FRANKENSTEIN VIVE

«

He buscado vanamente en la ciencia la fórmula de la inmortalidad, y no me di cuenta que estaba allí, en tus entrañas…

Oh, si nacieras inmortal hijo mío! Pero no importa, tus hijos y los hijos de tus hijos nos darán eternidad.

Vamos! Ven conmigo, abre tus húmedos pulmones al aire y llora…»

Marcelo Marán

FRANKESTEIN VIVE.

 

Versión libre de Marcelo Marán sobre  la novela de Mary Shelley

 

 

EL LUGAR ES UN AMBIENTE SATURADO POR EL OLOR A CARNE EN DESCOMPOSICION Y FORMOL.

EL ESPACIO ES UNA EXTRAÑA MEZCLA DE QUIROFANO, TALLER MECANICO Y LOCUTORIO. ESPECIALMENTE SE VEN UNAS CABINAS DE TELEFONOS PERO DE EXTRAÑA TEXTURA, SE ASEMEJAN A CAPARAZONES DE INSECTOS, LOS CABLES PARECEN PEGAJOSAS ANTENAS, LOS EQUIPOS ESTAN ARRANCADOS DE SUS SITIOS Y LOS ORIFICIOS SUPURAN UN LIQUIDO VISCOSO.

 

DE TODOS LADOS CUELGAN BOLSAS CON LIQUIDOS DE COLOR DONDE FLOTAN FORMAS ANATOMICAS IRRECONOCIBLES, SUMAMENTE  DESAGRADABLES, COMO PEDAZOS DE TEJIDOS U ORGANOS.

NO SE PODRIA DEFINIR EN QUE EPOCA OCURRE, POR MOMENTOS DIRIAMOS QUE ES LA EDAD MEDIA, POR MOMENTOS EL SIGLO XVIII, POR MOMENTOS EL FUTURO.

SE VEN TRES CAMILLAS A DISTINTAS ALTURAS.

SOBRE UNA DE ELLAS ESTA SENTADO VICTOR. TIENE UN GRAN LIBRO SOBRE LAS RODILLAS. PARECE DORMITAR. SOBRE LAS OTRAS CAMILLAS HAY DOS CUERPOS TAPADOS, EN UN PRINCIPIO PARECEN SER CADAVERES.

 

SOBRE EL FONDO SE TAMBALEA LA FIGURA DE UN AHORCADO.

AHORCADO: Sangre maldita… no tendrás paz… ni tu, ni tus hijos ni los hijos de tus hijos…

DE VEZ EN CUANDO SUENA ALGUN TELEFONO Y SE ESCUCHA LA  VOZ DE UNA CINTA GRABADA.

DESAPARECE LA IMAGEN DEL AHORCADO.

 

EL CORO: Y ahora que harás, robarás el atributo de los dioses y se lo darás a esos seres de un día. Quiénes son los mortales para aliviar tus penas siquiera un poco. Ellos no podrán devolverte nada.

 

VICTOR:  DESPIERTA. RECUERDA ALGO. BUSCA EN EL LIBRO Y LEE AL TIEMPO QUE EL CUERPO QUE ESTA EN UNA DE LAS CAMILLAS COMIENZA A MOVERSE E INCORPORARSE. EN REALIDAD  ES  ELIZABETH, ESTA EMBARAZADA, Y SECA SU PELO CON LA SABANA, QUIZAS DESPUES DE UN BAÑO.

 

“No hay creación para nada de lo que es perecedero, ni tampoco desaparición en la funesta muerte, sino que solamente existe mezcla y modificación de lo mezclado, porque la palabra creación a este propósito es sólo una denominación dada por los hombres… “

 

ELIZABETH:

 

La gitana no quiso leerme las manos…

 

VICTOR:

Me asustaste, Elízabeth.

 

ELIZABETH:

Me dijo: la hermosa dama, huele a muerte… Y corrió…

 

VICTOR:

No tendrías que andar entre gitanos.

 

ELIZABETH:

Me quedé un instante mirando la mano, la lleve hasta la nariz, la olí…

 

VICTOR:

Son los nervios…

Pronto todo estará bien…

 

ELIZABETH:

Tún, tún, quién anda

un ángel

qué busca

una flor

qué flor

un clavel…

 

VICTOR:

He decidido abandonar mi trabajo. Este nacimiento le quita sentido a tanta búsqueda desesperada…

 

ELIZABETH:

Papá lo cantaba cuando era niña y su nariz terminaba metida en mi ombligo y respiraba profundo…  Snifff! Una flor, un clavel…

 

VICTOR:

Voy a volver a la universidad… Ya verás, todo será distinto…

 

ELIZABETH:

Ya no huelo a clavel… Soy o no soy joven, Víctor…

 

SU BLANCA DESNUDEZ ENVUELTA EN LA TELA BLANCA ES DE UNA PUREZA EXTRAORDINARIA EN CONTRAPOSICIÓN AL ENTORNO DONDE TODO PARECE SER PROVOCADOR DE INFECCIONES, COMO UNA SALA DE OPERACIONES SEPTICA.

 

VICTOR:

Qué importa eso.

 

ELIZABETH:

CAMINANDO SOBRE LOS PAPELES DE VICTOR QUE CUBREN TODO EL LUGAR

Entonces tampoco importa esto.

TOMA UNA BOLSA QUE CONTIENE ALGUN MIEMBRO HUMANO EN FORMOL ANTE EL DISGUSTO DE VICTOR

Qué clase de monstruo es éste?

VICTOR:

Dame eso, se te puede caer…

ELIZABETH:

Parece un embrión muerto.

VICTOR:

Es un músculo en formol…

ELIZABETH:

No! Es un niño flotando en su propia muerte…

VICTOR: SE ABALANZA VIOLENTO Y LE QUITA EL FRASCO

Son mis frascos…

ELIZABETH: LLEVA LA MANO A SU VIENTRE

Cuidás más tus frascos que mis frascos, preferís tus líquidos muertos, tus tumbas de vidrio…

VICTOR:

Ya no… De ahora en adelante nuestro hijo será todo… Basta de humo de adormidera, basta de alcohol, basta de muerte…

Te amo tanto…

SUENA TERRIBLE UN TELEFONO

ELLA SE QUIEBRA CON UN FUERTE DOLOR

VICTOR:

Qué pasa amor mío…

ELIZABETH:

Contracciones… Unas se suceden tras otras… como latigazos… Siento un dolor enorme…

VICTOR:

Creo que es el momento… Al fin volveremos a hablar de la vida…

Nuestro hijo…

UN TRUENO ESTALLA Y LA LUZ DEL RELAMPAGO CORTA EL AIRE

ELIZABETH:

No es un buen día…

VICTOR:

Han pronosticado tormenta! Pero eso qué puede importar si él llega protegido por tu cuerpo.

ELIZABETH:

Le temo a los relámpagos.

VICTOR:

Sin embargo tienen algo de divino.

ELIZABETH:

Son cosas del diablo. Explosiones del infierno…

Cuando chicos…

EL DOLOR LA DOBLA NUEVAMENTE. EL LA LLEVA A RECOSTAR EN UNA CAMILLA. ELLA SUFRE MIENTRAS LA REVISA

VICTOR:

Ya no somos chicos.

ELIZABETH:

Me confundo, Víctor…

VICTOR:

El humo te confunde.

ELIZABETH:

No sé si te amé primero como hermano…

VICTOR:

Siempre te sentí ante todo mujer.

ELIZABETH:

Después fuiste hombre

VICTOR:

Junto al árbol del ahorcado, en una noche de relámpagos…

ELIZABETH:

Me desnudaste lentamente… Yo era tu hermana.

VICTOR:

No.

ELIZABETH:

Si, de otro padre, de otra madre… pero era tu hermana.

VICTOR:

Hermanos son de sangre.

ELIZABETH:

Hermanos son de vida… Crecí con los tuyos, a ellos les dije papá, mamá…

VICTOR:

Nada hay de incestuoso… Somos de distinta carne.

ELIZABETH:

Y el ahorcado

VICTOR:

Quizás el miedo por aquella presencia nos llevó a amarnos.

ELIZABETH:

Siempre estuvo la muerte en el medio… Tu madre…

VICTOR:

No hables de ella

ELIZABETH:

Tu padre, con sus caricias. El no era mi padre y sin embargo… Cómo amaba sus caricias.

VICTOR:

Y el ahorcado

ELIZABETH:

Sobre el pasto, fue la primera vez.

VICTOR:

La primera vez de los dos.

ELIZABETH:

Decirte hermano, después fue besar en la boca al demonio, un ángel tan hermoso pero tan malo. Reírnos a escondidas de las confesiones de los mutuos amantes…

VICTOR:

Eran risas repletas de celos

ELIZABETH:

Repletas de odio.

VICTOR:

Fue un juego, por suerte su final es feliz.

ELIZABETH:

No dejes la investigación. Es extraño pero te amo tanto cuando te veo trabajar entre tanta podredumbre… Todo este tiempo he vivido sólo para ayudarte…

VICTOR:

Ahora debemos ayudar a nuestro bebe… Es necesario socorrerlo…

ELIZABETH:

Pero, no quiero que lo toques.

VICTOR:

Elizabeth!

ELIZABETH:

Estuviste demasiado tiempo jugando con cadáveres…

No me preguntes por qué! Por favor, llamá a otro médico…

VICTOR:

No hay tiempo…

ELIZABETH:

Víctor, me siento rara… Ayer soñé que mis dos brazos morían y me nacían alas…

VICTOR: PARECE SER ILUMINADO POR UNA IDEA. SE DIRIGE AL LIBRO QUE ESTABA LEYENDO

“Seres pueriles! Porque no piensan profundamente quienes creen con firmeza que puede nacer lo que no existía o que las cosas perecen por entero, destruyéndose completamente…”

SUENA TERRIBLE EL TELEFONO, PERO  EL NO DEJA QUE ELLA LO ATIENDA. Y  LA LLEVA HACIA LA MESA DE OPERACIONES

ELLA SE DEJA LLEVAR

TODO ES BASTANTE CAÓTICO

ELIZABETH:

Cómo lo llamaremos…

VICTOR:

Frankenstein…

ELIZABETH:

Frankenstein… Suena terrible.

VICTOR:

Es mi apellido… y el de nuestro hijo…

ELIZABETH:

Ese nombre, suena terrible. Frankenstein.

VICTOR:

Antes no decías lo mismo.

LE APLICA UNA INYECCION, COMIENZA A DORMIRSE

ELIZABETH:

Antes, Dios, había luz. Voy hacia un camino negro.

COMIENZA DOMIRSE

VICTOR:

Duerme amor mío, que yo ayudaré a salir de tu vientre a aquel que será venganza de tantas horas de angustia.

ELIZABETH:

Algo se mueve en la penumbra. Dios está allí y lo rodean alas negras. Son hermosos pero no son ángeles… Cómo puede la belleza engalanar a la maldad  con tan delicado adorno…

SE DUERME

VICTOR:

He buscado vanamente en la ciencia la fórmula de la inmortalidad, y no me di cuenta que estaba allí, en tus entrañas…

Oh, si nacieras inmortal hijo mío! Pero no importa, tus hijos y los hijos de tus hijos nos darán eternidad.

Vamos! Ven conmigo, abre tus húmedos pulmones al aire y llora…

COMIENZA A PERCATARSE DE ALGO

EL CORO:

Pero que ocurre. Una sombra se mueve en su vientre.

Cuidado! La fatalidad tiene fino estilete y lo clava allí donde más duele…

 

VICTOR: Oh no maldita ladrona! No te lo llevarás a él también… Ya he pagado, las cosas más queridas se han muerto en mis manos… Ya he pagado…

7

EL CORO: Es débil el aire que sostiene sus pequeños pulmones…

 

VICTOR: Por Dios! Será posible que estas manos no puedan nunca dar vida…

Respira! Por lo que más quieras, respira!…

SE SEPARA IMPOTENTE DE LA CAMILLA

 

Todo estaba hecho y se fue… Alguien más poderoso te llevó…

Angel mío, pequeña luz, gota de miel por qué tendrás que pagar por mis pecados…

Pero dónde esta la razón de Dios tan ingrato!

Qué prueba de poder es arrastrar a la muerte a inválidos, viejos y niños!…

La más bella de tus creaciones no vale nada ante este acto de estúpida demostración de fuerza… Vanidad con vanidad se paga…

Si no puede ser ángel, será al menos demonio, pero vivirá en este reino, que el de los cielos esta gobernado por algún loco…

CORRE HACIA LA CAMILLA Y COMIENZA A TRABAJAR EN AMBOS CUERPOS

 

EL CORO: Maldita boca! Esa lengua no tiene censura y dice cosas que nadie maneja. Así le ha ido.

 

VICTOR: Pero es tarde para llorar. Ultima lágrima para mi niñito muerto.

ESTALLA UN TRUENO TERRIBLE. SE ILUMINA EL LIBRO Y LA CAMILLA DONDE ESTA EL OTRO CUERPO.

VICTOR PARECE RECORDAR ALGO

“Seres pueriles! Porque no piensan profundamente quienes creen con firmeza que puede nacer lo que no existía o que las cosas perecen por entero, destruyéndose completamente…”

LO DICE DESTRUYENDO TODO A SU PASO

Hijo mío: De dónde procede el principio de la vida?

Oscura pregunta! Para examinar las causas de ella me fue preciso estudiar antes la muerte… El marchitamiento y la corrupción del cuerpo humano…

Permanecí días enteros en panteones y osarios y comprobé cómo la belleza del hombre y su armonía se descomponían hasta convertirse en deshechos despreciables; observé como el rojo color de las mejillas era sustituido por la coloración pálida de la muerte; y cómo un simple gusano se alimentaba de las maravillas que son los ojos y el cerebro… También supe que lo más amado puede de un momento a otro provocarnos un miedo atroz…

HA IDO COLOCANDO UNA CAMILLA JUNTO A LA OTRA

Cuerpo muerto… cuerpo vivo… Entrañas de madre… Madre de mis entrañas, elixir de la vida, razón primera voy hacia ti…

Qué pecado más profundo dar la vida…

EXPLOSIONES EN EL LABORATORIO

 

SUENAN LOS TELEFONOS, SALTAN DE LAS HORQUILLAS, GRITAN COMO UN CORO POSMODERNO

EL CORO: Qué haces insensato! Es que nada te detiene!

VICTOR: No soy yo, es la mano de alguien superior, quién puede detenerla?

Me ha sido dado descubrir el débil hilo que cose la muerte con la vida, y por más que me niegue, en círculos camino y me vuelvo a hallar frente a mi oscura pasión.

EL CORO: Sólo desgracias puede traer semejante poder.

VICTOR: Lo prometí a mi madre en su lecho de muerte mientras jugaba con su pubis marchito… Y aquí confirmo el juramento…

EL CORO: Todo suena en ti escandaloso… Es que no conocerás límites?

VICTOR: La amaba hasta lo indecible… Era amor de hijo…

EL CORO: Hijo del demonio. Deberíamos mostrar tu rostro en las pantallas para que todo el mundo te escupa. Bestia impúdica.

VICTOR: La amé, sí… sin límites, con amor de niño, que es más fuerte y más voraz que el amor de viejo… Era la vida y se la llevaron…

Después amé como hombre con amor de padre… Es la vida y se lo llevan…  Qué pecado es querer detener la mano huesuda que lo corrompe todo?

EL CORO: Todos conocemos ese dolor.

VICTOR: No, no todos, si fuera así se arrancarían los ojos, se lanzarían al río, se prenderían fuego y sólo los veo gemir en los velatorios…

EL CORO: Y ahora que harás, robarás el atributo de los dioses y se lo darás a esos seres de un día. Quiénes son los mortales para aliviar tus penas siquiera un poco. Ellos no podrán devolverte nada.

VICTOR: Basta! Cobardes!

EL CORO: Toma del vientre de la mujer al nonato y lo sepulta en el cadáver descuartizado… No hay ofensa más grande a la vida…

QUITA ALGO DEL CUERPO DE ELLA Y LO COLOCA EN EL DEL CRIATURA

VICTOR: No hay ritual más vivo que esta muerte.

Por si solo no hubiera vivido jamás.

EL CORO: Cómo no dudar?

VICTOR: Ya la guadaña feroz lo había segado cuando tomé la luz del último instante de su chispa divina.

Sabe el cielo que es así…

DUDA

No?

EL CORO: Vamos, no debemos ser testigos de tanta furia… No dormirás, no tomarás descanso  ya jamás por haber desafiado a los dioses.

MANIPULANDO PALANCAS Y MAQUINAS ESTALLA UN RELAMPAGO

VICTOR:  Vive!…  Vive!…  Algo de él, al menos, vive…

Mañana nos preguntaremos porqué… Hoy vive!

Que la duda no venga ahora con su rostro lastimero a dar pena, no lo soportaría.

Oh mujer amada, si supieras el destino de tu fruto… Debería haberlo dejado morir ? Debería haberlo enterrado en un cajoncito blanco, y llorado una vida entera…?

