del vamos uno sueña cuando esta dormido. No es un estado de vigilia. Qué sé yo, por ahí me confundió con otro.

ATANOR.– Eran sus manos, Floreal, las que me acariciaban lentamente.

FLOREAL.– Y no le parece raro, digo… manosearnos.

ATANOR.– Pero no era una mariconería, no se equivoque.

FLOREAL.– Ya decía yo, dormidos y todo, aputonarnos tanto.

ATANOR.– Era la virilidad estridente de dos machos en celo. Topetazos de chota, guascazos, encontronazos de verga.

FLOREAL.– Cosas de hombre… ¡Bah!

ATANOR.– ¿Qué quiere decir?

FLOREAL.– Que si usted se acordase de algo más, por ahí…

ATANOR.– ¿Por ahí?

FLOREAL.– No sé. ¡Por ahí! ¡Por ahí!

ATANOR.– Usted oculta algo.

FLOREAL.– ¿A mí me habla?

ATANOR.– Si, hay alguna cosa adentro suyo.

FLOREAL.– ¡Salga de ahí, quiere!

ATANOR.– Usted se niega a si mismo, apaña con un manto su verdadera naturaleza. Saque todo a fuera de una buena vez. ¡Saque afuera si es macho!

FLOREAL.– ¿Qué quiere ver?

ATANOR.– Lo que tiene adentro.

FLOREAL.– No tengo porque andar mostrándole nada. ¡Qué joder! Pero, ¿dónde mierda habrá metido esa garrafa?

ATANOR.– No se vaya por la tangente. Muestre, saque afuera. O usted no sueña acaso. No, ¡qué va a soñar!

FLOREAL.– Yo también soñé. ¡Qué tanto!

ATANOR.– Se caía por el hueco de un ascensor. Esos no son sueños.

FLOREAL.– Más jodido.

ATANOR.– Se le prendía fuego la cama.

FLOREAL.– ¡No!

ATANOR.– Se ganaba la lotería. No le digo, es un cagatinta usted.

FLOREAL.– No, soñé que lo mataba.

ATANOR.– Que me sacrificaba.

FLOREAL.– Minga de sacrificio. Le entraba a las carnes con tres puntazos. Y lo veía despanzurrarse en su propia tinta.

ATANOR.– Pero era también un rito, ¿me desnudaba, me acariciaba?

FLOREAL.– Ve, es usted el que sueña a lo puto. A mi se me calentaba la muela y  ahí nomás lo servía, le abría la panza como a una corvina, le metía la mano en la vulva caliente de la herida, hasta el estertor final de los labios balbuceantes como  vaginas…. Me fui al carajo.

ATANOR.– Siga por favor.

FLOREAL.– Me cansé de tanto sueño.

ATANOR.– ¡Qué raro! Digo, los dos soñar lo mismo.

FLOREAL.– Es mentira, no soñé nada. Nunca puedo soñar nada. Hace tiempo que tengo ganas de decírselo, Atanor, no se ofenda, pero lo nuestro llama a la confusión.

ATANOR.– ¿Confusión?

FLOREAL.– Si, vea. Es como si estuviéramos muy apegados, vio… muy empastados.

ATANOR.– Promiscuidad.

FLOREAL.– ¡Eso!

ATANOR.– Es el problema de las grandes urbes. El hacinamiento, el smog, la delincuencia juvenil.

FLOREAL.– Por eso, tenemos que despegar un poco, vio. Dejo todo y me voy.            Ayer hablé por teléfono con mi mujer.

ATANOR.– No lo escuché.

FLOREAL.– Hablé desde la sacristía, de madrugada.

ATANOR.– Me dormí con el rabillo del ojo abierto y usted no se movió de su cama.

FLOREAL.– Ve, ¡qué tiene que andar todo el santo día revoloteando entre mis faldas!

ATANOR.– Usted es mi hermano, Floreal, no me puede dejar así por que sí.

FLOREAL.– Quiero cambiar de vida, Atanor.

ATANOR.–  ¿Le falta algo acá, Floreal? Tiene techo, comida.

FLOREAL.– Comer no digamos que comemos mucho.

ATANOR.– Pero si el otro día soñamos con una comilona que…

FLOREAL.– No, soñar, sí. Pero comer, comer…

ATANOR.– Al baño voy todos los días.

FLOREAL.– Pa’ figurar, porque cagar, lo que se dice cagar…

ATANOR.– A usted le pasa otra cosa. Perdió la fe, eso le pasa. Ya no cree en nada.

FLOREAL.– Cállese que lo pueden escuchar.

ATANOR.– ¿Y? Qué carajo le importa, ¿no dice que se va?

FLOREAL.– Véngase conmigo Atanor. Lo necesito.

ATANOR.– Ahora viene al pie.

FLOREAL.– Con usted no se puede hablar.

ATANOR.– Ya lo quería ver venir con el caballo cansado. Después de tantas humillaciones viene a postrase de hinojos como una mujer.

FLOREAL.– Eso nunca, ¡váyase a la mierda!

ATANOR.– ¡Cómo! ¿No era usted el que se iba?

FLOREAL.– ¡Sí! A poner aquel negocio del que le hablé… (silencio) en las estribaciones de la carretera.

ATANOR.– Un negocio.

FLOREAL.– Sí, un negocio.

ATANOR.– Y es lugar para negocio, ese… ¿Dónde quedaba?

FLOREAL.– Usted agarra la ruta que va para la pampa, y le da derecho.

ATANOR.– Muchos kilómetros.

