El momento en el que Marán asumió la responsabilidad de dirigir el Auditorium, el escenario estaba lejos de ser el ideal: cambio de gobierno, protestas de empleados que denunciaban precarización laboral y una total incógnita en cuanto a la programación de la temporada.

“Hay momentos en la vida en los que, a pesar de la comodidad, hay que aceptar desafíos, que en este caso particular se situaban en una realidad bastante compleja. Yo no pertenezco a los partidos que gobiernan a nivel municipal, provincial ni nacional, así que mi compromiso es con la gente, con las bases, con los artistas de la ciudad y con la gente en general”, comienza a analizar Marán.

– En relación a este contexto… ¿Qué balance hacés de estos casi cinco meses de gestión?

– Cuando asumo tengo absoluto conocimiento de todo lo que está pasando. Y lo hago para tratar de sostener este lugar tan importante para la cultura de la ciudad. Yo no podía correr el cuerpo, hay momentos en la vida en los que uno tiene que decidirse por hacerse cargo de las cosas y en ese momento lo debía hacer. Por supuesto, planteando ciertas condiciones de entrada, apuntadas a que yo no iba a echar a nadie, no iba a tener el teatro cerrado y que había una deuda con los artistas que se debía pagar. Todo eso se cumplió. Así que a la luz de lo que yo evaluaba, el balance es positivo.

– Es un cargo que supiste ocupar entre 1998 y 1999… ¿Qué diferencias encontrás entre tu primera gestión y la actual?

– Es otro momento mío. En aquella oportunidad nunca había estado en gestión pública. Fue un acto de locura, porque yo no tenía la más pálida idea de dónde me metía. Creo que también hay épocas en la vida en las que uno tiene que hacer locuras y ese era el momento. Pero hay una similitud: siempre tuve objetivos e ideas claras. Nunca fui improvisado, de entrar y decir bueno, vamos a ver qué pasa. En aquel momento, este complejo teatral era utilizado en un 70% por gente marplatense durante todo el año. Pero eso no se condecía con la programación. Entonces, el objetivo fue meter a Mar del Plata dentro del teatro. Eso se logró y se crearon programas y actividades que apuntaban a cumplir ese objetivo. Ese fue el soporte mediante el cual después yo salté a la actividad pública de gestión.

Cumplido ese objetivo, con numerosas producciones marplatenses en cartel, la actualidad impone una lógica de expansión. En una entrevista brindada a pocos días de asumir como Director del Auditorium, Marcelo Marán señaló la necesidad de transformarlo en un polo cultural de la provincia.

“Este es un teatro provincial puesto en la ciudad de Mar del Plata. Así que ya desde el vamos, tiene una vocación y una obligación de servicio más expansivo. El Auditorium venía haciendo algunas actividades que tienen que ver con giras y demás que marcan un poco este camino. Nosotros continuamos con las giras y profundizamos otras herramientas que nos permiten llegar a la provincia”, cuenta al respecto.

– ¿Qué actividades que apuntan a esta expansión están programadas para el corto plazo?

Estamos viendo la posibilidad de realizar encuentros con distintas municipalidades y Directores de Cultura para crear situaciones de intercambio. Todo eso tiene cierta complejidad, porque puede resultar sencillo armar una grilla, pero lo dificultoso está en que la gente se acerque y participe. Estamos trabajando en eso. También se está diseñando para octubre un Festival Regional de Teatro, con la participación de varios municipios. Además, se presentó un proyecto para ver si se pueden generar giras más extensas en el tiempo, que no se reduzcan únicamente a la función y emprender el regreso automáticamente. La idea es generar la posibilidad de estar dos o tres días de gira en distintos pueblos de la provincia. Por ese lado estamos trabajando, creo yo, bastante bien y con velocidad.

Sin embargo, Marcelo Marán habla de otra punta que empieza a aparecer como objetivo: el riesgo. La intención –cuenta- es proponer un teatro que no sea únicamente para espectáculos, sino que también sea un espacio de investigación, de laboratorio, un espacio para que los jóvenes puedan acercarse e intentar cosas novedosas.

“El Estado tiene que ocuparse de aquello que excede a los privados o independientes y una de esas cosas es la experimentación, la vanguardia, las nuevas miradas, el arte en relación con la tecnología y la ciencia. En fin, todo ese tipo de temas los estamos empezando a desarrollar, trabajando en ellos. Ya hay varias acciones que estamos haciendo relacionadas a performance e intervenciones urbanas.

Cuando fue convocado por la Provincia de Buenos Aires para encabezar el Teatro Auditorium, Marcelo Marán cumplía funciones como Director del Centro de Arte RadioCity+Roxy+Melany. Una vez confirmado su ingreso en la esfera pública, decidió dar un paso al costado en su función privada. “Esta desvinculación es sólo una cuestión ética porque no podría estar en ambas direcciones”, manifestó en su momento Marán.

– ¿Qué nivel de compromiso social te despierta el hecho de haber pasado de lo privado a lo público?

– Altísimo. Primero, porque uno trabaja para la comunidad. Si uno olvida este primer concepto estamos en problemas. Y eso lamentablemente es algo que sucede a menudo. Muchas veces, la persona que trabaja en lo público queda pegada a nociones empresariales y demás. Es un eje totalmente distinto. Después, tiene que ver con lo que uno piensa de lo público. Si uno cree que debe beneficiar a pocos y no tiene una obligación social seguro que tampoco le importará tanto.