Pero no, fui más allá y recuperé al menos su alma, su espíritu, su energía… Algo de él…

Madre, donde quiera que estés, perdóname…

Angelito del demonio, el más bello, el más hermoso… perdóname…

Mujer, dueña mía,  perdóname…

Criatura nacida de mis manos, perdóname…

Vive! Dios…. Vive!

Nadie lo sabrá. He descubierto el silencio. A nadie le diré la nueva verdad.

No sabrá jamás que por su sangre corre la tuya… Es mi bello pecado…

La humanidad necesita para progresar de esta suerte de maldades…

No lo sabrás, pero al conjuro de tu nombre algo incestuoso moverá el corazón de la criatura…

Es el avance más grande de la ciencia, que alguien me perdone…

ESTALLIDO DE RELAMPAGO  QUE DAN POR TIERRA CON VICTOR

LLUEVE TERIBLEMENTE, LOS RELAMPAGOS ILUMINAN UNA FIGURA QUE SE LEVANTA. TODO OCURRE EN UNA SEMIPENUMBRA QUE IMPIDE VER CON CLARIDAD A LA CRIATURA

 

EL CORO: Nadie se atreva a cambiar de canal, no hay protección para menores. Miremos todos, lo hecho y sus razones. Salgamos a la calle a preguntarle al hombre común qué piensa de semejantes sucesos.

Sobre el difuso filo de la vida y la muerte, aún antes que el corazón haya detenido sus latidos, y echando mano a oscuras ciencias toma el hálito vital de su hijo para dar vida a un ser monstruoso, construido con pedazos de distintos cadáveres.

Que las putas y los pederastas nos den cuenta de tamaño hallazgo, que algún peluquero o algún rabdomante nos den detalles de esta nueva ciencia… Nadie se atreva a cambiar de canal…

 

CRIATURA:  NO SE LO DISTINGUE AUN, ES QUIZÁS UNA SOMBRA. CON DIFICULTADES PARA RESPIRAR. DELIRA.

EMITE SONIDOS GUTURALES.

EL CORO: Mirenlo moverse entre las sombras. A ellas seguramente estará condenado…

CRIATURA:  PARECE ESCUCHAR Y POCO A POCO LOS RUIDOS QUE EMITE SE ASEMEJAN A UN IDIOMA

EL CORO: Presten mucha atención, este ser es maravilloso… No debemos pensarlo como un humano. Se desarrolla a velocidades increibles. Recién nacido, porque eso es, hace proezas que al hombre común le cuestan años de aprendizaje.

CRIATURA: HABLA SIN ENCONTRAR  UNA FONACION CORRECTA

No es sangre verdadera la del hombre muerto…

EL CORO:

Habla! Santo cielo! Habla! Lo dicho… No sólo le es dado el movimiento de los animales sino que también se le ha otorgado el habla… la misma que distingue al hombre de la bestia…Y en tan sólo segundos ya forma oraciones y estructuras… Cuanto daño mayor hará el espécimen parlante… Pero silencio, escuchemos su discurso…

CRIATURA: PARECEN QUERER IMPONERSE OTRAS VOCES

Seis gatos en la vereda es un número… Tres por cinco… acordate de colgar los gabanes, van de mayor a menor por un número que se escapa del cuello… La sangre no es verdadera, el muerto de pasión pelicular, película peculiar especular…

EL CORO:

Oh! Cada una de sus partes quiere imponer su palabra… Habla su lengua y sus manos y su médula… Habla por todos y cada uno de sus órganos… Desconoce la unidad que la creación divina tiene por dogma. Es un caos… un magma de identidades que pelean por adueñarse de un cuerpo increíblemente fuerte pero decididamente imperfecto…

CRIATURA: SE LLEVA LAS COSAS POR DELANTE. LANZA ALGO CONTRA LOS TELEFONOS, ESTOS SE DESCONECTAN. TOMA POR FIN PRIVILEGIO UNA VOZ SIN DEJAR DE APARECER DE PRONTO OTRAS.

ELIZABETH: AUN BAJO LOS EFECTOS DE LAS DROGAS

Buen humo tenía esa adormidera… Todo cae lentamente, el corazón se enfría… Quiero más…

LA CRIATURA INTRIGADA  ACERCA SU MANO PARA TOCARLA

ELIZABETH: HUELE

Puedo reconocer los olores con más profundidad…

Qué raro… mi sangre y la muerte…

Mi hijo… Dónde está… Aquí sólo el vacío, me ha quedado un hueco…  APENAS VE A LA CRIATURA  SE RIE

De donde escapó ese ser menstruado… Es mi hijo pagano…

Opio maldito, qué juego es este. Cómo puede el humo materializar monstruos tan desagradables cuando la realidad tendría que mostrar a una bella y rosada criatura.  Quiero ver a mi verdadero hijo.

CRIATURA:  ENCEGUECIDO

Y el hombre sacó un arma y disparó sobre el otro.

ELIZABETH:

Habla! La pesadilla habla…

CRIATURA:

Pero no era una muerte real… Todo era en blanco y negro, y en infinitos puntitos grises… La sangre era gris y no salía del cuadro…

ELIZABETH:

Mentira! La sangre comienza roja y termina en un arco iris que estalla… Fuma, una pipa y sabrás la verdad…

CRIATURA:

El humo era gris…

ELIZABETH:

…y era rosa y era lapizlázuli y era ámbar…

CRIATURA:

No era verdad… pero no era mentira… Las figuras planas… sin volumen pero con volumen…

ELIZABETH:

Fuera bestia…

MUY DOLORIDA APENAS SE PUEDE INCORPORAR. LE LANZA COSAS A LA CRIATURA

Dónde está mi hijo… Acaso te lo comiste…

CRIATURA:

Sangre gris…

ELIZABETH:

Y el semen… gris…

Quiero a mi hijo, Víctor… Dónde está mi hijo…

ESTALLIDO TERRIBLE DE UN RAYO. LA CRIATURA SE ASUSTA  Y SE ESCONDE

Víctor! …

VICTOR: LEVANTANDOSE

Dónde está?

ELIZABETH:

Quién? El monstruo del humo? En mi cabeza, voló de mi cabeza… Armame otra pipa…

VICTOR: BUSCANDOPOR TODOS LADOS

Tenés que descansar…

ELIZABETH:

Quiero ver a ese niño maleducado que no llora.

VICTOR:

No llora…

ELIZABETH:

Ríe?

VICTOR:

No ríe…

ELIZABETH:

Al menos sus ojos tendrán el resplandor taciturno que brillaba en la mirada de su abuela.

VICTOR:

Ya no ve.

ELIZABETH:

Tus manos…

SILENCIO

VICTOR:

Hice todo lo que pude…

ELIZABETH:

Siempre es poco. Demasiado tiempo entre cadáveres, qué otra cosa que muerte pude nacer de este lugar.

VICTOR:

Todo fue inútil. Intenté por todos los medios sostenerlo pero no pude. Su vocación era otra. Destino de ángel.

ELIZABETH:

Prefiero un diablo vivo que un angelito muerto.

VICTOR:

No confundamos las cosas, así es la vida.

ELIZABETH:

Así es la muerte.

Creo que voy a dormir o a morir… Después me contarás… habrá tiempo para los festejos y para nuestra boda… Hermano, te amo…

VICTOR:

Duerme… duerme… Amada mía…

ELIZABETH:

Dios… dime que es un hermoso niño.

VICTOR LE ACERCA UNA PIPA

Ah! Si, la diosa del sueño. Venga a mi señora, usted no miente. Dígame la verdad, cuando ríe el pequeñín tiene estos hoyitos…

Respiren pulmones el humo por aquellos pulmones que ya no respiran…

Dime al menos que tanto olor a muerte ha servido para algo…

Tus manos… porqué lo hiciste?

ELLA SE DUERME

VICTOR:

No escuches amada mía, creo que he conseguido que los órganos tomados por la muerte recuperen su alma…

Pero él huyó, extrañas cosas deberemos hacer…

CRIATURA: DESDE ABAJO DE LA CAMILLA. CUANDO SE INCORPORA SOLO ES UNA SOMBRA

Eso pasaba!

VICTOR:

Oh! No es posible…

CRIATURA:

Eso pasaba…

VICTOR:

Es el milagro más triste que conozco…

CRIATURA:  LA CRIATURA SE INCORPORA.

VICTOR:

Atrás… No soporto su mirada… Es bello, pero sus ojos vidriosos hielan la sangre… Cómo puede la belleza engalanar a la maldad  con tan delicado adorno…

Milagro del diablo…

CRIATURA:

APASIONADO

Un milagro…

VICTOR:

Puede hablar…

CRIATURA:

El hombre le disparó, ella cayó al piso… bañada en sangre gris… Pero no estaba muerta, porque al tiempo se levantó y el hombre volvió a matarla… y nuevamente la sangre gris…

VICTOR:

SE ALEJA TEMEROSO

Debo tomar nota de todo… es increíble…

COMIENZA A HABLAR A TRAVES DE UN MICROFONO QUE AMPLIFICA SU VOS Y QUE INTIMIDA A LA CRIATURA

CRIATURA:

Es increíble…

VICTOR:

Su discurso no es lógico, es posible que este dañado su cerebro o que el órgano pertenezca a algún idiota. Bien sé que su alma es pura,  pero todo lo demás…?

No tenés ni idea qué sos?

CRIATURA:

Qué soy?…

VICTOR:

Quién sos?

CRIATURA:

Quién soy?

VICTOR:

Cómo explicar su llegada sin levantar sospechas…

Es tan raro… Tan distinto…

CRIATURA:

Distinta y la mataron…

VICTOR:

El crimen parece ser su obsesión …

No podría afirmar que el material que he utilizado para crearlo no fuese de algún asesino, ya que los osarios de donde extraje los cadáveres están junto al patíbulo de los homicidas irrecuperables.

Es como un barco que arriba de otras tierras a la conquista… Nuevo Colón para nuevas eras, pero a diferencia del otro dentro suyo trae todas las extranjerías… Hombre múltiple, tallado en innúmeras maderas. Siendo uno es otros…

CRIATURA:

QUIERE TOMAR EL MICROFONO

El otro…

HABLA EN UN IDIOMA IRRECONOCIBLE

VICTOR:

SIEMPRE SIN ACERCARSE MUCHO

El Otro?…

Debería colocarle cepos, amarrarlo. Siendo de suyo natural el odio sería preferible tenerlo atado. No soporto su mirada.

Ni siquiera sé como me domino y no salgo a la calle despavorido…

El Otro… Eso diré que eres un amigo que vino de muy lejos y esta gravemente enfermo…

Pasamos juntos la época de la guerra… Ya sabés… las balas, las trincheras, los cadáveres, la sangre…

CRIATURA:

La sangre gris…

VICTOR:

Heridas de guerra surcan tu cuerpo…

CRIATURA:

Heridas…

VICTOR:

La locura se instaló en tu cabeza y almuerza con tus ideas… No importa cuantos disparates hagas y digas, la demencia es un saco que va bien a cualquiera.

CRIATURA:

LOGRA QUITARLE EL MICROFONO.

MOMENTO DE TENSION.

VICTOR: CON TERROR PERO CON DUREZA

EXTIENDE LA MANO PARA QUE LE DEVUELVA EL MICROFONO

Yo soy  Víctor Frankenstein… Tu amo, tengo un arma y si es necesario la voy  a usar. Aunque con un sólo tiro destruya la prueba de mi éxito. No me dañaras, ni la dañaras a ella y hasta que concluya con todos los estudios nadie debe saber que estas aquí…

CRIATURA: POR EL MICROFONO.

Frankenstein…

SE ASUSTA DE SU PROPIA VOZ Y LE TIRA EL MICROFONO A VICTOR. ESTE SALE A BUSCAR EL ARMA.

SUENA UN TELEFONO

NO  SABE DE DONDE VIENE EL RUIDO

ELIZABETH SE VA DESPERTANDO

VOZ DEL TELEFONO:

Hola! Hola!

CRIATURA:

Hola…

ELIZABETH: SE INCORPORA VIOLENTA Y LE QUITA EL TELEFONO CORTANDO INMEDIATAMENTE

Quién es ud?… Qué hace acá? Porque carajo contesta el teléfono?…

VICTOR: LLEGA ARRASTRANDO UNA CAMILLA. Y EL ARMA. SE INTERPONE ENTRE ELIZABETH Y LA CRIATURA. LO AYUDA A ACOSTARSE.

Es mi amigo… Enrique…

ELIZABETH:

Enrique…?

CRIATURA:

Enrique.

ELIZABETH:

No parece muy amigable que digamos…

AL INCORPORARSE EL DOLOR LE RECUERDA ALGO

Dónde está mi hijo…

VICTOR:

Oh, tendrás que perdonarla Enrique, está muy nerviosa… Estos días han sido muy duros para nosotros… Ya te contaré…

ELIZABETH:

Dónde mierda está mi hijo!

VICTOR:

Días duros amigo y ella no está  nada bien…

ELIZABETH:

Murió… Tus manos… Inservible, todo este tiempo jugando con tus cadáveres… Tendrías que haber llamado a un médico…

LLORA. DE PRONTO

Quiero verlo! Quiero ver el cuerpo de mi hijo muerto!

VICTOR:

Eso no… no es posible… Por favor, después lo hablamos…

ELIZABETH:

Una mierda después lo hablamos…

Váyase, Enrique o como se llame…

LLORA DESESPERADA

VICTOR:

Enrique se queda. No pude hacer nada…

ELIZABETH:

Nunca podés hacer nada… Todo lo que tocás se muere… Váyase, muy agradable su visita, pero váyase, la muerte ronda esta casa…

VICTOR:

Es necesario que se quede, esta enfermo…

ELIZABETH:

Y además enfermo…

Todo aquí se muere….

TIENE UN ATAQUE DE LLANTO

Fuera… no quiero verlo… Quiero a mi hijo…

VICTOR:

Lamentablemente es un día terrible para nosotros. Y en especial para ella. Se ha ido lo más amado, el que sería nuestro hijo… Perdoname, mujer… Pero dispuse del pequeño cuerpo… Ya lo enterré… Con estas manos, las mismas que apresuran la muerte y que hoy tanto odias, sin ayuda de utensilio alguno perforé la tierra, hice un hueco profundo sin saber si cavaba en el barro, en la roca o en el fuego…

ELIZABETH:

Hubiera preferido verlo, hubiera querido saber cuanto pesaba… Esas cosas que dicen saber las madres…

TRANSICION

Hubiera amado tanto un hijo tuyo…

VICTOR:

Lo sé… Amor, lo sé… Me gustaría decirte que vive, que está junto a nosotros…

ELIZABETH:

Quiero fumar… Fumar… fumar… fumar… ahogarme al fin en un humo espeso…

CRIATURA:

Y gris…

SE MIRAN ELLA PARECE DESMAYARSE

VICTOR:

Elizabeth.

CRIATURA: POR PRIMERA VEZ SE LO VE. PARECE UN SER INSIGNIFICANTE, VA VESTIDO CON TOTAL NORMALIDAD EN CONTRAPOSICIÓN A LA VESTIMENTA Y TOCADOS DE ELIZABETH Y VICTOR . LA PARTE DE SU ROSTRO VISIBLE LO MUESTRA TOTALMENTE CONMOVIDO

Elizabeth!!!

SALTAN LAS HORQUILLAS

EL CORO: Quién entiende las cosas de los hombres?

Mírenlos allí, patéticos, desesperados.

Guarden a los niños, que no miren esto o mejor que lo miren, al fin y al cabo no mostramos otra cosa que la realidad.

VA DISMINUYENDO EL VOLUMEN HASTA PERDERSE

 

EL TIEMPO PASA. ESTA MARCADO POR EL TRANSITO DE CAMILLAS. VAN DE UN LADO A OTRO. LOS PERSONAJES PASAN EN DISTINTAS POSICIONES.

EN LA ULTIMA DE ELLAS VICTOR ARRASTRA LA CAMILLA CON ELIZABETH SENTADA JUNTO AL CRIATURA

 

 

ELIZABETH:

Es tan agradable… y divertido… Todo parece ser la primera vez para él… Como si hubiera nacido ayer…

Dígale, Enrique, qué piensa del mundo.

ENRIQUE:

Muchos tonos de gris en un mar titilante.

ELIZABETH:

No es fascinante?

VICTOR:

Fascinante. Pero ahora necesito que salgas, tengo que revisarlo. No te olvides que está enfermo.

ELIZABETH:

Enfermo? Su cuerpo tiene una fuerza poderosa.

Basta con acercarse a él para saberlo. Ya esta bien de muestras de sangre y de orina, de palpamientos y análisis…

Ningún remedio tuyo hace falta. La vida, eso sí, vivir la vida… Un poco de sol, de diversión…

VICTOR:

Yo soy el médico…

ELIZABETH:
Perdón, Sr. Frankenstein.

VICTOR:

Doctor Frankenstein!

ELIZABETH:

Los doctores se reciben en las universidades, que yo sepa.

VICTOR:

Qué sabés!

ELIZABETH:

Ni título ni nada. Ahí va el gran candidato!

VICTOR:

Eso buscabas…

ELIZABETH:

Si! Porque todo lo demás lo tendría igual, con uno o con otro.