FLOREAL.– No se puede perder nunca, hay una cartel grande que dice “Floreal”.

ATANOR.– Y ese es su negocio.

FLOREAL.– No, enfrente. Ese es el cartel de otro negocio.

ATANOR.– El suyo no tiene cartel.

FLOREAL.– Sí, pero es más grande y luminoso.

ATANOR.– Farabute. ¿Y qué dice el cartel?

FLOREAL.– “Mi hermano Atanor”.

ATANOR.– ¿De verdad?

FLOREAL.– Vaya y vea.

ATANOR.– Creo haber pasado por ahí, pero nunca…

FLOREAL.– Es que todavía no lo puse.

ATANOR.– “Mi hermano Atanor”.

FLOREAL.– “Atanor, mi hermano”.

ATANOR.– Hoy me dijo “Mi hermano Atanor”.

FLOREAL.– Sí, es lo mismo.

ATANOR.– Pero el cartel, ¿qué es lo que dice? Uno va a ver la Capilla Sixtina y dice “Capilla Sixtina”, no dice “Sixtina Capilla”, no es lo mismo.

FLOREAL.– “Atanor, mi hermano Atanor”, la repetición, vio, el golpe publicitario.

ATANOR.– ¿Y funciona el restaurant?

FLOREAL.– No es un restaurant.

ATANOR.– El boliche.

FLOREAL.– ¿Qué boliche?

ATANOR.– Qué carajo es eso entonces. O ahora me va a decir que le puso “Atanor, mi hermano Atanor” a un amueblado.

FLOREAL.– Es un negocio ambiguo, como todo negocio. El Negro Estrada, ¿qué vende?

ATANOR.– Fósforos, vino de misa, velas.

FLOREAL.– Yo no le estoy preguntando que es lo que nosotros le compramos, digo qué vende.

ATANOR.– Ah, ¿qué sé yo?

FLOREAL.– ¿Sabe con qué hace la plata el Negro Estrada? Se come los papelitos.

ATANOR.– Nunca lo vi comer papelitos.

FLOREAL.– Levanta quiniela. Los números, la magia de la cábala.

ATANOR.– Eso es ilegal.

FLOREAL.– Ilegal es andar como un boludo por la vida mientras los demás se acomodan.

ATANOR.– Pasador de juego.

FLOREAL.– ¿Y sabe qué más? Profilácticos, en esa zona se venden por gruesa los profilácticos.

ATANOR.– Usted no va a usar mi nombre para vender forros. Se lo prohibo desde ya. Sepa que voy a hablar con la Cámara de Comerciantes. Piensa montar un garito, vender condones y dopar a la muchachada, todo a costa de mi nombre.

FLOREAL.– Ma’ sí, métase el nombre en el culo. Lo saco del cartel y ya está.

ATANOR.– Espere, no sea calentón quiere.

FLOREAL.– Ya está : “Puntos suspensivos: Mi hermano. Puntos suspensivos” A la mierda con Atanor.

ATANOR.– Si será calentón, carajo. Y después dice que no sería capaz de matarme.

FLOREAL.– Sacrificarlo.

ATANOR.– Si tuviera que hacerlo no le guardaría rencor.

FLOREAL.– ¿Y por qué habría de hacerlo?

ATANOR.– No sé.

FLOREAL.– No lo entiendo, Atanor. Pero esto no es nuevo. Nuestra incomprensión es de larga data.

ATANOR.– Mal amigo, le he dado todo.

FLOREAL.– Nunca me prestó un mango.

ATANOR.– Cantidad de valores le he cambiado.

FLOREAL.– Todos de vuelta.

ATANOR.– Una vez le soñé que usted se iba a ese lugar en España a lavar cubiertas de yates y ahí conocía una vieja forrada en guita.

FLOREAL.– Menudo quilombo me armó con ese sueño.

ATANOR.– Estuve con usted en las buenas y en las malas.

FLOREAL.– Sobretodo en las malas. Usted es un tipo negativo, Atanor. Para todo tiene un nones.

ATANOR.– El negativo es usted. Yo voy a lo seguro, estoy acá contento con mi vida, no ando pensando en dejar todo para rajar.

FLOREAL.– Hoy es el día de las confesiones, Atanor.

ATANOR.– Las confesiones fueron ayer, no me vuelva loco que bastante quilombo tenemos.

FLOREAL.– De nuestras confesiones le digo. Esto no va más. Usted es como mi hermano, Atanor, a usted se lo puedo confesar.

Ambos se quitan la gorra y quedan con el pelo sostenido por una redecilla, también se sacan los pesados hábitos. Visten camisolines percudidos por la suciedad de tantos años.

ATANOR.– El último que agarró el vino fue usted.

FLOREAL.– No soy lo que parezco ser…

ATANOR.– Si me acuerdo bien que andaba jodiendo con el corcho. Dónde lo pongo, dónde lo pongo.

FLOREAL.– Si volviera a nacer no sería lo que soy…

ATANOR.– Métaselo en el culo, le dije yo.

FLOREAL.– ¿Me escucha? O se va seguir haciendo el idiota todo el santo día.               Si volviera a nacer sería…

ATANOR.– Sí, vendedor de esclavos en Pakistán o buceador de perlas en Carancanful. Le conozco los belines. Mire, Floreal, no quiero ofenderlo, pero usted se autoengaña. Se ha edificado una personalidad inexistente. Es usted lisa y llanamente un bolacero.

FLOREAL.– No se lo permito. Me hartó.

ATANOR.– ¿Y qué va a hacer para callarme?

FLOREAL.– Le voy a dar un trompis.