– O que para existir tiene que ser rentable…

– Exacto, ese sería otro de los grandes problemas que se vive y se escucha mucho. Yo adhiero totalmente a la idea de que la cultura es una inversión, no es un gasto. Todo lo que el Estado invierte en cultura es beneficioso y es una inversión a largo plazo. La mirada hacia lo social es permanente. Además, yo tengo una fuerte formación en la creencia de que la cultura es una de las herramientas más potentes para los cambios sociales. Tiene un poder transformador enorme. Teniendo en cuenta todo ésto, ese compromiso es aún más fuerte.

Marcelo Marán es un hombre de la cultura, militante del teatro independiente. Más allá de la función pública que actualmente desarrolla, no le es ajena la situación de riesgo que atraviesa la cultura pública en nuestra ciudad. Diferentes programas socio-culturales, que llegan a 10 mil ciudadanos a través de 300 actividades en 180 instituciones, están en riesgo.

– ¿Qué diagnóstico hacés de esta situación?

– Para mí es bastante contradictorio estar en un lugar público y ver lo que está pasando. Creo que hay mucha torpeza por el lado de la Municipalidad con respecto a ésto. Me parece que el problema no era tan grande como para no poder solucionarlo, pero ahí aparecen algunos temas que se reinciden eternamente en esta ciudad, como por ejemplo que el Secretario de Economía tenga más valor que el de Cultura. Esto es inadmisible. Es entendible que alguien deba comandar los gastos de la comunidad y decidir, de alguna manera, cómo se aplican estos gastos. Pero allí tiene que haber un trabajo mancomunado entre todos y con un Intendente que marque las pautas a seguir. Acá me parece que esto se desbordó. Hay un secretario de economía que cierra la llave con las excusas que le parecen. Yo, como Secretario de Cultura, no lo hubiera admitido ni dos minutos.

“Me parce vergonzoso que no se le pague a quien haya trabajado, sea un artista, un plomero o sea quién sea. Es una responsabilidad del Estado hacerlo. Y si, por cuestiones administrativas que son reales y conocidas por todos, esos pagos se dilatan, la situación tiene que estar planteada y aceptada de antemano”, dice Marán.

Trazando una importante diferencia con la gestión cultural del gobierno previo, Marcelo Marán dice que “se venía haciendo un trabajo muy importante en los barrios, eso no se puede dejar de lado. Una vez que se cancelen todas estas deudas, me parece que lo sano sería, a las claras de que creen que esos programas no son los adecuados, ver por cuáles se modifican manteniendo a la gente que venía trabajando”.

– ¿Cómo ves el escenario actual del teatro marplatense?

Lo veo muy bien, muy rico en cantidad. Creo que el trabajo que se vino haciendo durante mucho años, del cual formo parte como militante del teatro independiente, hizo que hoy tengamos esta variedad y cantidad de salas, de gente haciendo teatro. Quizá ahora sea necesario profundizar un poco, ya que hay tanto material, tratar de profesionalizar un poco a nuestros artistas, para que puedan dedicarle más tiempo y con más profesionalidad a lo que hacen, para lograr que ese sea su medio de vida. Habrá que trabajar con esa idea. Hoy hay mucha capacitación y nosotros colaboramos con eso, traemos directores de Buenos Aires, hacemos workshops… Así que ese trabajo se hace. Pero me parece que falta un poco, y nosotros vamos aportar desde nuestro espacio el hecho de arriesgase un poco más. A veces estos centros culturales han tenido que replegarse y, hasta te diría, municipalizarse en el afán de sostenerse, dejando de lado un poco la cuestión de la experimentación. Esto es parte de lo que implica sostener un espacio, que la verdad es muy complejo.

– Podés basarte en la experiencia propia para graficar esa complejidad…

– Sí, yo he tenido espacios independientes y sostenerlos es realmente muy complejo. Incluso, en algunas oportunidades, uno tiene que hacer cosas que no quisiera simplemente para poder sobrevivir al día a día. Me parece que este momento hay que apuntar a mejorar la calidad de los productos. Pero, de todos modos, estamos en un muy buen momento. Hay muchísimos espacios abiertos, con muchísima gente que se acerca al teatro independiente. Estamos muy bien. Me parece que hay una militancia importante desde ese lugar que va a ir creciendo a medida que pase el tiempo.

Marcelo Marán dice que existe una especie de vuelco hacia el teatro independiente. A la hora de analizar las causas, no se detiene exclusivamente en una cuestión económica. “Me parece que el teatro comercial entró en una crisis de ideas y contenido”.

– ¿Se volvió muy reiterativo?

– Sí, muy reiterativo. La gente hace un análisis entre lo que paga y lo que recibe y, evidentemente, ya no se sienten tan conformes al respecto. Y ahí empezaron a cruzarse a otros lugares, a tener otras experiencias y se dieron cuenta de que esas experiencias eran sensiblemente más importantes que las del teatro comercial. Creo que también, los teatros independientes dieron un plus que desde lo comercial no existe, en atención en servicio y en calidez.

Marcelo Marán cierra la charla recurriendo a un ejemplo gastronómico para clarificar ese valor agregado que el teatro independiente ofrece en relación al comercial. El primero sería algo así como una fonda familiar, atendida por sus dueños, con comida de calidad y del día. En cambio, en un gran restaurante te tiran el plato por la mesa y terminás pagando tres veces más. “No sé si me explico”, dice. La verdad que quedó clarísimo. Recurso acertadísimo. Una analogía que, a juicio de quien escribe, tiene mucho sentido.

“La intención es proponer un teatro que también sea un espacio de investigación”

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