Todos sudan en una cama. Pero título, título…

VICTOR:

Tengo mi título…

ELIZABETH:

SIN QUE EL LA PUEDA ESCUCHAR

Taxidermista, necrófilo, loco…

VICTOR:

Mi título no admite trabas, no mariconea, en un mundo que no da treguas mi título me habilita a todo…

Tengo el beneplácito de los ángeles…

SUENA  ESTRIDENTE EL TELEFONO

EL CORO:

Aztaroth, satán, Luzbel.

ELIZABETH:

Tenés el título que da la frustración,  la decadencia…

Dónde está ese gran descubrimiento que llenó de cadáveres esta casa, que infectó de muerte este lugar… Nada! Delirios de un idiota.

VICTOR:

He hecho las peores cosas por tu culpa… Me he humillado, me he prostituido, me he vendido…

ELIZABETH:

TRANSICION

Oh amor mío! Cómo puedo ser tan cruel. Esta boca mía miente, te amo, más allá de todo, te amo… Aún no me recupero de lo perdido, si al menos lo hubiera visto…

VICTOR:

No tenía elección, estaba en juego tu vida.

ELIZABETH:

Me hubieras dejado morir, te hubieras abierto las venas y nos hubieras dado tu vida. Te hubieras muerto…

VICTOR LA VA A GOLPEAR. LA CRIATURA LO DETIENE

ELIZABETH :

Perdón, amor mío, no me siento bien.

Enrique, lo dejo con el Doctor Frankestain… que Dios nos ayude.

SALE

VICTOR: AUN SU PUÑO ES SOSTENIDO POR LA CRIATURA

VICTOR LEVANTA LA MANO ESCONDIDA QUE TENIA EL ARMA, LO APUNTA

Soltame

CRIATURA:

El comenzó a golpearla y todo terminó en aquella sangre gris.

VICTOR:

Sólo recuerdos en blanco y negro… Algo funcionó mal… Pero más allá de eso, el hecho en si tiene espuma de eternidad…

CRIATURA:

Qué soy, Víctor…

VICTOR:

Un hombre.

CRIATURA:

No, sé que no soy igual a los demás… Hay algo malo en mi…

VICTOR:

Malo?

CRIATURA:

Si, no es maldad, no? Pero es malo porque es distinto y eso está mal…

VICTOR:

La diversidad es atractiva.

CRIATURA:

El la mato porque ella era distinta. Llamaban a las cosas con el mismo nombre pero entendían cosas diferentes.

Algún día me querrás matar, algún día te voy a dañar terriblemente.

No quiero ser distinto.

VICTOR:

Nada de eso va a pasar. Sólo me tenés que dejar trabajar en tu cuerpo.

CRIATURA:

He visto hombres grises desnudos y no son como yo.

VICTOR:

Los hombres grises tampoco son como yo.

CRIATURA:

Si! Salvo por el color lo demás… A vos también te vi desnudo y no sos igual que yo… A ella…

SE DETIENE

VICTOR:

A ella?

CRIATURA:

La viste desnuda? No te pierdas eso. Es de una blancura y un volumen. La he tocado. Ella dormía…

VICTOR:

No vuelvas a hacer eso…

CRIATURA:

Porque? Si es agradable… El hombre gris…

VICTOR:

A la mierda con el hombre gris. Si no querés que te mate no la vuelvas a tocar. Es mía, entendiste, es mía.

CRIATURA:

Tuya?

VICTOR:

Mía, se mira y no se toca.

CRIATURA:

La puedo mirar?

VICTOR: DUDA

Si…

CRIATURA:

Qué suerte! Es más placentero mirarla…

VICTOR:

Ahora necesito dormirte.

CRIATURA:

No tengo sueño. No me canso de mirar el mundo. Desde que estallo la luz.

VICTOR:

La tormenta.

CRIATURA:

Desde que se abrió la puerta de la luz no puedo dejar de sentir. Huelo, palpo, escucho, sueño todo junto en una explosión que no tiene márgenes. Y fue una explosión porque estoy hecho pedazos.

Siento una cosa a través de las manos que es distinta si pasa por le filtro de los ojos, y cambiante si penetra por el gusto de la boca.

Estoy hecho de sentidos, nada más.

VICTOR:

Quiero que duermas.

CRIATURA:

No… Voy a mirarla. Esa mujer desnuda es una santa. Me llena de gozo. Creo que la amo. Mi cabeza y mi cuerpo la aman.

VICTOR QUE HA COMENZADO A PREPARAR LAS COSAS PARA UN ESTUDIO, VA A GRABAR UN INFORME POR EL MICROFONO MIENTRAS MIRA LA ESCENA QUE SE VA A DESARROLLAR

 

CRIATURA: TOCA LAS COSTURAS Y DESCIENDE HASTA SU ENTREPIERNA

Porqué donde hay tanto fuego, no vive nada?…

VICTOR: Si su rostro me da pánico, sus palabras despiertan terrores más profundos.

Debería haberle  dicho a ella  la verdad. Pero cómo podría entender una madre el crimen de su hijo.  Crimen, yo mismo dudo y me juzgo y me condeno.

ENTRA ELIZABETH, SE DETIENE A CONTEMPLARLO, EL PASA SU MANO CON INSISTENCIA.

Mirenlos allí, ella, mi amada, tan proclive a los romanticismos y a las causas perdidas desconoce que ese ser desagradable es de alguna manera también su hijo. Tengo que hacer algo… No sé qué… pero algo…

ELIZABETH:

Puedo ayudarlo en algo, Enrique…

CRIATURA: SE TAPA CON UNO DE LOS FRASCOS QUE CONTIENEN PIEZAS ANATOMICAS

ELIZABETH:

No se avergüence, gracias a Víctor, he visto muchos hombres desnudos… Claro que en su mayoría cadáveres…

Oh! Qué cantidad de heridas….

TOCA LAS COSTURAS DE LA PIEL CON LA MANO

Podría adivinar una a una las batallas… descubrir los lances… las estocadas…

COMIENZA A PASARLE LA LENGUA POR LAS HERIDAS

Si estuvieran abiertas las bebería…

COMIENZA A RECORRER LAS PIERNAS CON LAS MANOS

EL CRIATURA SE LAS QUITA VIOLENTAMENTE

Enrique, entiendo la nobleza de tu amistad hacia Víctor, pero él  no es mi amigo … Es solamente mi novio.

CRIATURA:

No te puedo tocar. Sos suya.

ELIZABETH:

Me apasiona más saber que tengo que doblegar tu fidelidad… No importa cómo, no importa cómo pero te conseguiré.

CRIATURA:

Sos suya.

ELIZABETH:

Y eso, qué importa.

CRIATURA:

Y él? El es tuyo?

ELIZABETH: SE RIE DE LA PREGUNTA

Si… claro que sí, lo amo, es mío y de nadie más…

CRIATURA:

Y yo…

ELIZABETH:

De tu mamá… O acaso tampoco recordás cuándo naciste…

CRIATURA:

Mamá? La explosión de la luz… mamá…

ELIZABETH: COMIENZA DUDAR

Ocultás algo, Víctor oculta algo… Una explosión de luz… Un relámpago, quizás…

CRIATURA: COMIENZA A TENER ALGUNOS PROBLEMAS DE DICCION

Voy a toda velocidad hacia una luz que ciega… Traspaso lo sólido, exploto en mil moléculas… Y él estaba allí…

ELIZABETH:

El?

CRIATURA:

Frankenstein…

ELIZABETH:

Frankenstein? Acaso…

SUENA EL TELEFONO

ELLA LO DESCUELGA Y QUEDA HABLANDO SOLO

Acaso…

VA EN BUSCA DE LA CAMILLA QUE ESTABA EL CADAVER

No está! Oh, no es posible… No sos Enrique…

CRIATURA:

No sé. Sólo recuerdo a un hombre y una mujer en un mundo gris.

ELIZABETH: COMIENZA A REVISAR SU CUERPO

Tus manos no corresponden con tus brazos, tus piernas están cosidas al tronco… Eres un engendro de muerte, un monstruo…

LA CRIATURA SE ACERCA PARA TOCARLA

No me toques…

CRIATURA:

Yo también quiero algo mío.

ELIZABETH: Nunca lo tendrás, quien puede soportar mirarte sin aterrarse… Cómo lo hiciste, Frankestein?

CRIATURA:

Cómo hizo qué?

ELIZABETH:

Cómo lo hizo? Y porqué extraña razón no me lo dijo?

CRIATURA:

Cómo hizo qué?

ELIZABETH:

No te das cuenta… El te dio la vida, vaya el a saber el diablo cómo lo hizo… Mira tu cuerpo, la piel de tus manos no es la misma que la del brazo ni la del pecho… Rompecabezas de hombres muertos, eso eres…

CRIATURA:

Es mentira, recuerdo un pasado…

ELIZABETH:

Sólo manchas grises, escenas de un televisor descompuesto, sólo eso… Algún pedazo de cerebro arrancado de alguna tumba…

CRIATURA:

No! Hay algo más… un recuerdo de antes de la luz distinto a los otros… Un recuerdo vivo…

Es una página distinta… Lo único que no es gris…

ELIZABETH:

Confusión de células… Te odio, naciste el mismo día en que mi hijo moría. De eso se ocupaba Víctor. Eres solamente un monstruo. Nadie te amará.

CRIATURA:

Mentira! En algún lugar, alguien, cualquiera… Ya recordaré quién soy…

ELIZABETH:

Nada…

BUSCA UNA LIBRETA DE APUNTES Y SE LA ENTREGA

Tu árbol familiar… Nombres de sepultura, cables, tornillos y pernos…

Así te armó… Este es el hombre nuevo, sin pasado sin futuro.

CRIATURA:

Me armaron…

ELIZABETH:

Como un mecano… Y de pronto una chispa, un trueno, un relámpago…

CRIATURA:

Una noche de relámpagos… Y el ahorcado…

ELIZABETH:

Quién te contó eso…

CRIATURA:

No sé… Es un recuerdo, él único que no es gris… Y luego una canción

“Tún, tún, quién anda

un ángel

qué busca

una flor

qué flor

un clavel…”

ELIZABETH:

Quién te lo contó?

CRIATURA:

Es un recuerdo porque viene de adentro, de las mismas entrañas…

SE ACERCA COMO PARA TOCARLA PERO DE PRONTO SE DETIENE

ELIZABETH:

LO AMENAZA CON UN FRASCO CON ACIDO

No me toques, ser espantoso, muñeco macabro, fuera de  mi vista…

EL INTENTA ACERCARSE ELLA LE LANZA EL FRASCO QUEMANDOLO. SUENE TERRIBLE UN RELAMPAGO. LA CRIATURA GRITA.

ENTRA VICTOR

VICTOR: Qué pasa aquí!

ELIZABETH: Esa bestia trató de atacarme…

VICTOR: LO GOLPEA CON UN PALO

Atrás monstruo maldito…

ELIZABETH:

Porqué le diste vida

VICTOR:

Atrás animal, atrás…

LA CRIATURA PEGA UN FUERTE ALARIDO TOMA UNA CAMILLA Y CORRE EN EL MISMO LUGAR MIENTRAS OBSERVA LA ESCENA

VICTOR:

Vámonos de aquí. Volvamos a la casa materna, con mi padre y mi hermano…

Quiero que nos casemos. Olvidar todo esto.

ELIZABETH:

Amor mío.

VICTOR:

Quiero huir de este lugar contaminado, podemos volver a empezar en otro lado…

ELIZABETH:

Amor, sé que has hecho algo maravilloso… Vamos al altar, pero aquí… quiero ser por fin la mujer de Frankestain…

LA CRIATURA CONTINUA SU DESESPERADA CARRERA

CRIATURA:

Maldito creador! Maldito el día en que recibí tu soplo ! Porqué diste vida a un ser tan desagradable que incluso vos escapás de mi! Dios en su bondad hizo al hombre bello, a su imagen y semejanza; vos hiciste de mi figura una repelente reproducción de la tuya, tanto más horrible cuanto más se te asemeja. El mismo Satanás tiene compañeros que lo admiran y lo siguen… pero yo estoy solo y todos me detestan…

 

SUENA EL TELEFONO, ESTALLA UN TRUENO, LA CRIATURA SE CUELGA DE ALGUN LADO Y LOS ESPIA

ELIZABETH EMPUJA A VICTOR CON LA CAMILLA

VICTOR:

Mi conciencia no se soporta a sí misma, es un hedor inaguantable…

ELIZABETH:

Qué maldades has hecho? Ustedes juegan a los dioses… Hacen y deshacen sin importarles nada, y allá van sus imperfectas creaciones… No dudan al momento de mezclar los reactivos. Atrás vendrán las madres a ocuparse de los muertos. La guerra, la ciencia, qué importa…

Hay que jugar…

Porqué no me lo dijiste antes…

VICTOR:

Qué cosa?

ELIZABETH:

La criatura…

VICTOR:

CASI PARA SI

Cuál de ellas?

ELIZABETH:

Es un descubrimiento fabuloso.

VICTOR:

Necesitaba estar seguro que no habría errores… Y ya ves, los hubo, te atacó y se fue, quién sabe a donde.

ELIZABETH:

Tienes que salir a buscarlo

VICTOR:

Ya lo hice y no lo encontré.

ELIZABETH:

Volverá?

VICTOR:

Volverá.

 

CRIATURA: YENDO DE UN LADO A OTRO POR LAS ALTURAS

Corrí, corrí, corrí… En ningún lugar encontré la paz… Cuando algún ser humano se acercaba a mi era para golpearme o para volver a partir presa del terror…

ELIZABETH:

CORE TAMBIEN COMO LA CRIATURA EN SU LUGAR. PARECE BUSCAR A ALGUIEN.

Víctor! Víctor! Carta de tu padre… Es terrible…

CRIATURA: IDEM

La vida es terrible para alguien distinto…Maldito, maldito creador! Para qué, con qué objeto me has hecho vivir! Por qué no destruye en este mismo instante la vida que tan irresponsablemente me dio!

ELIZABETH: IDEM

Han matado a tu hermano! Aquel niñito que en la belleza de su desnudez presagiaba ser un ángel, es un ángel… Carta de tu padre, que ya no es tu padre, es un fantasma que vaga en la soledad de su castillo…

CRIATURA: IDEM

Sólo sed de venganza, no puedo siquiera disfrutar de lo maravilloso y singular del mundo, al ver mi rostro en el espejo del agua y al sentir el asco que provoco en los demás siento un deseo irrefrenable de causar mal a aquel que me dio caprichosamente la vida… No pedí nacer, soy un conglomerado morboso de miembros muertos, este estigma marca mi existencia, nadie se acerca a mi, todos huyen…

ELIZABETH: IDEM

Víctor! Una cadena de muertes desató tu ambición por la vida

No sé que rara  relación tiene los acontecimientos, pero es como si hubieras comido de la fruta prohibida, ya nada será igual.

SUENA TERRIBLE UN TELEFONO

EL CORO:

Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía. En algunos estudios se puede llegar tan sólo hasta donde llegaron otros antes, pero en la ciencia, arriba sólo está Dios. Señores televidentes somos testigos del descubrimiento más grande de la historia de la humanidad: la resurrección después de la muerte… Pero las condiciones para acceder a este beneficio eterno son tales, que es preferible que una banda de gusanos granujas nos pelen los huesos a tener que pasar por semejante estado.

Lo han visto, la criatura, un monstruo, alguien absolutamente diferente.

OSCURIDAD TOTAL

SUENA TERRIBLE UN RELAMPAGO QUE ILUMINA UNA CAMILLA

EN EL CENTRO DEL ESPACIO.

UN CUERPO TAPADO POR LA TELA, DE PRONTO UN ALARIDO Y ES VICTOR EL QUE SE INCORPORA QUITANDOSE LA TELA DE ENCIMA. HABIA ESTADO SOÑANDO.

VICTOR:

Lo he soñado nuevamente. La horrible pesadilla. Elizabeth, desbordante de salud pasea por las calles de Ginebra, yo sorprendido y feliz voy a abrazarla; pero al depositar un beso en sus labios, siento que quedan de piedra fría y su cara se empalidece como la de un muerto; entonces el cuerpo que tengo entre mis brazos se convierte en el de mi propia madre, envuelta en un sudario por el que corren los gusanos.

LA CRIATURA APARECE EN LAS SOMBRAS CON UN CAPOTE Y UN MANOJO DE CINTAS DE GRABACION EN LA MANO.

SE REPITE EXACTAMENTE LA ESCENA DE ELIZABETH DEL  PRINCIPIO PERO MAS CRISPADA, ELLA JUEGA A ESTAR EMBARAZADA, SE HA COLOCADO UNOS TRAPOS, TODO PARECE UN JUEGO SINIESTRO PERO SÓLO LA VE VICTOR COMO UNA IMAGEN MALDITA DE SU RECUERDO.

CRIATURA:

No intentes jugar conmigo.

ELIZABETH: SOLO LA OYE VICTOR

La gitana no quiso leerme las manos…

VICTOR:

Me asustaste…

CRIATURA:

Exijo una respuesta.