ATANOR.– Pégueme, pero que no me levante más.

FLOREAL.– Lo voy a dejar inconsciente para todo el viaje.

ATANOR.– No se permita errar el golpe, Floreal. No olvide que voy armado.

Parece extraer algo de entre las ropas, pero en realidad sólo lo amenaza con su mano extendida.

FLOREAL.– Me amenaza, con un alfiler de gancho me amenaza.

ATANOR.– Sacro estilete.

Se trenzan en una pelea. Suena un gong.

FLOREAL.– (separándose) Segundo round.

ATANOR.– No sea pelotudo, es el cura que está llamando. Pronto llegará el sacrificio.

FLOREAL.– Me voy, no puedo quedarme más acá.

ATANOR.– (ido) ¡El sacrificio! Lo soñé…

FLOREAL.– Arréglese usted con el cura.

ATANOR.– Lo va a cagar a patadas, el gallego cuando se calienta es bravo.

FLOREAL.– Para entonces voy a estar lejos, además usted es el responsable del suceso.

ATANOR.– ¿La falta del alcohol dice usted?

FLOREAL.– De ese hecho.

ATANOR.– Soy enteramente ininputable.

FLOREAL.– Usted es un borrachín.

ATANOR.– Más ininputable entonces, la gran puta. O acaso van a meter preso a un mamado.

FLOREAL.– Me dan pena sus vicios. Triste cosa es ver a un hombre echado al abandono, pisando los flecos de su humanidad desgarrada. Enfermo.

ATANOR.– Qué sabe usted.

FLOREAL.– Se le ve en la cara, la piel macilenta, ese rostro no miente. A ver saque la lengua. Corra las orejas para adelante y muéstreme el nacimiento de los ojos. (Atanor queda en una máscara horrible)

ATANOR.– (con la lengua afuera) ¿Qué tengo?

FLOREAL.– Cara de boludo.

ATANOR.– No se juega así con un hombre.

FLOREAL.– Salga de ahí, quiere. Usted  vive en un post pedo crónico.

ATANOR.– No se tire a la pileta que no hay agua. Si supiera…

FLOREAL.– Si supiera, ¿qué?

ATANOR.– Nada.

FLOREAL.– No va a lograr darme pena, Atanor, conozco sus trucos.

ATANOR.– Día de confesiones. Estoy enfermo, Floreal.

FLOREAL.– No me diga. ¿Qué más va a inventar para que me quede?

ATANOR.– Esta vez no lo inventé, ni lo soñé, me vino como una culpa. De esta no salgo.

FLOREAL.– Está enfermo, con más razón. Afuera lo van a atender, lo podrán curar. Yo también necesito un médico, alguien que me revise.

ATANOR.– Lo mío no tiene cura, es un mal venéreo.

FLOREAL.– No le creo.

ATANOR.– No hay chancro ni cosa visible, pero adentro… ¡Mamita mía! Un contagio, sabe.

FLOREAL.– Mitos.

ATANOR.– Verdades, ¿hace falta caracho que un hombre muestre sus vergüenzas para que se le crea?

FLOREAL.– Nunca le vi nada.

ATANOR.– ¿Y desde cuándo me la mira?

FLOREAL.– Más quisiera.

ATANOR.– Alto virus.

FLOREAL.– Entonces vamos a hacernos ver. Afuera están los médicos.

ATANOR.– ¿Usted se siente mal acaso?

FLOREAL.– Lo digo por usted.

ATANOR.– Me quiero morir acá, no quiero ser juguete de la ciencia.

FLOREAL.– Le propongo un juego.

ATANOR.– No soy un chico.

FLOREAL.– Es un juego de grandes.

ATANOR.– Y cómo se juega.

FLOREAL.– Yo le digo una verdad y usted me responde con otra.

ATANOR.– ¿Usted dice una verdad y yo le contesto con otra? ¿Por ejemplo?

FLOREAL.– Bizco.

ATANOR.– ¿Y?

FLOREAL.– Bizco.

ATANOR.– ¿A quién? ¿A mi? ¿Me lo dice a mí?

FLOREAL.– Sí, a usted. Bizco.

ATANOR.– Yo no soy bizco.

FLOREAL.– Es leve, pero bizquea.

ATANOR.– Por qué no se va un poquito a la puta que lo parió. Mejor busco el vino.

FLOREAL.– ¿Qué le pasa?

ATANOR.– ¡Bizco! Lindo jueguito.

FLOREAL.– Dígame una verdad usted a mí, ahora.

ATANOR.– Es que eso no es una verdad.

FLOREAL.– Para mí sí. Durante todos estos años se lo he querido decir, su ojo se virola, usted bizquea.

ATANOR.– Miralo al petiso.

FLOREAL.– ¡Muy bien! Eso es. Dígamelo de nuevo.

ATANOR.– ¡Petiso!

FLOREAL.– Con ganas.

ATANOR.– ¡Petiso!

FLOREAL.– ¡Grítelo! ¡Grítelo! ¡Grítelo!

ATANOR.– ¡Petiso! ¡Petiso! ¡Petiso de mierda!

FLOREAL.– Está mejor ahora.

ATANOR.– Siempre quise decírselo.

FLOREAL.– ¡Idiota!

ATANOR.– ¡Sabelotodo!

FLOREAL.– ¡Borracho!

ATANOR.– ¡Drogón!

FLOREAL.– ¡Rata sucia!

ATANOR.– ¡Perro botón!

FLOREAL.– ¡Gallina!

ATANOR.– (irguiéndose) Para que sepa soy bien hombre.