ELIZABETH:

Me dijo: la hermosa dama, huele a muerte… Y corrió…

VICTOR:

La muerte, a esa la conozco bien…

CRIATURA:

En uno y otro lado me escupieron y me empujaron.

No culpen a mi corazón del odio que crece en él, he sido privado de todo lazo de afecto con otro ser como yo.

VICTOR:

Aléjate de mi! Has terminado de dañar todo lo mío, mataste a mi hermano y enfermaste de muerte a mi padre…

ELIZABETH:

Tún, tún, quién anda

un ángel

qué busca

una flor

qué flor

un clavel…

CRIATURA:

El amor de otro semejante bastaría para destruir la causa de mi desesperación. Si soy perverso es porque me veo obligado a vivir en la soledad que aborrezco…

VICTOR:

No hay ningún lazo entre tu y yo, somos enemigos irreconciliables.

ELIZABETH:

Ya no huelo a clavel… Soy o no soy joven, Víctor…

CRIATURA:

Cómo podría llegar a tu alma? No hay palabras suficientes para hacerte comprender que debes volver tus ojos hacia una criatura, tu propio hijo que te implora bondad y compasión…

VICTOR:

No eres mi hijo…

ELIZABETH: COMIENZA A PARIR TELAS QUE SACA DE ENTRE SUS PIERNAS SOBRE LA CAMILLA, CON ELLAS SE VA LIANDO VICTOR. ELLA QUEDA FRENTE A LA CRIATURA

Qué es esto?

Parece un embrión muerto.

VICTOR:

Es la criatura…

ELIZABETH:

No! Es un niño flotando en su propia muerte…

VICTOR:

Un monstruo…

CRIATURA:

MOSTRANDO LAS CINTAS

Estaba en tu sobretodo, son las notas de cómo fui construido, paso a paso.

Las  encontré sin querer el día que maté a tu hermano.

VICTOR:

Por qué reavivas mis recuerdos? Por qué  traes a mi memoria circunstancias que de sólo pensar en ellas me hacen temblar…

Maldigo una y mil veces el día en que tus ojos se abrieron a la vida…

CRIATURA:

Quiero sentir amor por otro… Créeme, Víctor, mi alma era amorosa… Pero ves, estoy solo….

ELIZABETH:

QUE AHORA TAMBIEN SE LIA LA TELA QUE SALE DE ELLA CON LA CRIATURA

Qué es lo que pide?

VICTOR:

Una hembra… Imposible…

ELIZABETH:

No me parece descabellado…

VICTOR:

Imposible… Márchate, desaparece del mundo, no quiero verte más…

CRIATURA:

Seré siempre una pesadilla… Destruye tu trabajo con tus propias manos… Si quieres o puedes.

VICTOR:

Buscaré un arma, hay cosas que deben ser cortadas de cuajo.

SALE

ELIZABETH:

Una historia nacida entre el humo y los relámpagos… Mucho misterio para estar sobrios y comprenderlo… Quieres fumar?…

CRIATURA:

Quiero ver tu cuerpo desnudo…

ELIZABETH:

Esta noche… Ahora vete… Te matará…

CRIATURA:

No podrá hacerlo… Tarde o temprano creará la hembra…

ELIZABETH:

Yo soy tu hembra, algo de ti me atrae vertiginosamente.

Pero vete! No quiero que Victor sufra… Esta noche nos uniremos…

CRIATURA:

Para siempre, Elizabeth!

ELIZABETH:

Para siempre… Para siempre,no… La boda, debo casarme con él. Es todo lo que amo.

CRIATURA:

Pero esta noche serás mía con traje de novia.

ELIZABETH:

No puedo con tu mirada! Todo está mal pero todo esta bien eres sólo la forma de un momento, no hay historia.

SE BESAN

SE ESCUCHA UN DISPARO

EL CORO: Qué algún televidente los detenga. Los hechos que se desatarán tendrán consecuencias irreparables. Orgía temible. Nada bueno puede ocurrir hoy que el hombre se ha lanzado a competir con Dios. Ultima maquinación del diablo es el poder desenfrenado de estos muñecos torpes.

La bestia, al igual que Adán, nada tiene que ver con otras formas de vida, pero a diferencia de aquel salido de las manos amorosas de Dios como una criatura perfecta, feliz y próspera, a la que nada faltaba,

este huérfano desgraciado vagará por el mundo cometiendo mil y un desmanes, y no dará ni hallará la paz… Cuidado señora! Cuidado Señor! El monstruo anda suelto!

A UN MISMO TIEMPO LA CRIATURA DA UN GRITO Y SALE CORRIENDO.

VICTOR: ENTRA  GRITANDO

El monstruo anda suelto

ELIZABETH:

El monstruo anda suelto

QUEDAN ENFRENTADOS. SUS DISCURSOS SON PARALELOS. NO SE RELACIONAN

VICTOR: Si supieras cuanto he pecado…

ELIZABETH: Hay que encontrarlo, es nuestra única salvación.

VICTOR: Aquí o allá en todos lados será extranjero…

ELIZABETH: Se hablará de ti en todo el mundo, es el principio de tu gran carrera

VICTOR: Es el final.

ELIZABETH: Hombres de toda la tierra querrán ver el engendro, no debes matarlo.

VICTOR: Se vengará. Me traerá la ruina.

ELIZABETH: Nos dará fortunas.

VICTOR: Nos dará miserias.

ELIZABETH: POR PRIMERA VEZ SE RELACIONA CON EL

ORGULLOSA DE EL

Oh, Víctor, lo que has hecho…

VICTOR: CON DESEPERACION

Oh, Elizabeth, qué he hecho…

Estamos a tiempo, esta misma noche casémonos y vayamos a vivir a las montañas, allí no nos encontrará…

ELIZABETH:  Frankestain… Por siglos se hablará de ti. Lo prometo.

Sólo pienso en ayudarte.

VICTOR: Entonces huyamos…

ELIZABETH: Porqué huir? Es el descubrimiento más grande la ciencia,

no puede quedar oculto.

SUENA EL TELEFONO

ENTRA LA CRIATURA

ELIZABETH:

Estás allí, puedo olerte…

CRIATURA:

Estas desnuda, puedo olerte…

EL CORO:

Seres extraños que entretejen todo con intrigas y maldades.

Todo les fue dado, todo lo perdieron, por querer más.

ELIZABETH:

Más, solo eso pido, más… Más amor y más fuego, más pasión y más locura, más humo y más cielo y más… Dónde quedaron tus sueños grises…

CRIATURA:

Los perdí, creo que lentamente me he ido degradando, cuando tenga lo mío huiré a la montaña, allá donde los hielos eternos impiden toda vida humana…

ELIZABETH:

Ven, bebe de esta fuente contaminada… Conozco los discursos píos  de más de un sacristán que mueren besando los labios de sus amantes…

CRIATURA:

Fuera, un cruel castigo para el más cruel de los seres,

si tal pudiese amar, tornar ese amor en alimento del infierno del espiritu:

odio,desden,remordimiento,angustia;

pero yo, cuyo corazón desgastan lágrimas extrañas

como las gotas de agua la piedra de una fuente,

yo que ame y compadecí todas las cosas gimiendo

por desdichas que otros no oyen

que vi al ausente con los ojos de la fantasía

que me sente a llorar junto a los pobres y oprimidos

y seguí al cautivo hasta lo profundo de su mazmorra

yo, que soy como un nervio sobre el que trepan

las opresiones de este mundo,

y que fui llama de tu corazón

cuando todo lo demás estaba frío. ¡que tú

hayas  llovido sobre mi mortales llagas!

Tales maldiciones vienen de labios elocuentes

en alabanzas de amor demasiado parciales:

que en adelante no vacile quien intente

demasiado tremendas para ser nombradas,

si es que un ejemplo para lo mismo

busca… porque tú me miraste asi … y asi… yo vivo para demostrar

cuanto es capaz de soportar un hombre sin morir.

SE INTRODUCE CON ELLA EN LA CAMILLA

SUENAN ESTRIDENTES LOS TELEFONOS

EL CORO:

Ay del pecado, ay del pecador! Demasiadas palabras dichas a quien no se debe… En algún lugar del cuerpo de la criatura descansa la criatura. Que alguien los detenga, estan entrando sin saberlo al infierno de la mano de los angeles…

TRUENOS Y RUIDOS DE ARMAS Y GRITOS AFUERA

VICTOR:

El pueblo viene hacia aquí a quemar esta casa endiablada, razón tendrán, son muchos, aceptemos la noble sabiduria de la mayoría…

Oh! Pero, así quería verlos… uno sobre el otro…

Mujer! Ya nada queda por hacer vienen por nosotros…

CRIATURA:

Podrías haberte evitado estos disgustos…

VICTOR:

A callar, hijo mío, sangre de mi sangre…

ELIZABETH:

Desvaría, el miedo suele atraparlo y lo obliga a decir tonterias.

CRIATURA:

Padre cruel, padre malvado, he culminado mi trabajo, he volcado mi profundo odio en las entrañas calientes de mi madre… Mujer, no sé con qué ciencia he recibido siendo cadaver el rayo vital de tu hijo…

ELIZABETH:

No es posible, Víctor, dime que es mentira.

VICTOR:

No creí que hubieras escuchado todas las cintas.

CRIATURA:

Sé todo sobre mi creación.

VICTOR:

Entonces entenderás que no puedo darte una compañera sería un crimen…

ELIZABETH:

Qué crimen! Acaso diste la vida de nuestro hijo para…

VICTOR: Todo se vuelve en mi contra…

A LA CRIATURA

Con que lo sabías. Cuanto peor es el castigo. Podrás convertirme en el hombre más desgraciado de la tierra, pero lo que no conseguirás nunca es convertirme en un desalmado. He llegado al límite.

CRIATURA:

Mi maldad es consecuencia de mi desgracia, de mi infelicidad…

ELIZABETH:

A LA CRIATURA

Maldito Edipo, deberías arrancarte los ojos…

A VICTOR

Criminal! Devuélveme a mi hijo…

CRIATURA:

Si mis mismos creadores no dudarían ni un momento en destruirme. Cómo puedo ser generoso con los demás, si los demás se muestran implacables conmigo… Soy tu hijo mujer, y soy tu amante… dos cosas sin futuro.

VICTOR:

Muere, bestia!!!

DISPARA SOBRE EL PERO SE INTERPONE ELIZABETH

ELIZABETH:

RECIBE LAS BALAS

Oh! Una bala es una suma de chispas que penetran en lo profundo… Se dirige rápidamente al centro de mi vientre abriéndose paso como una lanza vengadora hasta el trono mismo  desde donde naciste…  Ya está, es la muerte, bienvenida… la calma…

VICTOR:

Elizabeth! Espérame, ya voy… ya voy…

SE DISPARA

CRIATURA: No!

SE ACERCA A LOS CUERPOS. PARECE QUE VA A TOMAR EL CUERPO DE ELIZABETH, PERO GIRA Y CARGA CON EL CUERPO DE VICTOR. SALE

TELON

 

«SI TOCÁS CALCUTA»

 

de Marcelo Marán

PERSONAJES:

RAÚL DEMARCHI             PROMETEO LÓPEZ

ESTELA                                  PINA

PERIODISTA                        TANGUERO 1

TANGUERO 2                        ROMUALDO

COREANO

———————————————————————

El espacio escénico representa una pista de atletismo, con uno de sus costados más elevado.

         En el centro de la pista se apilan cajas, valijas y baúles de viaje; por momentos parecen evocar  un podio de ganadores, por momentos un tótem, por momentos  una desordenada mudanza. De allí salen los personajes, que modifican esta estructura según las necesidades de cada situación.

         El clima de la obra refleja el estado de crisis económica y miseria general en el que están sumergidos todos los personajes, especialmente a partir del vestuario.

         La acción comienza con un hombrecito de edad, que puede dar en un primer momento la idea de un pobre jubilado en su habitación de pensión. De pronto, el inofensivo abuelo comienza a extraer de los baúles probetas, retortas, tubos de ensayo; ahora aparece como uno de aquellos estereotipos cinematográficos del científico loco. En la actividad de mezclar elementos y líquidos simula una explosión, con la clara intención de atraer a alguien con el ruido. Es así que queda tirado, como si verdaderamente estuviese muerto. Tras unos segundos entra corriendo Raúl Demarchi, joven desocupado, que visten pantalones cortos, medias, musculosa y zapatillas deportivas, todo debajo de un gabán o piloto negro. Además de carecer de trabajo, su máxima aspiración es poder triunfar como marchista, para lo cual se entrena continuamente. En su desesperada carrera por sobrevivir se deja seducir por discursos individualistas que lo llevan a perseguir quimeras de gloria.

         Los personajes de Prometeo López, Tanguero 1 y Romualdo pueden ser interpretados por el mismo actor.

 

Demarchi ha entrado con su paso de marchista. Se acerca al cuerpo del viejo, Prometeo López, y lo cree muerto. No sabiendo qué hacer se dispone a salir, cuando Prometeo se incorpora súbitamente y lo detiene.

PROMETEO.– ¡Ja! Me creyó muerto.

DEMARCHI.– (asustado y confundido) Yo…

PROMETEO.– (abalanzándose sobre Demarchi) Un yoyoísta, un egoísta, un maldito narcisista, a notre façon.

DEMARCHI.– Usted no entiende.

PROMETEO.– “Yo”, “usted”… pronominalista, personalista.

DEMARCHI.– Soy su vecino.

PROMETEO.– (descolocado) ¿Vecino?

DEMARCHI.– Sí, vivo en el departamentito de al lado y de pronto…

PROMETEO.– ¿De pronto?

DEMARCHI.– De pronto escuché un ruido, una explosión terrible.

PROMETEO.– (orgulloso) Es cierto, flor de quilombo metí.

DEMARCHI.– Creí que se venía el mundo abajo.

PROMETEO.– (busca cualquier cosa para pegarle en la cabeza) Pero pavo, pavo, recontra pavo.  (Lo remeda burlón) “Creí que el mundo se venía abajo”. Ja, ja, ja… tan solo por un escándalo de murciélagos, por una pedorrina de probetas. ¡El mundo! Demarchi, ¡El mundo! Demarchi… avanza impertérrito.

DEMARCHI.– (asombrado de que el otro conozca su apellido)

Demarchi…

PROMETEO.– (tomándole la mano y estrechándosela fuertemente, se presenta) Prometeo, Prometeo López, mucho gusto.

DEMARCHI.– ¿Cómo lo sabe?

PROMETEO.– (molesto) ¿Qué es lo que intenta decir, señor Demarchi? ¿Qué acaso desconozco mi identidad? ¿Eso es lo que quiere decir? O propone tal vez un tropo. Quiere llevar a metafísicas aguas algo tan simple… (se pone exageradamente sentimental) tan prístino, tan puro, como lo es el nombre que nuestros padres, en acto de amor ineluctable, nos adhieren definitivamente al pecho. ¿Eh? ¿Eso es lo que quiere?

DEMARCHI.– (sin entender nada) Perdone, Prometeo, pero creo que estamos confundidos… (Lo estudia temeroso) al menos yo lo estoy. Lo que no entiendo es cómo sabe mi nombre.. ¿Cómo es que me conoce?

PROMETEO.– ¡Ah! (Busca algo entre las valijas y cajones) ¡Ah! Nuestro hombre de voz ronca y bigote varonil tiene la inocencia de una virgen antes de ser penetrada por diez emires turcos. (Encuentra lo que estaba buscando. Una gran nariz falsa  que se ata con piolines) ¡Ajá! ¡Aquí está! ¿Lo ve?

DEMARCHI.– Ya sé, olfato.

PROMETEO.– “Olfato, olfato”. Esto que usted ve aquí es un “Apéndice Nasal Portátil” y ¿Qué lee aquí?¿Qué lee? ¿Qué lee?

DEMARCHI.– Made… in… Germany.

PROMETEO.– ¡Ta! (Pavoneándose) ¡Germany! ¡Germany! ¡Germany! ¡La gloriosa Alemania! Este aparato, de intrincada factura, es un selector de olores. Todo hombre que carezca de buena nariz con él puede reconocer a más de mil metros el aroma de una margarita. (Alegre) ¡Alemania!¡Europa! Amigo… amigo… amigoooo… (ha olvidado su nombre).

DEMARCHI.– Demarchi.

PROMETEO.– ¡Cierto! Demarchi, bien hoy lo decíamos.

DEMARCHI.– Si, pero todavía no me explicó cómo pudo usted saber…

PROMETEO.– (interrumpiéndolo) Su bendito apellido. Muy fácil, muy fácil. Calzado que hube mis cornetes de cartón piedra, la otra tarde, comencé a sentir una fragancia profunda a caballo sudado, a burro masajeado con bálsamo. Y me dije a mí mismo: Amigo, Prometeo, ese es el trato que me doy, Amigo Prometeo ¿qué podemos sacar como conclusión de esta bajeza que proponen las sensaciones? ¿qué podemos extraer como síntesis de la peligrosa experiencia de los sentidos? ¿qué? Que el portador de tan almibarado aliento es un deportista que en su kinestésica actividad (Se pone en movimiento como un verdadero deportista, a lo que se suma Demarchi) se fricciona las extremidades con linimento para caballos. ¿Miento? (Comienza a dar vueltas alrededor de la pista) ¿Miento?

DEMARCHI.– (siguiéndolo maravillado) No. No.

PROMETEO.– Además, esta maravillosa protuberancia, hija de la invención europea, me dice, y yo así le creo, que a tan aromático emplasto se le suma un tufillo ácido como el que producen, y solamente ellos, los huesos de las caderas cuando son balanceados por un marchista. (Comienza a moverse con en contoneo particular de los marchistas) ¿Miento? ¿Miento?

DEMARCHI.– ¡Sensacional!¡Maravilloso! Y ahora mi nombre, ¿cómo supo mi nombre?

PROMETEO.– (parando en seco. Demarchi lo choca y estropea la nariz. Prometeo, muy serio deja la nariz postiza a un lado, busca en sus bolsillos y saca una carta. Lee el remitente) “Señor Raúl Demarchi”. Y siendo mi único vecino. (Le da la carta a Demarchi para que la lea, pero antes de que éste reaccione se la saca y la tira. Vuelve a embarullarlo con su parloteo) Y todo producto de quién, Demarchi, ¿de quién?

DEMARCHI.– De Germany.

PROMETEO.– (como a un alumno) Ya ve, va aprendiendo. De los alemanes, de la Europa, del frío señor Demarchi, del frío.

DEMARCHI.– ¿Del frío?

PROMETEO.– (confidencial) ¡Cómo! ¿No lo sabe?

DEMARCHI.– No.

PROMETEO.– Somos un país cálido.¡Un país cálido, Demarchi! Y un país cálido no puede dar otra cosa que bananas, café,  pero no desarrollo. La inteligencia, las costumbres, el honor se reblandecen con el calor. La religión se transforma en macumba, la estética y las artes en folklore, la filosofía en tango y el amor en puterío.

DEMARCHI.– Todo por el calor.

PROMETEO.– Café y bananas.

DEMARCHI.– Bananas y café.

PROMETEO.– Así es, Demarchi. El hombre sudamericano busca culpables por todos lados. Cree que son los grupos de gobierno, cree que son las multinacionales, cree que son los marcianos y todo es cuestión de unos cuantos grados más o menos.

DEMARCHI.- ¡Qué cagada! Y eso que cuando hace calorcito a uno le parece que la cosa anda mejor ¿no?

PROMETEO.– ¡Sobón! ¡Espíritu débil! Mire nuestra Alemania, un frío de cagarse, pero valor. Cuna de la raza del mundo.

(Le da la espalda y comienza a trabajar nuevamente en sus inventos sin prestarle demasiada importancia)

DEMARCHI.– ¡Qué bárbaro! Bue… me alegro que lo de la explosión no haya sido jodido. Bue… hasta luego.

PROMETEO.– Deténgase, muchacho, deténgase. Me ha caído simpático, verdaderamente simpático. Además, es un deportista, y los deportistas, convengamos, son hombres ordenados, que aceptan la organización y practican la higiene.

DEMARCHI.– Bueno, en cierta manera.

PROMETEO.– En cierta manera, sólo en cierta manera. Porque de otra manera este calor no los deja pensar con criterio analítico. Es lamentable, pero es así Demarchi, es así. Están abandonados en manos de la estupidez, de la estolidez, de la inmediatez.

DEMARCHI.– ¿Tan jodidos andamos?

PROMETEO.– ¡Así es! Peor que jodidos, señorito, peor, acabados.

DEMARCHI.– Y ¿la solución?

PROMETEO.– “La solución, la solución”, escapar Demarchi, huir, poner patitas en polvorosa, correr. ¿A ver? ¡Corra! Demarchi ¡Corra!.  (Demarchi comienza a dar vueltas) Más rápido, Demarchi, el futuro está allá. Persígalo, no lo deje escapar. ¡Vamos, Demarchi! ¡El futuro está allá! Lejos de las bananas, del café, de este calor. ¿Lo ve?

DEMARCHI.– (sin detenerse) No.

PROMETEO.– ¿Lo escucha? ¿Escucha la música triunfal, wagneriana del futuro?

DEMARCHI.– No.

PROMETEO.– ¿Lo huele? ¿Siente el aroma excitante del progreso?

DEMARCHI.– No.

PROMETEO.– ¡Stop! (Demarchi queda clavado y jadeando) Pero lo suyo muchacho es un problema de sensibilidad.

DEMARCHI.– ¿Le parece?

PROMETEO.– Usted no tiene un carajo de sensibilidad.

DEMARCHI.– ¿Usted cree?

PROMETEO.– Una mierda.

DEMARCHI.– Eso es malo ¿no?

PROMETEO.– (mueve la cabeza afirmativamente) En otro contexto… (mueve la cabeza negativamente) …sí.

DEMARCHI.– Entonces… (mueve la cabeza afirmativamente) …no es tan malo.

PROMETEO.– En este contexto… (mueve la cabeza afirmativamente) …no(Se dicen que sí y que no con las cabezas hasta que Prometeo, cansado del juego, le pega una cachetada) ¡Basta! No me contradiga, Demarchi. Tenga, colóquese mi fabuloso “Apéndice Nasal”. Tenga, vamos. No repare en otra cosa que no sea el olorcito seductor del futuro, del progreso, del nuevo mundo. (Le coloca la nariz postiza) Y márchese, Demarchi, márchese marchando pero no a cualquier parte de marcha, Demarchi, marche marchando a la Alemania. (Recuerda algo) ¡Oh! (Saca una carta) Aquí tiene, por ejemplo, el otro día me llegó esta carta. Se organizan en Otobunderland los festejos de la ciudad y habrá allí una carrera de marchistas. Aproveche para ir, Demarchi, puede ser su primer paso para vivir de verdad.

DEMARCHI.– Lejos del calor.

PROMETEO.– Aprende rápido el muchacho.

DEMARCHI.– Lejos de las bananas y el café.

PROMETEO.– Tienes mucho futuro, hijo. (Recuerda) ¡Oh! Café, bananas… (rebusca por todos lados) ¡Mmm! Muchacho, lamento tener que cobrarte unos pesos por mi invento. Comprenderás, vivo de esto y hablaste de café, si tuviera que invitarte no tendría con qué, todos mis frascos están vacíos. Las bananas, un lujo, apenas he podido comprar un kilo de mandarinas, y con el frío que hace sin kerosene.

DEMARCHI.– No, por supuesto, Prometeo, por supuesto. Yo no pensaba que usted me iba a dar todo esto gratis, claro que mucho… (Saca unos cuantos billetes que Prometeo rápidamente le saca de las manos)

PROMETEO.– Suficiente. Adelante muchacho, a marchar Demarchi. Y no olvide, que otros se rompan el lomo en estos países bananeros. ¡Sudamérica! ¡Ja! Parcela inculta, corral de bestias. En cambio Alemania, Demarchi, Alemania. Allí está el futuro. ¡Marche, Demarchi, marche!

 

Prometeo se esconde feliz contando los billetes. Demarchi, mientras, corre alrededor de las valijas. Por uno de las costados aparece Estela, muchacha joven y hermosa, esposa de Demarchi; y Pina, la suegra de éste. Al cerrar y abrir valijas la escena se transforma en la cocina de una pieza humilde.

Pina es una vieja italiana que vive con su hija y su yerno, ayudando a Estela en los quehaceres domésticos. Cuando Demarchi entra ambas están preparando la comida. Él viene con la nariz de cartón puesta y con su gabán negro sobre los hombros.

 

DEMARCHI.– ¿Qué tal? (Las mujeres gritan como si hubieran visto a un monstruo) ¿Qué pasa?

PINA.– (muerta de miedo) Un pipistrelo.

ESTELA.– (pegándole con el cucharón de la sopa) ¡Fuera! ¡Fuera pajarraco!

PINA.– ¡Que mostruositá! ¡Madonna santa!

ESTELA.– (que le ha magullado la nariz postiza) ¡Fuera bestia!

DEMARCHI.– ¡Basta mujer! Soy yo, tu marido, Demarchi.

ESTELA.– ¡Raúl! Me querés decir que hacés disfrazado y con ese pico.

DEMARCHI.– No es un pico.

PINA.– (sin querer mirar) ¿Ya voló el pipistrelo?

ESTELA.– Lo que sea, espero que no te haya visto ninguna vecina. Te imaginás lo que dirán de nosotros.

DEMARCHI.– ¡Qué me importa! ¡Qué me importa! Esto es el pasaporte a la fama: las finales de Otoburlenland.

PINA.– Echale Raid, nena, no le des charla a ver si te pica.

ESTELA.– ¡No mamá! Es Raúl.

PINA.– Pacarón. ¿Le parece que es broma para hacer a una pobre vieca? Grandulón.

DEMARCHI.– No es una broma, doña Pina, esto (golpea su nariz) es un pasaporte.

ESTELA.– Sacate inmediatamente esa porquería, querés.

DEMARCHI.– Esta “porquería” es nada más ni nada menos que un Pendis Nasal… (Comienza a oler con exageración. Se acerca a Pina, esta huye)

PINA.– Usted está enfermo. Si no está ojeado esta empachado, o tiene la culebrilla.

(Estela intenta sacarle la nariz, Demarchi la detiene)

DEMARCHI.– Sin tocar, que es alemana.

PINA.– ¡Alemania! ¡Santo Dio!

ESTELA.– Y a mí qué me importa de dónde sea.

PINA.– Due guerra perdimos por los alemanos.

DEMARCHI.– (a Estela) No, por supuesto que a usted no le importa. Claro, si esto fuera del maridito de alguna de sus amigas la cosa sería distinta ¿no? Pero ya va a venir con el caballo cansado. Las finales de Otroburdel, ¿qué tal? ¿les suena eso? (Se rasca el trasero)

PINA.– ¡Ya está! Le pica el culo, tiene pesadillas, dopo: ¡Está bichado! (Le hace la señal de la cruz)

DEMARCHI.– Pesadillas no, pesadillas no. ¡Visiones! Eso es lo que tengo.

PINA.– No te dije, tiene lumbrices. Tu marido tiene lumbrices. Hay que picar ako, hay que picar ako. (Comienza a buscarlo) El ako es mortal para las lumbrices. Ma, ¿dónde caraco está el ako?

DEMARCHI.– (exaltado) No, no es lo que usted cree, doña Pina. Tengo visiones, me veo triunfando en Alemania. Paseando en carrozas repletas de flores mientras unos gordos rubios y colorados levantan sus jarros de cerveza. ¡Alemania! Lejos de este país donde el calor no nos deja desarrollar el bocho.

PINA.– ¿Calor?

ESTELA.– ¿Qué decís? Deben de hacer tres grados bajo cero.

DEMARCHI.– Lo que oís. Aunque sea lo último que haga en mi vida voy a conseguir tres pasajes y nos vamos a ir a Alemania. ¡Qué joder!

PINA.– Alemania, ¡Santo Dio!

ESTELA.– Bueno, basta de pavadas, Raúl.

PINA.– Due guerra perdimos por los alemanos.

ESTELA.– Estoy harta de ver como los demás consiguen cosas, se acomodan aquí o allá y nosotros estamos cada vez peor.

DEMARCHI.– ¿Vas a empezar de nuevo con tu colección de maridos modelo?

ESTELA.– Sí, ¿por? Según vos la Pochi se casó con un abogaducho ¿no?

DEMARCHI.– Abogaducho.

ESTELA.– Parece ser que el abogaducho ya es síndico de la fábrica más grande del país en alimentos de soja, y cada cuatro días aparece su nombre en el diario.

DEMARCHI.– (hace gestos de que el nombre aparece chiquito y de que el tipo es un escalador) Un trepa.

ESTELA.– “Un trepa”… Lili se fue a vivir con un ¿gordito ridículo?

DEMARCHI.– Panzón ridículo.

ESTELA.– Un “panzón ridículo” que hoy es Gobernador del Rotary Club. Gobernador.

DEMARCHI.– (hace gestos y ruidos de serruchar)

ESTELA.– “Un serruchador”… Clara, la más fea de la barra, se casó con un militar…

DEMARCHI.– (la corta) ¡Ahí te cagué! Te cagué, te cagué, porque el miliquito ese lo engancharon en un negociado de armas.

ESTELA.– Para que lo sepas, al “miliquito” ya lo largaron, lo ascendieron y le aumentaron el sueldo.

DEMARCHI.– ¡Ah! ¡No! Pero viejo, en este país cualquiera…

ESTELA.– Cualquiera menos vos, Raúl. Porque vos me engañaste, me dijiste que tenías una carrera por delante. ¿Y? ¿Dónde está la carrera? ¿Dónde están las promesas? ¿Dónde está la plata?

DEMARCHI.– ¡La plata!

ESTELA.– Cierto. Dame la plata que fuiste a buscar a lo de mi hermano que tengo que pagar la luz. (Demarchi mete la mano en los bolsillos y se da cuenta que se la gastó) ¿Qué pasa? No me vas a decir que se te perdió.

DEMARCHI.– Bueno, no exactamente.

PINA.– ¡Lo asaltaron!

DEMARCHI.– (avergonzado) La nariz, compré la nariz.

PINA.– ¡Pelotudo!

ESTELA.– ¡Mamá! (A Raúl) ¡Pelotudo!

DEMARCHI.– Insulten nomás, ríanse también, si quieren. Pero nunca van a salir de la mediocridad de este país bananero.

PINA.– ¿Bananero?

DEMARCHI.– Sí, bananas y café.

ESTELA.– ¿Pero quién me mandó casarme con vos?

PINA.– ¡Sanseacabó! A curarle las lumbrices. (Lo persigue con una cuchara) Se me come enterito el ako. Por ahí lo repite un poco, pero va a ver los gusanos gordos que va a lanzar.

DEMARCHI.–  Espere doña Pina, oíme Estela. El asunto es claro. Las bananas, todos nuestros problemas se originan con las bananas.

PINA.– La banana es inofensiva.

DEMARCHI.– El clima, el maldito clima, que las hace crecer en forma desordenada, salvaje. En cambio Alemania. ¿Alguna vez vieron a algún alemán comiendo bananas? ¿Alguna vez escucharon a algún alemán decir Strudel Dolca, el mejor café de Berlín? ¿Lo escucharon? Digan. ¿Lo escucharon?

PINA.–  ¡Santo Dio! Alemania.

DEMARCHI.– Alemania, sí doña Piña, Alemania. ¿Sabe cuál es el ingreso per capita de un alemán? ¿Lo sabe? ¿Lo sabe?

PINA.– ¡Qué sé yo de esos inmundos!

DEMARCHI.– (a Estela) ¿Y vos?

ESTELA.– No sé, ¿cuánto?

DEMARCHI.– No sé, pero mucho más que acá. Como cien veces más.

ESTELA.– (interesada) ¿Cien veces más? Pero eso es mucho.. (Para sí) La cagué a la Pochi. (A él) ¿Estás seguro? ¿Cien veces más?

DEMARCHI.– (triunfal) Por lo menos, o acaso escuchaste que alguien se haya muerto de hambre en Alemania. Nadie, absolutamente nadie. Ahí tenemos que ir, sea como sea, a competir y llenarnos de guita. ¿De qué vale trabajar acá? Si nunca voy a poder salir del pozo, en cambio en Alemania. Los mejores hoteles, piletas olímpicas, saunas. Esa es vida para un campeón y su mujercita. (La ha ido apretando con juegos amorosos contra la pared) Tenemos que llegar a Estro… Estro…  ¿Cómo se llamaba?

PINA.– (a Estela) Nena, tenémelo a mano. Voy a buscar acaroina, así lo desbichamos como Dios manda. El ako como medicina sirve, pero este es un caso fatal, en cualquier momento le agarra un ataque (Sale).

ESTELA.– ¿Cien veces más decís? Y eso en plata argentina. ¿Cuánto es?

DEMARCHI.– (sigue en lo suyo) Estro… Estro… ¿cómo carajo era?

ESTELA.– ¿Cuánto?

DEMARCHI.– ¡Qué sé yo, un fangote! Estro… Estro… Justo ahora me vengo a olvidar que tengo que pedir los pasajes al club. En Alemania es seguro.

PINA.– (pasa llevando cosas) Alemania. ¡Santo dio! Due guerra…

ESTELA.– Che ¿un fangote decís? La Pochi se cae de culo. (Lo mira a Raúl e intenta ayudarlo) Estro… ¡Estrómboli!

DEMARCHI.– No, Estrómboli no. ¿Qué carajo digo en el club?

ESTELA.– Ellos te tienen que dar los pasajes igual.

DEMARCHI.– Sí, pero sin el nombre. Estro…

ESTELA.– No, que no se hagan los piolas. Vos también, si al menos te hubieras federado.

DEMARCHI.– Estro… ¡Estrombótico! No. ¿Y vos que sabés de eso?

ESTELA.– ¿De qué?

DEMARCHI.– De eso, de federarse.

ESTELA.– Todos lo dicen.

DEMARCHI.– “Todos”. ¿Quiénes son todos?

ESTELA.– Qué sé yo, la gente, todos, los del club.

DEMARCHI.– ¿Qué es lo que dicen los del club?

ESTELA.– Que harías mejor federándote.