FLOREAL.– (ie quita la redecilla y deja caer su cabellera) Como yo mujer.

ATANOR.– ¡Maricón!

FLOREAL.– Mujer, soy una mujer, Atanor.

ATANOR.– Se terminó, no juego más. A ver si se deja de joder… Floreal. Como broma ya fue suficiente. Lo único que falta que el cura…

FLOREAL.– Me importa tres carajos el cura.

ATANOR.– Pero a mí sí que me importa. Este es nuestro lugar, y no lo pienso perder todo por un… degenerado.

FLOREAL.– Usted lo soñó.

ATANOR.– Yo no soñé eso. Ahora me va ha decir que no sé lo que sueño. Nuestra relación es normal, somos dos tipos, metidos acá adentro. No me voy a dar cuenta que estoy viviendo con una mina.

FLOREAL.– Trate de recordar el momento del sacrificio.

ATANOR.– Pero mírenlo al muy puto.

FLOREAL.– El sueño, Atanor. Nos tocábamos, nos acariciábamos…

ATANOR.– No me voy a acordar yo cómo era.

FLOREAL.– Y… mamado.

ATANOR.–  Es mejor que andar dopado.

FLOREAL.– Borracho.

ATANOR.– Drogón.

FLOREAL.– Perro ladrón.

ATANOR.– Rata sucia.

FLOREAL.– Gallina.

ATANOR.– Maricón.

Se trenzan en una pelea, hasta que Floreal grita.

FLOREAL.– ¡Ay! ¡Ay!

ATANOR.– ¡Qué le pasa! ¿No quería pelea?

FLOREAL.– Una teta, me pegó en una teta.

ATANOR.– No será para tanto.

FLOREAL.– Quiere que le de una patada donde usted sabe, va a ver.

ATANOR.– (recuerda algo) Una teta…

FLOREAL.– La izquierda para más datos.

ATANOR.– Había una teta. Claro que había una teta.

FLOREAL.– ¿Dónde?

ATANOR.– En el sueño, Floreal, en el sueño había una teta.             (Descubrimiento, se miran en silencio) ¿Cómo lo hizo?

FLOREAL.– ¿Qué?

ATANOR.– Lo de la teta. ¿Es un truco?

FLOREAL.– Son mías.

ATANOR.– Y claro, con las cosas que se manda a bodega. Si se le quemó la cabeza no sería raro que le crezcan las…

FLOREAL.– ¿A qué está haciendo referencia?

ATANOR.– Usted se dopa.

FLOREAL.– ¿Drogas blandas o duras?

ATANOR.– Semiduras, póngale.

FLOREAL.– No ve que no sabe nada.

ATANOR.– Sé, y además a los tipos como usted les adivino las mañas con sólo mirarlo como mea.

FLOREAL.– ¿Y cómo meo, yo?

ATANOR.– De costado, introvertido… Para adentro le diría. No es de esos que la sacan alegres y animosos. Su actitud es rara. Si no fuera mi hermano.

FLOREAL.– ¿Qué me quiere decir?

ATANOR.– Pareceres.

FLOREAL.– Alguna cosa insinúa.

ATANOR.– Cada uno es dueño de hacer de su culo un pito.

FLOREAL.– Y yo lo hago sentada. ¡Sí! Orino sentada, no ve que no se da cuenta de nada.

ATANOR.– Lo vi, más de una vez lo vi. ¡Qué tonto que fui! Creí que lo suyo era una delicadeza, un gesto hacia mí. Yo lo miraba mear y me decía que gran tipo Floreal, mear así, sentado, para no molestarme con el ruido.

FLOREAL.– ¿Con qué ruido? Atanor. Hace años que nos escuchamos los ruidos, que nos olfateamos los ruidos. No diga tonterías.

ATANOR.– Para mí no es suficiente evidencia.

FLOREAL.– (se levanta las faldas) Y esto, ¿qué le parece esto?

ATANOR.– (desorbitado, no sale de su asombro) ¡Se lo cortó! ¡Santo Dios! ¡Se lo cortó! Que nadie deshaga lo que el creador… Se cortó el pichulín.

FLOREAL.– No sea ganso.

ATANOR.– ¡Suck! ¡Se guillotinó la gallina! ¡Alto pecado! ¿Qué más va a hacer Floreal? Usted es un monstruo.

FLOREAL.– ¡Soy una mujer! Como la de su sueño.

ATANOR.– No había mujeres en mi sueño.

FLOREAL.– Hoy dijo que había una.

ATANOR.– ¡Una teta! Pero en ningún momento dije que esa teta estaba acompañada por otra teta, y menos que… (Se queda pensando) Sin embargo, en algún momento aparecía otra teta y una…

FLOREAL.– Y una qué, Atanor.

ATANOR.– Todo era tan suave, como lo que nunca tuve. Y hay un olor, Floreal, que sólo lo sentí cuando niño en las faldas de mi madre.

FLOREAL.– Mis manos lo acariciaban lentamente, lo desnudaban.

ATANOR.– Sí, pero no.

FLOREAL.– ¿Por qué no? ¿No es mejor que hayan sido las manos de una mujer?

ATANOR.– Adónde puso el vino.

FLOREAL.– ¿Qué importancia tiene eso ahora?

ATANOR.– Que quiero tomar. Si no tomo no entiendo.

FLOREAL.– Y si toma entiende menos.

ATANOR.– Por eso, quiero tomar.

FLOREAL.– No tengo más evidencias, Atanor. Sólo me resta decirle que me voy .