DEMARCHI.– Ah, y me querés decir que andás hablando en el club, ¿eh?

ESTELA.– Mirá vos, todavía que llevo una vida miserable entre estas cuatro paredes, me voy a privar de ir de vez en cuando al club.

DEMARCHI.– Sabés que son todos unos chusmas. Las minas son todas chusmas y los tipos unos buscas.

ESTELA.– Con no darles pie. (Se pone a barrer).

DEMARCHI.– No darles pie no alcanza. No hay que hablarles, hay que pararse a tres metros, la espalda contra la pared.

ESTELA.– Siempre el mismo exagerado. Alemania, ya veo donde va a terminar todo este asunto del viaje. Otra excusa para atacarte con tus celos.

DEMARCHI.– Mirá Estela, yo a las minas del club me las conozco a todas, y son todas unas reverendas putonas.

ESTELA.– (se para en seco) Y eso qué tiene que ver conmigo. ¿Qué querés decir con eso? (Ahora barre contra él).

DEMARCHI.– Dime con quién andas…

ESTELA.– (le pega una cachetada) Para que aprendas a diferenciar.

DEMARCHI.– No te aprovechés de que…

ESTELA.– (enojadísima) Y correte de acá que estoy barriendo. ¡Qué ilusa que soy! Viajar, ¿dónde va a viajar? De última, qué me va a importar a mí si se federa o no.

DEMARCHI.– ¡Ah! Ahí está, a vos te importa una mierda que yo triunfe. Te importa un carajo que aparezca en los diarios, que sea el ídolo del barrio. Seguro que si fuera Pirulo.

ESTELA.– ¿Qué Pirulo?

DEMARCHI.– Hacete la boluda. Pirulo, el Campeón Municipal de Natación.

ESTELA.– ¿Y qué tengo que ver yo con Pirulo?

DEMARCHI.– ¡Ah! Nada ¿no? Acaso no ibas con tus amiguitas, las esposas de esos importantes cornudos, a ver las competencias de natación. ¿No ibas?

ESTELA.– Sí, ¿y?

DEMARCHI.– ¿Y él no se paseaba acaso con un slip así de chiquitito? ¿O acaso no tenía dos bolas  como toronjas? Me vas a decir que nunca le miraste el bulto, me lo vas a decir.

ESTELA.– Pero qué clase de mujer te crees que soy. Pirulo era amigo de mi hermano, para que sepas. Si alguna vez hablé con él…

DEMARCHI.– ¡La prueba del delito!¡La prueba del delito!

ESTELA.– Lo que a vos te pone loco es que la federación a él lo hizo triunfar, lo vistió de punta a punta.

DEMARCHI.– (ofensivo) La federación lo viste y la degenerada lo desviste. Linda relación sexual-deportiva practicaban.

ESTELA.– ¡Vos qué te crees, infeliz! ¿Qué voy a dejar que me sigas insultando como a una cualquiera? ¿Eh? ¡Hablá! ¡Hablá!

DEMARCHI.– Confesá que se lo miraste… (falso) Yo no me caliento.

ESTELA.– ¿Sabés lo que le miré a Pirulo?¿Sabés?

DEMARCHI.– (Hace gestos) El…

ESTELA.– No, no le mire el (repite el gesto de Demarchi) como se le ocurre a tu mente podrida. Le miré la fuerza que ponía para llevarse todo por delante y triunfar. Pensando que tal vez vos algún día…

DEMARCHI.– Yo también voy a triunfar, y no me va a hacer falta la federación. Porque la federación no sirve para un carajo. Romualdo…

ESTELA.– Romualdo, viejo verde que lo único que sabe es tirarse lances.

DEMARCHI.– Lo único que sabe es dar buenos consejos, porque es un padre para mí.

ESTELA.– No se hable más. ¿Es un padre para vos? Bueno, que papá se pongo, que el club se ponga. Vamos a ver si ellos te dan la guita.

DEMARCHI.– Ellos no pueden negarse.

ESTELA.– Por eso, andá. Andá a que Romualdo te ponga la plata. Pero que no quede todo esto en otro berretín tuyo. Raúl, entrá por esa puerta con los pasajes ¿eh? Con los pasajes.

DEMARCHI.– Al club, claro que sí. ¡Qué tanto! ¿O a ellos no les conviene acaso? (Ha comenzado a correr nuevamente. Queda solo, iluminado por un cenital. Corre en el mismo lugar) Al club bien que le interesan las competencias internacionales. Saben que los puedo representar perfectamente en Estro… Estro… ¡Ahí! ¡Qué alegría les va a dar cuando me escuchen por la radio!

 

Aparece un periodista que se pone a corre junto a él. Lo apunta con el micrófono. Es una fantasía de Demarchi

 

PERIODISTA.– ¿Cómo se sintió nuestro héroe cuando cruzó la meta final?

DEMARCHI.– Me encontré con un Demarchi tranquilo, que sabía lo que venía a buscar. Y por eso me lo llevé.

PERIODISTA.– ¿Sabe, Demarchi, que su nombre se inscribe desde hoy junto al de los grandes de la patria: San Martín, Fangio, Perón?

DEMARCHI.– Este Demarchi está consciente de la responsabilidad que representa ser un ídolo de multitudes.

PERIODISTA.– ¿Qué quiere dejarles como mensaje a la afición de marchistas que lo están escuchando allende los mares?

DEMARCHI.– Demarchi no tiene palabras para todos aquellos que hicieron posible este momento, sólo quiero entonar a modo de agradecimiento las estrofas finales del himno de la institución que represento: “Atlético Abnegados de Bursaco Club. (desaparece el periodista) Atlético Abnegados de Bursaco Club… ¡Ra ra raaaaa!

 

Demarchi se da cuenta de que no hay nadie. Decide seguir su marcha. Suena un tango. Al costado, dos hombres vestidos de guapos bailan

 

TANGUERO 1.– ( a Demarchi, que pasa corriendo) ¿Vas apurado, tanito?

DEMARCHI.– (mira la escena sorprendido, pero no se da por aludido).

TANGUERO 2.– ¡Bachicha!

DEMARCHI.– (se detiene) ¿Me hablaban a mí?

TANGUERO 1.– (al Tanguero 2) Acá viene el corte, siempre te perdés.

TANGUERO 2.– Te pido por la vieja, no me retés delante de la gente.

DEMARCHI.– (vuelve a correr).

TANGUERO 2.– Gringo, ¿a dónde vas?

DEMARCHI.– ¿A mí me hablan?

TANGUERO 2.– Sí, viejo, ¿por?

DEMARCHI.– Porque no soy gringo. (con vergüenza) Mis viejos eran gringos.

TANGUERO 2.– (siempre sin dejar de bailar) Se nota.

DEMARCHI.– Oiga, diga, ¿en qué se nota?

TANGUERO 1.– (al Tanguero 2) Me estás pisando de nuevo, Anselmo.

TANGUERO 2.– Si no te gusta más bailar conmigo decímelo y listo, Pardo, pero no me hagás pasar papelones delante de extraños.

DEMARCHI.– Perdón, pero… ¿en qué se nota?

TANGUERO 1.– Cocoliches, andan a los gritos, vestidos de cualquier manera. Inmigrantes.

DEMARCHI.– Lo dice como con bronca.

TANGUERO 1.– Lo digo. Inmigrantes. Mozada de lindos tipos pudimos haber sido, sin mezcla de gringo o gringa. ¿Sabe de lo que le hablo, no?

DEMARCHI.– Del frío. Aquí hace poco frío, por eso yo voy a Alemania, a cagarme bien de frío y poder desarrollarme. Sin tener que comer bananas ni nada de eso.

Los tangueros se miran desolados, en realidad quieren engañarlo con la venta de cualquier cosa y la elección de Demarchi los deja sin posibilidades.

TANGUERO 2.– Pobre pibe, tiene un sorete atravesado en el mate.

TANGUERO 1.– ¿Qué decís nene? ¿Alemania? Vos estás forfai, ¡Francia! ¡Francia! Ese es el lugar. ¡París! Pibe, Monmartre, le ciel du París. No es argentino si no se ha vivido en París, si no se ha amado y “morido” en París.

DEMARCHI.– Pero Alemania es el país del milagro alemán.

TANGUERO 1.– ¡Mentiras! El milagro alemán es un invento de los americanos: La aplicación del Plan Marshall.

TANGUERO 2.– Pardo, no te pongás teórico, por favor. Que cuando te pones teórico no te sale ni un corte, ni un quiebre como dios manda.

DEMARCHI.– Pero… ¿qué podría hacer yo en Francia?

TANGUERO 1.– Marchar, ¿acaso no es ese su oficio?

DEMARCHI.– Y, sí.

TANGUERO 1.– (extrae un mapa que mira y guarda rápidamente, sin que Demarchi lo pueda consultar) A tres cuadras de la Rue de Avignón, casi, casi, cuando el Sena gambetea la casa de Margot, la que ya no es Margarita. Bueno, ahí hay un bar, un café, y todos los fines de semana se corren carreras de mozos.

DEMARCHI.– (con respeto) Vivió muchos años en París. Se ve que lo conoce bien.

TANGUERO 1.– Nunca pude ir. Por eso bailo con el negro Anselmo, esperando la oportunidad que alguna vez se nos dé.

TANGUERO 2.– Si cada vez que pasa algún chitrulo te ponés a darle charla, poco vamos a adelantar.

DEMARCHI.– Así que marcha de mozos.

TANGUERO 1.– Sí, con bandejas, y platos, y todo.

DEMARCHI.– Por ahí puedo hacer doblete ¿no?  Digo, me pongo a trabajar en un bar y de paso corro.

TANGUERO 1.– Claro pibe, es la tuya.

DEMARCHI.– Y… ¿se gana bien?

TANGUERO 1.– ¿Si se gana bien? No te das una idea. Allá un peón industrial debe estar cobrando… (complicidad con el Tanguero 2).

TANGUERO 2.– ¡Puffff!

TANGUERO 1.– ¡Puffff! Más que acá.

DEMARCHI.– (entusiasmado) ¿Tanto?

TANGUERO 1.– (complicidad con el Tanguero 2).

TANGUERO 2.– ¡Puffffff!

TANGUERO 1.– Y más si te descuidás y más.

DEMARCHI.– La puta. Y peón industrial, que es un trabajo de mierda.

TANGUERO 1.– El último. Allá viene peón industrial y después muerto e´ frío.

DEMARCHI.– ¡Qué lo parió! Y por ahí es mejor negocio que ir a Alemania, ¿no?

TANGUERO 1.– Es otra cosa pibe, en Francia sos dueño de casa. ¿Quién no conoce allá a Gardel?¿Quién no conoce a Monzón? Si te descuidás terminás cenando con Delon.

DEMARCHI.– Eso le gustaría a mi…

TANGUERO 2.– (visiblemente perturbado) Estás completamente desconcentrado, Pardo. Perdoná, pero la seguimos otro día que no tengamos ciertos objetos molestos a nuestro lado. Bay bay (Sale ).

DEMARCHI.– (turbado) ¡Uy! Perdone Pardo, se enojó su…. ¿pareja?

TANGUERO 1.– No se haga problema, los guapos son así, duros por fuera pero de corazón blando. Perdone la infidencia. ¿Usted tiene vieja, don…? (Ha olvidado su nombre).

DEMARCHI.– Demarchi.

TANGUERO 1.– ¿Tiene vieja, Demarchi?

DEMARCHI.– No, mi madre murió cuando yo era muy chico.

TANGUERO 1.– Mejor así. Mejor así. Uno se hace hombre antes. En cambio yo, por desgracia, aún la tengo con vida. Un tanguero con madre está anulado para siempre. En el treinta iba a viajar con el Sexteto Barrios, y mamá tuvo un ataque de hipos.

DEMARCHI.– (sin saber qué decir) El hipo es peligroso.

TANGUERO 1.– Por lo menos cuando no para. En el cuarenta y siete pude viajar acompañando a la Típica del maestro Aldao, y a mamá le agarró presión al ojo.

DEMARCHI.– Floja la vieja.

TANGUERO 1.– (ofendido) No se lo permito. Un roble, lo que pasa es que somatiza la pobre. Pero usted es solo, debe aprovechar.

DEMARCHI.– Estoy casado, tengo esposa.

TANGUERO 1.– ¡Bah! Las mujeres nos abandonan, se pasan la vida colgándonos la galleta y si no, al menor descuido, nos coronan (hace señas de cuernos).

(Evocativo) Yo amé a tres mujeres, las tres me dejaron, las tres se fueron, las tres me coronaron. (Se pone a llorar en silencio).

DEMARCHI.– ¡Eh, Pardo! No es para tanto. Usted lo dijo, quien más quien menos, cornudos somos todos. Cornudos somos todos.

TANGUERO 1.– (saliendo de la situación rápidamente) ¡Cornudo será usted! Porque yo, como buen tanguero no puedo ser cornudo. Las mujeres nos dejan para hacer la vida o irse detrás de algún varón que las acamala con mango duradero. Pero nunca dejan de amarnos. Jamás de los jamases. No es como ustedes los civiles. Tarea difícil no ser tanguero en este nuevo de siglo. Tarea difícil.

DEMARCHI.– Es cierto, las mujeres son ingratas.

TANGUERO 1.– Esa es la palabra, ingratas. Y dígame, amigazo, ¿cómo piensa viajar a Europa? ¿Está federado?

DEMARCHI.– No, usted también con lo de la federación. No, Pardo, yo me la juego solo. (Se queda pensativo) Eso sí, los pasajes pensaba pedírselos al club.

TANGUERO 1.– ¿Los pasajes? ¡Qué! ¿No se va solo?

DEMARCHI.– No, necesito tres, uno para Estela, mi mujer…

TANGUERO 1.– No m´ hijo, usted delira. Si va con esa propuesta el club lo va a sacar a patadas. Mándese solo, hágame caso.

DEMARCHI.– (habla rápidamente, para que no se le entienda) Sí, pero cómo se lo explico a mi mujer.

TANGUERO 1.– ¿Qué? ¿Qué dice?

DEMARCHI.– Cómo se lo digo a mi mujer.

TANGUERO 1.– A ver Demarchi, o yo escuché mal o usted dijo una boludez así como (lo imita) “Cómo se lo digo a mi mujer.”.

DEMARCHI.– Mire, Pardo, quizás usted se haga una idea diferente…

TANGUERO 1.– (cortándolo) No. Para mí usted es un calzonudo, a secas. ¿Dónde tiene los huevos, Demarchi? El asunto es simple. Supongamos que usted llega a su casa… (Se planta delante de Demarchi, le da una pitada a un cigarrillo imaginario, lo tira) Me voy sólo a Europa, prenda, cuestión de presupuesto.

DEMARCHI.– Pero…

TANGUERO 1.– (le pega un cachetazo) Llóreme y hágase costurera hasta que yo vuelva. (Demarchi furioso se abalanza contra el tanguero para pegarle. El tanguero lo detiene y tranquiliza) Supongamos, Demarchi, supongamos.

DEMARCHI.– Supongamos un carajo. Además a mi mujer no le gusta coser.

TANGUERO 1.– Es una forma de decir, Demarchi, es una forma de decir.

DEMARCHI.– Igual, me parece muy violento.

TANGUERO 1.– Sáquele la cachetada, y si no se anima, dígale que algún día la va a mandar a buscar.

DEMARCHI.– ¿Algún día?

TANGUERO 1.– (haciendo ademán de algo muy lejano) “Algún día”, Demarchi, “algún día”, ¿me entiende?

DEMARCHI.–¡Ah! Algún día, algún día. ¡Ja! Usted, sí que es piola. Bueno, ahora me tengo que ir. Gracias por todo, don Pardo. (Comienza a correr, no sabe bien para dónde).

TANGUERO 1.– ¡Ah! Demarchi, me olvidaba. ¿Usted piensa viajar así a Francia?

DEMARCHI.– ¿Así, cómo?

TANGUERO 1.– Con esas pilchas, ¿no piensa llevar funyi y pañuelo al cuello?

DEMARCHI.– ¿Hará falta?

TANGUERO 1.– ¿Falta? Es cuestión de querer triunfar o terminar debajo de un tranvía. Vamos, pibe, tenga. (Le coloca el funyi y el pañuelo al cuello, sosteniéndolo con una mano).

DEMARCHI.– Bueno, muchas gracias, Pardo. (Intenta salir pero Tanguero 1 lo ahorca).

TANGUERO 1.– Se lo vendo.

DEMARCHI.– ¡Ah! Sí, claro, yo no pensaba que usted me lo iba a… (Comienza a buscar la plata) ¡Huy! Cierto que le dí la guita a Prometeo, pero… ¿no se ofende si le doy un reloj, don Pardo?

TANGUERO 1.– (lo estudia) ¿Rubíses?

DEMARCHI.– (con temor) Cuarzos.

TANGUERO 1.– Y bueno, si no hay otra cosa. Chau Demarchi, y no se olvide París, le ciel du París (Se coloca como un ladrón el reloj en la muñeca y sal)

 

Demarchi queda solo, está más cansado, corre en una y otra dirección

aparece Pina luchando para meter una planta dentro de una olla

 

PINA.– Ma, tengo que hervir esta planta de akenko y no quiere entrar, madonna santa (forcejea).

 ESTELA.– (entra arrastrando dos valijas) Conseguí dos valijas. No sé si las voy a usar, pero no te das una idea  la cara de la Pochi cuando le dije que las necesitaba para irme de viaje.

PINA.– ¡Ya está!

ESTELA.– Dentro de un rato empiezan a caer todas. Era hora ¿no? Alguna vez me tenía que tocar. (Siente el olor extraño del ajenjo) ¿Y ese olor? Es espantoso.

PINA.– Akenko. Si no lo curamos con esto vamos a tener que actuar con rigor.

ESTELA.– Justo hoy se te ocurre.

PINA.– Ese muchacho tiene los días contados.

ESTELA.– ¡Bah! Sabés que no lo va a tomar. Viste como es Raúl.

PINA.– No sé que se cree, ¿qué lo voy a matar? Para que tome el terrón de azucar con acaroína fue todo un drama.

ESTELA.– Lo lamió el gato y casi se muere.

PINA.– Sobredosis. Ma… ma… qué saben ustedes de esto. Hay que terminar de una buena vez con las lumbrices. Este país está infestado de parásitos. (Le acerca la cuchara) Vení, probá. Primero tenés que comer una cucharada de miel para que los gusanos suban y después ¡praf! le tirás el akenko de un trago.

ESTELA.– Estás loca si pensás que voy a tomar eso.

PINA.– ¡Ah! Estúpida y cabeza dura como el vago del marido.

ESTELA.– No hablés así de Raúl.

PINA.– ¡Ah no! Y qué quiere que diga, ¿o acaso no te casaste con un vago?

ESTELA.– No tuvo suerte, pero ahora…

PINA.– Pero ahora qué, se sigue metiendo en problemas.

ESTELA.– (ambiciosa) Él quiere triunfar, ser famoso. Eso cuesta. O vos te creés que el marido de la Pochi…

PINA.– Pavadas, con tal de no trabacar. Cuando a las cansadas consigue un trabaco empieza con los remilgues: que no es para él, que esto, que aquello. Hasta que lo terminan echando, y no por revoltoso o gremialista. Ah, no, al señor lo echan por pelotudo.

ESTELA.– La última vez cometieron una injusticia.

PINA.– Claro que fue injusto, no lo tendrían que haber echado, lo tendrían que haber fusilado.

ESTELA.– Confundió unas manijas, nada más.

PINA.– “Confundió unas manicas, nada más”. Una decía entrada, la otra salida. ¿Qué hizo? Llenó de mierda la casa del cliente. Y no contento con eso, le tiró mierda encima.

ESTELA.– El hombre lo enfrentó.

PINA.– Lo quería matar, y con razón, le vaciaron un carro atmosférico sobre los muebles. Yo ya me lo veo. “Dejenme a mí, dejenme solo”. ¡Ma!

ESTELA.– Es un buen muchacho, algún día…

PINA.– “Un buen muchacho”, con que no salga a matar bambinos a las tres de la mañana no ganamos nada. Y además lo belín que tiene con las carreras, todo el día dele que dele sacudiendo el esqueleto. (Pausa, rememora) ¡Ay! Si me hubieras hecho caso, estarías casada con Estéfano. Ese sí que era un hombre sano.

ESTELA.– Estéfano, mamá, tenía setenta años y le faltaba un ojo.

PINA.– Pero bien que te miraba con ese oquito que le quedaba. Me acuerdo que cuando te nombraba siempre lloraba y yo le decía: “Estéfano, no llore que se le va a nublar la vista y tiene que volver en bicicleta”. Y él, que era propiamente un comendadore: “No, cara Pina, una lágrima derramada por una muquer vale más que todo un río”. Estéfano no te hubiera hecho faltar nada.

ESTELA.– (sobradora) ¿Qué buen partido, eh?

PINA.– Sí, un laboratore. La cosa está difícil, pelee, rómpase los cuernos trabacando.

ESTELA.– Ya lo viste, se fue corriendo a solucionar las cosas.

PINA.– ¡Ah, sí! El viake allá. Pero cómo te empaquetó con lo del viake.

ESTELA.– No es así.

PINA.– Vamos, te conozco bien. Te empaquetó cuando vino disfrazado de pipistrelo.

ESTELA.– Y bueno, a quién no le gusta viajar. Alemania ha de ser un país lindo ¿no? Lleno de alemanes.

PINA.– Sí, no va a ser de napolitanos.

ESTELA.– Digo, de gente importante, empresarios, artistas. Sabés una cosa, la Pochi una vez me contó que ellos se querían ir a Alemania. ¿Entendés? ¿Entendés ahora, vieja, por qué me enamore de Raúl? De sus sueños, sus ilusiones.

PINA.– De sus ambiciones, querrás decir, de sus ambiciones.

 

La conversación es interrumpida por Demarchi que entra.  Viene tarareando la marsellesa con aire de tanguero. Lleva puesto el pañuelo al cuello y el funyi. Se lo ve cada vez más cansado.

 

PINA.– (tomándole el pelo) ¡Cagamos! ¡Se armó la Revolución Francesa y parece que Culio Sosa viene al frente!

DEMARCHI.– (con exagerado tono porteño, percibiendo el mal olor) He cambiado de destino.

PINA.– No, si algo alborotado se lo veía.

ESTELA.– ¿Qué pasó en el club? ¿Nos vamos a Alemania, no?

DEMARCHI.– (canchero) Este que, “ir” no “vamos” a ningún lado mi costurera. No sé si fui claro, este que.

PINA.– Si es por mí no se hagan problema, de acá no me muevo.

ESTELA.– Mirá Raúl que vos prometiste.

DEMARCHI.– Pretérito. He decidido cambiar de rumbo. Olvídensen de Alemania, aló Francia.

ESTELA.– (para sí) La Pochi se me caga de risa.

PINA.– (a Estela por lo bajo) Abaracalo nena que le zampo el akenko.

DEMARCHI.– Queridísima suegra finíshela con los vermes.

PINA.– Si no se deca va a ser peor.

DEMARCHI.– Soy un deportista, no puedo automedicarme.

PINA.– Estelita, hacelo entrar en razones de una vez. Y que se coma la cuchara.

ESTELA.– Mamá, acabala un poco vos también. (A Raúl) Y vos. ¿qué esperás para desembuchar qué pasó con los pasajes?

DEMARCHI.– Hay problemas de presupuesto.

ESTELA.– ¿Pero fuiste al club?

PINA.– ¿Fue al club?

ESTELA.– ¡Pará mamá! ¿Fuiste?

DEMARCHI.– (no sabe qué contestar) Presupuesto.

ESTELA.– ¿Hablaste con Romualdo?

PINA.– ¿Habló con Romualdo?

ESTELA.– ¡Pará! ¿Hablaste?

DEMARCHI.– Presupuesto.

ESTELA.– ¿No te dan los pasajes?

DEMARCHI.– Presupuesto, digo, por supuesto. (Recrea la misma situación que vivió con los tangueros. Da una larga pitada a un cigarrillo imaginario, lo tira) Prenda, me voy solo a… (Estela se le abalanza amenazadora, el concluye temeroso) pero no tardaré en enviarte una esquela con algunos morlacos desde la ciudad luz.

ESTELA.– Estás loco si pensás que me voy a quedar acá. Está enterado todo el mundo.

PINA.– (apuntándolo con la cuchara) Usted si quiere se va solo, pero primero me abre la boca. Al menos de acá sale curado.

ESTELA.– Mamá, haceme el favor de terminarla con eso.

PINA.– ¡Suicidas! Van a reventar llenos de gusanos. Y lo peor es que van a contagiar a todo el barrio. (Se toma una cucharada) ¡Ahj! ¡Qué cosa asquerosa! (Le dan arcadas, sale corriendo a vomitar).

DEMARCHI.– No ves, en la edad media estamos. Por poco no se pone a hacer magia negra.

ESTELA.– Me querés decir, cómo le explico ahora a la Pochi que no viajo, ¿eh? ¿Me lo podés explicar?

DEMARCHI.– Pero querida, es un cambio de rumbo, nada más que un cambio de rumbo. De golpe me dije ¿Y por qué no Francia?

ESTELA.– Y todo el asunto del frío, que en Alemania…

DEMARCHI.– El frío… (encuentra la excusa) ¿y el frío de París? ¿La nieve de París? ¿Te imaginás, Estelita? Vos y yo, paseando en trineo por la rue de Avignón. Te imaginás, esquivando computadoras, autos último modelo, rayos láser, misiles…

ESTELA.– Pero, ¿y la guita? En Alemania ibas a cobrar un fangote.

DEMARCHI.– ¿Y en Francia? ¿Sabés cuánto gana un peón industrial en Francia?

ESTELA.– No sé, ¿cuánto?

DEMARCHI.– (hace el gesto que en su oportunidad hicieron los tangueros) ¡Puffff!

(Entra Pina, limpiándose la cara y desencajada)

ESTELA.– Si, ¿pero allá quién te conoce?

DEMARCHI.– Crazo error, ma famme. Somos de la patria de Gardel y Monzón. Si sos argentino allá se te abren todas las puertas.

PINA.– De la cárcel.

DEMARCHI.– ¡Bah! (Vuelve a Estela) Si te descuidás, terminás cenando con Delon. En Francia nos conocen mejor que acá.

PINA.– Me lo imagino, bacando del avión y los franchutes a los gritos: “Ahí baca Raúl Demarchi, el pelotudo argentino que se equivocó de manicas y le llenó de mierda la casa al señor Pandolfi”.

DEMARCHI.– Falla operativa.

PINA.– La lumbriz que se le ha ido a la cabeza. Pero lo voy a curar, vivo o muerto. (Lo persigue).

DEMARCHI.– Atrás, atrás. Ni ebrio ni en pedo voy a consumir ese medicamento del tercer mundo.

PINA.– Le conviene Raúl, le conviene. Mire que si no el tratamiento se pone más agresivo.

DEMARCHI.– Cualquier cosa antes que tomar eso.

PINA.– Ma bene, lo voy a curar con palabras.

DEMARCHI.– Así sí.

PINA.– Sáquese los pantalones y los calzoncillos.

DEMARCHI.– ¿Qué dice? ¿No me iba a curar con palabras?

PINA.– Sí, ma primero me tengo que colgar de sus pelotas y zapatear.

DEMARCHI.– (huyendo) Atrás, bruja, atrás.

PINA.– Atacalo, Estelita, que se me escapa y está en pleno ataque.

DEMARCHI.– Déjeme tranquilo, no veo la hora de irme para no verla nunca más.

PINA.– Me tendrá que seguir viendo, porque mi hica no se va a ir así, a tontas y locas.

ESTELA.– ¡Pará, mamá! Esas cosas me parece que las tengo que decidir yo ¿no cierto?

PINA.– Pero si este loco no te va a llevar a ningún lado.

ESTELA.– Eso no. (Lo mira a Raúl) ¿Francia?

DEMARCHI.– Francia.

ESTELA.– Francia, no es joda, vieja. Al final es mi marido, si la fama ha golpeado a su puerta debo estar junto a él. Vos ya viviste tu vida, vieja. Sos una mujer fuerte, de hambre no te vas a morir. De última que te aguante un poco mi cuñada también.

PINA.– ¡Santo dio! He criado cuervos. Bien hubieras hecho en casarte con Estéfano, ese sí que era un hombre sano.

DEMARCHI.– (sobrador) Tenía setenta años y le faltaba un ojo.

PINA.– Sí, pero trabacador y con corazón. ¡Qué coder! Él nunca me hubiera dejado de lado.

DEMARCHI.– Sepa señora…

PINA.– ¡Señora! ¡Nada! Mucha cosa grande va a conseguir afuera, mucha cosa grande. ¡Parásito!

ESTELA.– Mirá mamá…

PINA.– Y vos callate la boca, no sos mucho mecor que este. Siempre midiendo cómo la tienen de larga los demás.

ESTELA.– No estarás hablando de mis amigas.

PINA.– De esas arpías y de los parásitos de los maridos: abogados, militares, gobernadores. Falta un cura y estano completo. Pobre país, está todo bichado, no hay quien se salve de los parásitos. (Mientras sale) Hay que fumigarlo tuto, hay que fumigarlo tuto.

DEMARCHI.– (furioso) ¡Me tiene podrido! Un día de estos… (se acomoda para sentarse).

ESTELA.– ¿Qué hacés?

DEMARCHI.– Me quiero sentar un ratito. Después voy al club, no doy más.

ESTELA.– ¿Cómo? ¿Todavía no fuiste a ver a Romualdo? ¿Qué esperás?

DEMARCHI.– Tu vieja, tanto hinchar.

ESTELA.– Te dejás de joder y te vas inmediatamente para el club. Y acordate, no vuelvas sin los pasajes, te les plantas ahí hasta que te den los pasajes. O acaso no tenés pelotas. Volvé en media hora con los pasajes ¿me oís?, porque sino te voy a perder el respeto. Ya pedí las valijas, ya se lo dije a todo el mundo. Yo viajo igual, no me voy a volver atrás. En media hora acá. ¿entendiste?

DEMARCHI.– (que ha empezado a correr) Sí, media hora, o…

ESTELA.– Sincronicemos los relojes.

DEMARCHI.– ¿Qué?

ESTELA.– Los relojes, no te pienso dar un minuto más. Sincronicemos.

DEMARCHI.– (busca el suyo y no lo encuentra, disimula) No, está bien, no hace falta. (Se golpea la cabeza) Acá, media hora, voy y vengo. Despreocupate vieja. Francia, ja, preparate… (Queda solo. Corre) ¡La mierda! Media hora. Pero esto va a ser rápido. El club no se puede negar, a ellos les interesa. ¡Cómo no les va a interesar que los represente en… ¿dónde era? ¡Uy! Me olvidé. Quedaba cerca de lo de Ninón… ¿o era Margot? Sé que era por el río, ese famoso… Fernando Po… “Y si en la ruta, tocás Calcuta, andate a la puta que te…” No, ese es el cantito. ¡El cantito! Justamente en el club lo aprendí. No, ellos no me pueden fallar. Cuántas veces tuve que pedir cosas y en el club nunca me hicieron historias. Una vez, me acuerdo, que necesitamos guita para comprar una bandera y Romualdo, que ya era protesorero y concesionario del buffet, peló la guita ahí nomás de la bolsa. Después, me acuerdo, lo quisieron joder. Los burócratas, como decía él, “los burócratas quieren mi cabeza”. ¡Qué lo parió! Pero no me van a fallar, esta vez tampoco me van a fallar. El club…

 

Demarchi sigue corriendo. De pronto lo ve a Romualdo que está parado junto a las valijas, fumando

 

DEMARCHI.-  ¡Romualdo! Te estaba buscando.

ROMUALDO.– ¿Qué hacés, Raúl?

DEMARCHI.– Ya lo ves, entreno.

ROMUALDO.– Hacés bien pibe, ojalá todos… (tiene ataques de tos, de vez en cuando, por el cigarrillo) …en este club pusieran el mismo empeño.

DEMARCHI.– Yo siempre quise la camiseta, vos lo sabés.

ROMUALDO.– Siempre lo digo, ese pibe Demarchi parece de nuestra camada. De los que por primera vez en la historia del club lo hicimos participar en un campeonato oficial de tercera. ¡Qué año ese!

DEMARCHI.– Te cansaste de hacer goles.

ROMUALDO.– ¿Te acordás?

DEMARCHI.– Era pibe, pero no tanto como para no recordarlo. Fue peor que una revolución.

ROMUALDO.– Y a que no te acordás cómo me decían.

DEMARCHI.– “El negro Vengativo”.

ROMUALDO.– Tenés memoria, tenés memoria. No, si cuando digo este tiene buena madera, ponele la firma que es campeón.

DEMARCHI.– (comienza a jugar con el funyi que trae puesto, imitando a un locutor)  El negro Vengativo entra a la cancha, Romualdo Pérez, luciendo la casaca verdeazulina del Atlético Abnegados de Bursaco Club. (Romualdo le intercepta el sombrero como si fuera una pelota y se lo coloca).

ROMUALDO.– ¡La puta! ¡Qué épocas aquellas! Era otro fulbo. Se dejaban los huevos en la cancha, se ganaba o se perdía, pero no podía terminar el partido sin agarrarnos a los sopapos.

DEMARCHI.– Eran verdaderos deportistas.

ROMUALDO.– Varones en el campo de “Martes”.

DEMARCHI.– ¿Qué?

ROMUALDO.– No, una licencia. Pero che, Raulito, ¿qué te trae por acá? Comienza a sacar botellas y platos con ingredientes para vermouth.

DEMARCHI.– Mirá, Romualdo, te la voy a hacer corta, y no te voy a andar con muchas vueltas.  Tengo que viajar a Europa.

ROMUALDO.– (sin impresionarse por nada) Está bien, pibe, me parece bien. Es lindo pasear de vez en cuando. ¿Cuándo salís? ¿Van en charter?

DEMARCHI.– No, Romualdo, no me voy de vacaciones. Quiero representar al club, al Atlético Abnegados en Europa.