ATANOR.– ¿Y su mujer?

FLOREAL.– Después de esto, ¿qué le parece? Un invento. Tenía miedo de ser descubierta.

ATANOR.– Y hoy no tiene miedo, se le fue el miedo de repente.

FLOREAL.– No me entendería.

ATANOR.– Ya se van a poner las cosas en su lugar cuando me despierte.

FLOREAL.– No estamos dormidos.

ATANOR.– ¡Es un sueño! ¿Qué otra cosa puede ser sino un sueño? Una treintena de años viviendo con un… qué sé yo que cosa, y yo sin darme cuenta de nada.

FLOREAL.– Pero lo disfrutó.

ATANOR.– Yo disfruté de un sueño macho, donde se dio y se recibió por instinto, como perros. Y ahí lo agarré. Esa parte del sueño la recuerdo clarito, clarito. Andanadas de palos que se entrechocan, vibrar de bastones guapos, someter y someterse como ídolos.

FLOREAL.– Usted habla de la penetración.

ATANOR.– Llámele hache.

FLOREAL.– Claro, se estará preguntando cómo hice yo para penetrarlo a usted. Porque eso pasaba en su sueño, ¿no?

ATANOR.– Pero no era una…

FLOREAL.– No era una mariconería, está bien, pero pasaba.

ATANOR.– Entre gallos y medianoche. También si usted lo saca de contexto.

FLOREAL.– Escondí un cirio pascual entre la ropa.

ATANOR.– Me lo rompió.

FLOREAL.– Con un cirio.

ATANOR.– El encantamiento, me rompió. Su crueldad sí que es femenina, Floreal, eso sí que es femenino en usted. Cuchillito cruel el que esconden en las ligas. Nadie más extraño que una mujer que ya no nos ama.

FLOREAL.– Yo aún lo amo.

ATANOR.– No hablaba específicamente de nosotros, de nuestro cariño, fraternal.

FLOREAL.– Diga lo que quiera, me voy. No creo que vaya a saber más de mí.

ATANOR.– Y si me echan, si por su culpa me echan. ¿Qué va a ser de mí?

FLOREAL.– ¿Porqué lo van a echar?

ATANOR.– Dónde vio una iglesia con un solo monaguillo.

FLOREAL.– Traerán otro.

ATANOR.– ¡Otro! No, no… de dónde van a sacar a otro.

FLOREAL.– De cualquier lado. Con el hambre que hay.

ATANOR.– Traerán dos nuevos. Me van a patear el culo, eso van a hacer.

FLOREAL.– Con uno basta.

ATANOR.– Traerán un niñito rubio, delgado, enfermizo.

FLOREAL.– Si está enfermo va durar poco entonces.

ATANOR.– No se ría, usted conoce lo terrible que son los niños. Acaso no los ha visto sentados en las primeras filas de la capilla con esos ojos de reptil, deseando a cada instante que nos equivoquemos para reírse de nosotros. No, usted no sabe lo malvados que pueden ser. Además, cuando lo vean junto a mí, se van a dar cuenta.

FLOREAL.– ¿De qué?

ATANOR.– De que soy un viejo, de que nuestra inocencia es rímel y colorín. Sabe, Floreal, estoy perdiendo el pelo, me quedo sin aire. Un día, dos diabólicos querubines repletos de acné nos darán la extremaunción.

FLOREAL.– Usted no tiene por qué pasar por eso. Venga conmigo.

ATANOR.– No puedo, no me banco la inestabilidad. Acá se está mal, pero uno ya lo sabe. Figúrese afuera, que por ahí están mejor pero todavía no se enteraron.

FLOREAL.– Vivir es vacilar entre las cosas.

ATANOR.– Usted lo ha dicho.

FLOREAL.– Vivir es sembrar en el mar.

ATANOR.– La corriente, se lo lleva la corriente a uno.

FLOREAL.– Vivir es una apuesta sin sentido.

ATANOR.– Eso, una apuesta, hagamos una apuesta. Si yo gano usted se queda y si yo pierdo usted se va.

FLOREAL.– Nos vamos.

ATANOR.– No puedo, le dije que no me puedo ir. De sólo pensarlo me enfermo más, no podría…

FLOREAL.– No sea caprichoso.

ATANOR.– No es un capricho. Un día desperté y estaba aquí, y tenía ese jergón y escuchaba esas canciones y me vestía con esta ropa y era alguien.

FLOREAL.– En esta…

ATANOR.– Si, en esta… Y un día enterré a un amigo y luego llegó otro. Entrañable. Nunca salí de acá, creo no haberme asomado nunca a la puerta. Si esto se inundara, me ahogaría.

FLOREAL.– Y si yo fuera el que muriese.

ATANOR.– Me  mataría.

FLOREAL.– No me puedo quedar, Atanor. Además, si lo hiciera, ¿qué seríamos?

ATANOR.– Los dos, como hasta ahora. (Se acerca animoso) Afuera, dos ovejas perdidas en el rebaño. Pero acá… acá somos únicos. Sueño por sueño se los cambio.

(La besa en la boca desesperadamente. Atanor se coloca en una actitud pasiva de sometimiento)

FLOREAL.– (se separa violentamente) Pero yo soy mujer, o no lo escuchó.

ATANOR.– ¡Está bien! Usted es mujer, qué le vamos a hacer. Ya se va a acostumbrar, hermano.

FLOREAL.– El que se tiene que acostumbrar a tener una hermana es usted, Atanor.

ATANOR.– Si usted se queda y todo sigue como hasta ahora soy capaz de no denunciarlo.

FLOREAL.– Me denunciaría.

ATANOR.– Este es un mundo de hombres. Cerrado.

FLOREAL.– Aquí vienen mujeres también.

ATANOR.– A hacer la limpieza, a decorar la parroquia, a zalamear al cura, pero después se van, se tienen que ir. Ninguna mujer se puede quedar entre estas paredes.

FLOREAL.– Alguien se podría esconder.

ATANOR.– Solo hasta que la descubran, y bien caro que lo pagaría.

FLOREAL.– Una mujer llegó a ser Papa.

ATANOR.– Disfrazada de hombre. Y la asesinaron.

FLOREAL.– Esos son cuentos. Diga lo que quiera, ya es muy tarde para entendernos, Atanor.

ATANOR.– Una zanja, se ha cavado una zanja.

FLOREAL.– Un muro, se ha levantado un muro entre los dos.

ATANOR.– Hoy soñé que hacían un procedimiento y se lo llevaban preso.

FLOREAL.– Y usted era incapaz de avisarme.

ATANOR.– Usted estaba usando esas cosas.

FLOREAL.– Y me delataba. Iba y me delataba.

ATANOR.– Tenía miedo. Pensaba que usted se podía morir con esas porquerías.

FLOREAL.– Y me entregaba a la yuta. Me mejicaneaba.

ATANOR.– ¿Qué quería?¿reventarse quería?

FLOREAL.– Es mi vida Atanor, o acaso yo lo denuncio cuando viene en pedo y a los gritos. Cuantas veces lo acosté ensopado en vómitos.

ATANOR.– ¡Ve! Se le pone difícil la cosa. Va a tener que pensarlo, son muchas las contras.

FLOREAL.– Piensa extorsionarme con la policía. No entiende nada. Ojalá fuera simplemente una decisión mía.

ATANOR.– Le propongo un pacto: no más sueños. No más vino, ni licor, ni nada. No más nada, pero no se vaya…

(Silencio).

La intimidad, podemos lograrlo. Usted tendrá su lugar, Floreal o como se llame, empezaré a respetarlo… la… Podemos colgar una manta y dividir esto al medio, poner turnos para el baño. Como si hoy fuera el primer día, se acuerda. Como el primer día pero unidos por un pacto de sangre, de silencio. No se vaya. Me muero… me muero si se va.

FLOREAL.– Atanor, amo sus sueños, todos estos años fueron la forma y el color del mundo. Entre estas piedras, metidos en esta cueva, en este sótano mitad infierno mitad cementerio, sólo los sueños y su risa de borracho loco me permitieron seguir adelante.

ATANOR.– Entonces… Acepta.

FLOREAL.– No puedo.

ATANOR.– No quiere.

FLOREAL.– Todos lo sabrán.

ATANOR.– Siga escondiéndolo.

FLOREAL.– Lo mejor será que encuentre el licor.

ATANOR.– Ahora me lo va a decir, se va a poner de rodillas y me lo va a decir… (La agarra del pelo) Me va a decir que se queda, que es todo una broma y se queda. A ver cómo lo dice…

FLOREAL.– Me hace daño Atanor, me hace daño.

ATANOR.– No lo escucho, Floreal, no lo escucho.

FLOREAL.– No me puedo quedar, porque estoy… embarazada.

Suena terrible el gong.

ATANOR.– Tercer round. (Levanta un brazo desnudo. Parece sostener algo) Lo encontré. Estamos, estoy salvado… Tal vez sería mejor que lo deje caer. (Sube su otro brazo, también como si en realidad sostuviese algo) ¿Y esto?

FLOREAL.– ¡El vino! Pero cuál de los dos.

ATANOR.– Sólo alcanzan para un trago, ni un pisquín más. (Muestra a Floreal sus manos vacías) Pero… ¿Cuál es?

FLOREAL.– (huele como un catador) Es esta.

ATANOR.– ¿Cómo lo sabe?

FLOREAL.– El otro es el adulterado. Tiene un metilmetileno en estado latente.

ATANOR.– Mátelo. Échelo por el inodoro al muy mierda.

FLOREAL.– Es el que usa el cura para matar comadrejas. Lo reforzó con jugo de belladona.

ATANOR.– Espere. Eso actúa ipso facto.

FLOREAL.– Prácticamente.

ATANOR.– Y el que lo toma muere digamos en el acto.

FLOREAL.– Prácticamente.

ATANOR.– No lo tire. Uno nunca sabe.

FLOREAL.– Póngale el corcho rojo a la que tiene el veneno. No vaya a ser que se equivoque. (Atanor hace todo lo contrario sin que Floreal lo vea) Se acuerda cuando soñó la muerte de López…

ATANOR.– El torero que se tomo quince litros de vino adúltero.

FLOREAL.– Damajuana infiel. Primero se le crisparon los pelos.

ATANOR.– Virulana era eso.

FLOREAL.– Se le erizó la piel.

ATANOR.– Mismo un erizo.

FLOREAL.– Se le desbarrancó la boca en una carcajada incontenible.

ATANOR.– De qué se ríe le preguntaba yo. Y no podía contestarme del trique que traca que le hacían los dientes.

FLOREAL.– Se le despertaron bubones por todo el cuerpo, miguelitos, triangulitos, forúnculos.

ATANOR.– Que pirotecnia septisémica la de aquel muchacho.

FLOREAL.– Eso no era un muerto.

ATANOR.– Era un licuado. No me quisiera ir así, prefiero que me mate.

FLOREAL.– ¿De qué habla?, Atanor.

ATANOR.– Lo soñé.

FLOREAL.– Largue con eso, quiere.

ATANOR.– Usted también lo soñó.

FLOREAL.– Yo no sueño, no sé soñar.

ATANOR.– El sacrificio, el vino, la sangre… Por fin la muerte.

FLOREAL.– Sabe que yo una vez estuve en el más allá.

ATANOR.– ¿Y cómo es?

FLOREAL.– Como abrir una heladera.

ATANOR.– Bue…

FLOREAL.– En serio, Atanor. Pero no una heladerita de morondanga. ¡No! Una de esas que tiene freezer.

ATANOR.– Las que le dan yelo gratis, digamos.

FLOREAL.– Esas de doble cuerpo.

ATANOR.– Gastan un montón.

FLOREAL.– Y, llevan dos motores. Bueno, entonces se abre la puerta y una luz genética le diría yo, inaugural, estalla ante los ojos. A una primera calma, como cuando uno ha apagado el televisor después de haber estado escuchando muy fuerte, vio.

ATANOR.– Me ha pasado eso, de apagar el televisor.

FLOREAL.– Bueno, a esa primera calma le sigue un desbarajuste de imágenes, un tiovivo de momentos vividos en un antes y después inexplicable y todo empieza a girar como en un ….

ATANOR.– Lavarropa.

FLOREAL.– ¿Cómo lo supo?

ATANOR.– ¡Y m´hijo! No quedaban más electrodomésticos. No me bardee todo por favor.

FLOREAL.– ¿Qué le pasa?

ATANOR.– Todo lo aéreo al pasar por su boca se pone chancletas y sale caminando.

FLOREAL.– Los sueños son suyos, lo mío es la realidad. Por eso, me voy. Prepárese para el sacrificio, que yo me voy.

ATANOR.– Y si me fuera con usted, digo..

FLOREAL.– ¡Sí!

ATANOR.– De qué viviríamos, dónde. No tenemos…

FLOREAL.– Algo de plata tengo.

ATANOR.– ¿De dónde sacó?

FLOREAL.– Eso no importa. Y también algunas cosas de oro.

ATANOR.– No me va a decir que…

FLOREAL.– Derretí los copones y las bacinillas.

ATANOR.– Pero es un delito.

FLOREAL.– Me cargué con la plata de las donaciones.

ATANOR.– Eso es ilegal.

FLOREAL.– Ilegal es andar… usted ya sabe lo que es ilegal. Además no se haga el santo.

ATANOR.– ¿Qué insinúa?

FLOREAL.– Evidencias.

ATANOR.– Ahora resulta que también afano, todo porque una vez le conté que había soñado que me robaba el copón litúrgico.

FLOREAL.– Tuve que ir yo a rescatarlo del empeño, se acuerda que una culpa lo pinchaba, lo pinchaba.

ATANOR.– No, eso fue cuando soñé que me robaba la platería del párroco, que un cuchillo me pinchaba, me pinchaba.

FLOREAL.– No, eso fue cuando usted se curró la aguja de oro que su santidad  regalo a los feligreses que le pinchaba, le pinchaba. Usted es un chorro hasta en estado hipnótico.

ATANOR.– Hipnotíceme, áteme a la máquina de la verdad, pégueme tres jeringazos de suero deschavador. El culo va silbar la polonesa antes de que mi lengua suelte una palabra.

FLOREAL.– Se da cuenta que me tengo que ir.

ATANOR.– Se da cuenta que no le puedo acompañar.

FLOREAL.– Es el final. Adiós.

ATANOR.– Se da cuenta que no lo puedo dejar ir. Se da cuenta que complicó todo, que arruinó todo por fregarse quien sabe con quién.

FLOREAL.– Eso no se lo voy a permitir.

ATANOR.– ¿Y cómo va a hacer para callarme?

FLOREAL.– Le voy a dar un trompis.

ATANOR.– Pégueme, pero para todo el viaje, porque si no… (Floreal le pega una  cachetada y lo desmaya).

FLOREAL.– ¡Atanor! ¡Atanor!

ATANOR.– El sueño… Es una mujer… sí, es una mujer. Pero hay muerte, hay sangre, hay vino.

FLOREAL.– Basta de eso, vamos Atanor.

ATANOR.– No, hermanito, todavía no.

FLOREAL.– No me queda mucho tiempo.

ATANOR.– Míreme los ojos, ve. Cambian con el color del tiempo.

FLOREAL.– Yo los veo siempre iguales.

ATANOR.– Sabe que de chiquito me decían que mis ojos cambiaban con el color del tiempo, y después en la adolescencia todas mis novias me decían que mis ojos cambiaban con el color del tiempo, y yo construí un castillo con esa consigna y viene usted  como siempre y me tira todo a la mierda en dos segundos.

FLOREAL.– Un castillo de arena.

ATANOR.– Pero un castillo.

FLOREAL.– Sueños…

ATANOR.– ¿Cuál era aquel que tanto le gustaba?

FLOREAL.– El de la riña de gallos en el púlpito.

ATANOR.– ¿Cómo se llamaba ese gallito valiente, el encarador?

FLOREAL.– No, no me acuerdo.

ATANOR.– Ese que tenía una espuelita dorada.

FLOREAL.– No, no sé.

ATANOR.– Uno que avanzaba llevándose todo por delante.

FLOREAL.– Lo cebarían, el rojo los pone iracundos.

ATANOR.– Mentira, era un gallito valiente, nadie se le ponía adelante, nadie le decía qué es lo que tenía que hacer ni a dónde tenía que mear. Y herido, se acuerda, con la patita mocha y el hocico pelado.

FLOREAL.– ¿El hocico?

ATANOR.– Igual que el galguito, destrozado hasta los huesos después de pelear con el ovejero, se plantó adelante del arma para que lo sacrificáramos. Qué entereza tienen para vivir con dignidad los que aceptan morir dignamente. Lo sacrificamos, se acuerda, sangraba el bruto.

FLOREAL.– Ese fue el caballo, que usted soñó que se le mancaba en la cuadrera.

ATANOR.– Otro bicho valiente, carajo. Tener ese valor, cómo quisiera morir…

FLOREAL.– La vida es sólo esperar.

ATANOR.– Igualmente. Y digo, ¿cómo lo sabe?

FLOREAL.– ¿Qué cosa?

ATANOR.– Que esa inflamación es una… una…

FLOREAL.– Una criatura.

ATANOR.– ¿Cómo lo sabe? Y si fuera un atracón, un asiento.

FLOREAL.– Hay cosas que las mujeres sabemos sin necesidad de muchas preguntas.

ATANOR.– Yo no estaría tan seguro, y menos acá adentro donde lo que parece… Pensar que todo nuestro problema es ese embarazo, esa cosa que aún no tiene nombre y que nos separa.

FLOREAL.– Ese no es el problema

ATANOR.– ¡Ah, no! Nunca hubiera tomado esa decisión sino fuera por esta visita inoportuna.

FLOREAL.– Es cierto, quizás nunca hubiera tomado esta decisión y sinceramente agradezco esta inevitable elección.

ATANOR.– Sacrifíquelo, sáqueselo de encima. Es muy sencillo, aquí mismo podríamos…

FLOREAL.– No voy a tirar la llave de la puerta.

ATANOR.– Tiene miedo.

FLOREAL.– Tengo miedo de no poder escapar más de este lugar. Si fuera otra situación seguramente me lo quitaría de encima, como usted dice.

ATANOR.– ¿Y si fuera yo el que lo hace?

FLOREAL.– La culpa, Atanor, la culpa lo perseguiría.

ATANOR.– ¿Culpa por matar algo que ni siquiera tiene nombre?

FLOREAL.– Ese es el error, tiene nombre. Se llama…

ATANOR.– No quiero saberlo, no me interesa seguir escuchando mentiras. No, no quiero saber como se llama. Pero venga, no grite, sabe que será peor.

(Comienza a perseguirla)

FLOREAL.– Ni se le ocurra ponerme una mano encima.

ATANOR.– Mire lo que tengo acá. (Hace como si sacase el estilete) La púa de su santidad. Sacro aborto. El angelito va al cielo.

FLOREAL.– Si se acerca más grito y todo estará terminado. El final es el final, no hay salvación.

ATANOR.– Así es. No hay salvación.

Suena el gong.

FLOREAL.– El sacrificio… Es hora de subir… (Encerrada)

ATANOR.– Primero nuestro sacrificio.

FLOREAL.– Está bien, pero antes quiero que brindemos. Es un rito.

Juegan con las manos como si fuesen las copas que contienen el vino y el veneno. Floreal toma la mano que supuestamente tiene vino. Va a tomar, Atanor la detiene

ATANOR.– De esa no. De esta otra.

FLOREAL.– Pero…

ATANOR.– Cambié los corchos, la otra garrafa es la envenenada.

Ahora Atanor está por tomar

FLOREAL.– No lo tome. Le mentí cuando le dije en que envase estaba el vino.

ATANOR.– (parece recordar algo) El sacrificio, Floreal, ahora  recuerdo… el vino… la sangre…

Atanor toma de la otra mano, se dobla, parece ser víctima del veneno. Pega un grito.

¿Por qué no me dejó morir? El veneno era vino, el hombre una mujer, Floreal, era una mujer la que me acariciaba… (Se ríe como un loco) Una mujer, Floreal, una mujer…

FLOREAL.– Por fin, Atanor, por fin lo recordó. Ahora podrá venir conmigo…

Suena el gong varias veces.

Oiga, están llamando para el sacrificio. Debemos escapar, antes que sea tarde. Vamos por favor.

ATANOR.–  El sacrificio…. una mujer… la sangre… el vino…

FLOREAL.– Es el momento, ahora o nunca.

Floreal lo enfrenta y comienza a desnudarse. Empieza el sacrificio

ATANOR.– Lo recuerdo todo, Floreal. Primero me acariciaba la frente, descendía suavemente hasta tomarme las manos…

FLOREAL.– No hay más tiempo, Atanor.

ATANOR.– Luego comenzaba a desnudarme muy lentamente, y cuando todo estaba listo…

FLOREAL.– Cuando todo estaba listo nos marchábamos.

ATANOR.– Cuando todo estaba listo… (Le clava la mano en el estómago) Le entraba a las carnes con tres puntazos. Y la veía despanzurrarse en su propia tinta.

Insistente el gong. Floreal cae muerta. Atanor la besa en los labios, su boca se mancha con la sangre. Mira hacia arriba, toma el veneno de la mano de Floreal

ATANOR.– (un suave escalofrío recorre su cuerpo) Hermano, ¿cómo era el nombre del angelito?… El del sueño, ese que nunca tuvimos… ¿Atanor?  ¿Sí? Como el gallito… ¿Sí? Qué hermoso es todo esto. Mi amor, ¿y esa luz?… ¿Quién abrió la heladera?

Cae sobre el cuerpo de Floreal.

TELÓN

 

 

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