ROMUALDO.– Mejor que mejor, pibe, mejor que mejor. Por ahí entrás en uno de los primeros puestos, y te sacan alguna fotito. ¡Qué los primeros puestos! Vos estás para ganar, te lo digo yo, seguro que te traés la copa. Seguro, no sería nada raro. ¡Carajo, Raulito! Ya te veo en la primera plana, o tal vez en El Gráfico… ¡Eso! La tapa de El Gráfico para voz solo, chivando como un burro pero feliz, sonriendo para toda la afición que te va a recibir en Ezeiza. ¿Sabés lo que es eso? No, vos sos muy pendejo para darte cuenta. ¡Caravanas! ¡Qué digo caravanas! Ristras y ristras de autos como chorizos y Raulito arriba de la cisterna del autobomba, meta sirena, meta sirena. Hasta plaza de Mayo no paramos. Ya te veo, Raulito, codo a codo saludando desde el balcón con el presidente. Sabés que tiene obligación de recibirte, ¿no? Por el protocolo, que ellos le llaman. Y abajo la gente gritando, alabándote, haciéndose caca encima por vos. Raulito, toda la plaza de Mayo haciéndose caca encima, hirviendo en un solo grito: Demarchi, Demarchi, Demarchi… (Termina en un ataque asqueroso de tos)

DEMARCHI.– Eso, Romualdo, te imaginás: Raúl Demarchi Campeoné Argentiné.

ROMUALDO.– ¿Qué te pasa? ¿Por qué hablás así?

DEMARCHI.– Porque voy a Francia, Romualdo, la ciudad luz.

ROMUALDO.– ¡Ah!

DEMARCHI.– Campeoné Argentiné de Marché.

ROMUALDO.– (lo corrige) Demarchi.

DEMARCHI.– No, de marché, de marcha. Campeón Argentino de Marcha, ¿entendés?

ROMUALDO.– Claro, claro. Lo que yo digo.

DEMARCHI.– Ya me veo parado en el podio, con una corona de laureles en la sabiola, la casaca verdeazulina con el escudo de tres calas y mojando a todos con champagne.

ROMUALDO.– (moqueando, le saca el pañuelo a Demarchi y se suena la nariz) ¡Basta! ¡Qué cuadro! ¡Qué cuadro! Me parece verte y se me llenan los ojos de lágrimas. Como cuando le afanamos el partido al equipo de Villa Carestía.

DEMARCHI.– ¿Cómo que se lo afanamos?

ROMUALDO.– Habíamos encerrado a la hermana del referí en los vestuarios. Si no nos daban un penal a favor nuestro le dijimos que se la iba a coger toda la tercera y parte de las inferiores, ganamos uno a cero.

DEMARCHI.– (desilusionado) Me acuerdo. El penal que embocaste pegadito, pegadito al poste de la izquierda.

ROMUALDO.– ¡Cómo jugamos aquella tarde! Y bueh… a qué llorar carajo, ese fulbo no vuelve. Pero bueno, che, vamos a festejar con una ginebrita tu partida al viejo mundo.

DEMARCHI.– Sí, como no. Pero, sabés Romualdo, lo que necesito es que me ayuden. Que el club me de una mano.

ROMUALDO.– Para eso estamos.

DEMARCHI.– Los pasajes, Romualdo, los pasajes, nada más. Yo allá me la bancaría, pienso laburar de mozo. ¿Sabés?

ROMUALDO.– Los pasajes, los pasajes. No sé, Raulito, tendrías que presentar una nota. Ya sabés, de aquella vez que metí la mano en el bolsillo para garpar la bandera, y que el hijoeputa de Ramírez me armó semejante quilombo que casi pierdo la protesorería. No puedo tocar un peso.

DEMARCHI.– Una nota. Y eso ¿cuánto tarda?

ROMUALDO.– Y, eso va a los pedos. Me das la nota a mí y se estudia en la Reunión de Comisión y chaupinela.

DEMARCHI.– Se reúnen seguido.

ROMUALDO.– Y sí, una vez al año.

DEMARCHI.– ¿Y cuándo toca?

ROMUALDO.– Tendrías que esperar un año, la de este fue el jueves pasado.

DEMARCHI.– ¡No! ¿Y no se podría hacer algo?

ROMUALDO.– Unicamente una extraordinaria, pero…

DEMARCHI.– (nervioso) ¿Pero qué?

ROMUALDO.– Pero deben ser convocadas según lo dice el estatuto.

DEMARCHI.– ¿Y qué problema hay?

ROMUALDO.– No, ninguno, solamente tenés que cumplir con el estatuto.

DEMARCHI.– (fuera de sí) ¡Y qué joder! Se cumple con el estatuto y listo.

ROMUALDO.– No es tan sencillo.

DEMARCHI.– ¿Qué es lo que no es sencillo, Romualdo?

ROMUALDO.– Cumplir con esa cláusula del estatuto.

DEMARCHI.– ¿Por qué carajo no es sencillo cumplir con esa cláusula del estatuto?

ROMUALDO.– Porque exige que para que se realice una extraordinaria se debe contar con el voto, unánime, de todos los que integran la comisión.

DEMARCHI.– ¿Qué problema hay entonces? Se los convence y listo, son tres gatos locos.

ROMUALDO.– No, ahí está el problema. Como el recuento de votos es a mano alzada, Rodríguez vota siempre en contra de lo que vote yo. Ya lo dijo. Después de aquella pelotera en que le bajé tres dientes de una trompada, cuando me encontró con su mujer en el baño. De esa vez me la juró el muy turro.

DEMARCHI.– (ssombrado) Vos ¿te cogías a la mujer de Rodríguez?

ROMUALDO.– También.

DEMARCHI.– ¿Cómo, también?

ROMUALDO.– Y por que no era el único, hasta los segundos vocales se la pasaban. Por eso te digo, pibe, por ese lado no va. Te quedaría que proyectemos una rifa.

DEMARCHI.– Eso está piola.

ROMUALDO.– Si no fuera que ya largamos una de doscientos números para poder cambiarle el paño a la mesa de billar del buffet, y el estatuto…

DEMARCHI.– (astuto) Y el estatuto de mierda prohibe hacer dos rifas el mismo año.

ROMUALDO.– ¿Cómo lo sabías?

DEMARCHI.– Me lo imaginaba.

ROMUALDO.– No, si cuando yo digo que el pibe tiene buena madera. Pero no te calentés, de algún upite saldrá sangre, ya vas a conseguir la guita. Tenés empuje. Aunque sos un mocoso, tenés la polenta de los nuestros, de los de antes, hombres honestos en las lides deportivos.

DEMARCHI.– ¿Y de dónde voy a sacar toda esa guita? Únicamente que mande a mi mujer a revolear la cartera.

(Se hace un silencio)

ROMUALDO.– No es mala idea.

DEMARCHI.– ¿Qué decís?

ROMUALDO.– Supongamos. La piba no está nada mal, y una culeadita más o menos…

DEMARCHI.– (se le va encima) Me hablás en broma ¿no?

ROMUALDO.– Supongamos, supongamos.

DEMARCHI.– Supongamos una mierda.

ROMUALDO.– ¡Ja! Celoso el torito. Como los de mi época. No ves que te estoy cargando, gil. (Cambia de tema) ¿Tenés un faso por ahí?

DEMARCHI.– (saca un atado, le convida uno, Romualdo le saca todo el paquete y se lo guarda) ¿Qué hacés?

ROMUALDO.– Te cuido, boludón, te cuido. Fumando no vas a llegar nunca a ser un verdadero campeón. (Se va con el cigarrillo en la boca. Da media vuelta) ¡Ah! Tomá, vendeme estos numeritos, cinco guita cada uno, se rifa una torta.

DEMARCHI.– Como para vender rifas estoy. Necesito una mano del club, sé que puedo triunfar.

ROMUALDO.– Claro que sí Raúl, vos vas a triunfar. Tenés garra, sos joven… sin asco para adelante ¿eh? Y suerte, mucha suerte. (Amaga salir).

DEMARCHI.– ¿Eh? ¡Che! ¿Dónde vas?

ROMUALDO.– Y, qué querés, que me quede todo el día boludeando. Uno tiene sus obligaciones.

DEMARCHI.– ¿Me largás duro, entonces?

ROMUALDO.– ¿Qué querés que haga, Raulito?

DEMARCHI.– Entonces el viaje, la carrera, el primer premio, la copa, la tapa de El Gráfico, la autobomba, el presidente… El club se caga en todo eso.

ROMUALDO.– Raúl, vos sabés que nunca se te negó nada. Hasta una vez…

DEMARCHI.– Sí, metiste la mano en el bolso, y los burócratas, y el hijouemilpuetas de Ramírez, y los pajaritos de colores. Esa anécdota ya la escuché, Romualdo. Pero no quiero anécdotas, quiero algo bien concretito: un pasaje. Mirá lo que te digo, un pasaje.

ROMUALDO.– Estuviste corriendo mucho, estás nervioso. Por ahí no te estás alimentando bien. No sería nada raro que estuvieras ojeado o con parásitos.

DEMARCHI.– ¡Por favor! No vengas a joderme, vos también, con los parásitos. Por lo que más quieras.

ROMUALDO.– Hacé una cosa. Te vas a tu casa, le decís a Estela que te prepare unos matecitos y te acostás.

DEMARCHI.– No estoy enfermo ¿entendés? Me quiero ir de viaje (se le cuelga de la ropa) y ustedes me van a ayudar, me van a tener que ayudar a ganar esta competencia. Allá las cosas son distintas, Romualdo, yo sé que allá voy a poder. Pero ustedes me tienen que bancar. Sea como sea, me tienen que bancar. Y no me salgás con boludeces como esa de mi mujer ¿eh? Que nadie te dio permiso para andar diciendo huevadas.

ROMUALDO.– (sacándoselo de encima) ¿Qué decís, pibe?  A ver si todavía te tengo que fajar. Mirá, lo mejor que podés hacer es rajar de acá. Con prepotencia a mí. Miralo al pendejo. ¡Guachos de mierda! No respetan nada. (Amaga a salir).

DEMARCHI.– (lo detiene) Esperá, no te vayas, me tenés que dar una solución, no te voy a dejar ir sino me das una solución.

ROMUALDO.– (lo empuja) ¡Avisa! ¿Quién carajo te creés que sos?

DEMARCHI.– Perdoná, vos sabés que sos un padre para mí. Pero estoy desesperado. Soy un boludo, ya lo sé, pero necesito esa guita, la necesito.

ROMUALDO.– Acá, atrás del mercado, hay un chino que presta guita. Claro que en esa… metete solo. Yo, argentino. Argentino (sale).

DEMARCHI.– (lo ve irse) Me largás duro, nomás, duro. Mucha honestidad deportiva, mucha camiseta, pero a la hora de la verdad… ni la hora… (Comienza a correr. Lleva una mano a la muñeca, palpa donde tenía el reloj, luego el cuello y la cabeza, buscando las cosas perdidas) Romualdo, viejo querido, vos también me cagaste. “No te federes, jugala solo”. Si al menos me hubiera dedicado a la posta… uno corre, el otro agarra el palo, por lo menos son cinco o seis boludos dando vueltas, pero solo… Al final, Estela tenía razón. Estela, cómo hago para volver con las manos vacías (evocativo), Estelita, la descuidé siempre, y ahora cuando la miro me parece una extraña. ¡Qué lejos estamos de cuando nos conocimos! Yo corría por la costa, tendría veinte pirulos, dos más que ella. ¡Futuro! Me iban a hablar de futuro…

 

Aparece Estela, como en un sueño, a su lado. Su discurso es excesivamente lírico.

DEMARCHI.– Hola, ¿cómo te va? (Aparte al público) Esas fueron las primeras palabras que le dije.

ESTELA.– Camino se hace al andar.

DEMARCHI.– (aparte) Supe que podíamos ser amigos.

ESTELA.– Tener un amigo es saber que uno no está solo.

DEMARCHI.– ¿Sabés una cosa? Sos muy linda. (Aparte) Comprendí que la amaba.

ESTELA.– Lo esencial es invisible a los ojos.

DEMARCHI.– (aparte) Estaba perdidamente enamorado. (A Estela) Me parece que te quiero.

ESTELA.– Amar es nunca tener que pedir perdón.

DEMARCHI.– Y aquella tarde corrí el mejor de los caminos.

ESTELA.– Eres el perfume de mi vida.

DEMARCHI.– Te quiero tanto, desde que te quiero, que de quererte más, tan sólo un poco, me volvería completamente loco, como una polilla dentro de un ropero.

ESTELA.– Amar es esperarlo con la mesa servida.

DEMARCHI.– (aparte) Nos entendíamos tanto, que parecía que siempre hubiésemos estado juntos. Así pasaban los meses…

ESTELA.– ¡Feliz Aniversario! (Pausa) Quiero vivir con vos toda la alegría de esta fecha.

DEMARCHI.– (aparte) Yo buscaba una prueba más contundente de su amor. (A Estela, con violencia) Entregáteme, no me hagás sufrir más, por favor.

ESTELA.– Si lloras de noche por el sol, no podrás ver las estrellas.

DEMARCHI.– Vamos, entregáteme.

ESTELA.– Hay un tiempo para el amor y un tiempo para la guerra.

DEMARCHI.– (a Estela) ¡Ma sí! Si no queres…

ESTELA.– No te des por vencido ni aún vencido.

DEMARCHI.– ¡Piu Avanti! (Se abalanza sobre ella, parece poseerla apasionadamente. De pronto levanta su cabeza y habla con el público) Pero no todas fueron rosas… Estela comenzó a cambiar (Demarchi la observa a Estela, que se va cantando una canción cursi). A cambiar, no sé, cambiar. Para mí que me engañaba, ¿con quién?.

¿Qué sé yo? Nunca tuve pruebas, pero me lo palpitaba, me lo palpitaba…

 

Nuevamente aparece la evocación del periodista, que se mezcla con la fantasía de Estela y los cuernos.

 

PERIODISTA.– ¿Cómo se sintió, cuando le refirieron la ignominiosa noticia de que la que hoy ostenta el nombre de legítima esposa lo ponía en actitud de dudosa seguridad con respecto a su posición de marido respetado?

DEMARCHI.– (lo mira sin entenderlo).

PERIODISTA.– O sea… (busca las palabras) ¿Qué sintió cuando su mujer le metió los cuernos?

DEMARCHI.– (sufriendo) Me encontré con un Demarchi tranquilo, que sabía lo que venía a buscar y por eso me lo llevé.

PERIODISTA.– ¿Sabe, Demarchi, que su nombre se inscribe desde hoy junto al de los grandes cornudos de la patria?

DEMARCHI.– (mordiéndose los labios) Este Demarchi está consciente de la responsabilidad que representa ser un ídolo de multitudes.

PERIODISTA.– ¿Qué les quiere decir a todos los que, de alguna u otra manera, colaboraron para que su mujer lo engañara?

DEMARCHI.– (a punto de llorar) Demarchi, Demarchi no tiene palabras para todos lo que hicieron posible este momento.  (Se larga a llorar)

 

El periodista desaparece de la escena. Demarchi seca sus lágrimas, se recompone un poco y comienza a correr. Está más desesperado que nunca, sufre incluso calambres.

 

DEMARCHI.– No te voy a fallar, Estela, no te voy a fallar. Esta vez, no. Sea como sea salgo de perdedor, sea como sea. ¡El chino! Tengo que encontrar al prestamista, en algún lugar tiene que estar…

 

Sigue corriendo. En escena aparece el coreano. Tiene en sus manos una calculadora que a simple vista está rota. Intenta arreglarla con un alambrecito y no puede. La golpea contra el taco del zapato para hacerla funcionar. En ese momento lo ve venir a Demarchi, por lo que la oculta rápidamente en el bolsillo.

 

DEMARCHI.– ¡El chino! (Hace innumerables reverencias).

COREANO.– (habla castellano normalmente) ¿Qué te pasa?

DEMARCHI.– (habla como un doblaje televisivo) Honolable caballelo, o mis oídos me engañan o el suplemo emisalio de Oliente habla como el más oldinalio de los polteños.

COREANO.– ¿Qué decís?

DEMARCHI.– Ya me palecía poco amalillo pala sel chino. ¿Japonés? Sí… ¿no? Loto, loto, loto. ¿Gusta tango? Tango – tango.

COREANO.– (sacándoselo de encima) A ver si corta con el barullo, por favor.

DEMARCHI.– (tirándose a sus pies) Perdone, perdone don… necesito plata, peso, moneda. ¿Entiende, don Chino?

COREANO.– Coreano. Y por favor… (se lo saca de encima).

DEMARCHI.– Necesito plata, dinero, viyuya, money… ¿complende? Yen – yen, requete yen.

COREANO.– Cálmese quiere.

DEMARCHI.– Yen yen yen.

COREANO.– Cálmese, por favor.

DEMARCHI.– Yen yen requete yen.

COREANO.– (pega un grito de karateka y se pone en posición de ataque, dejando a Demarchi petrificado) ¿Qué le pasa?

DEMARCHI.– (muy acelerado) Tengo que viajar. Como sea, oiga (le grita), como sea.

COREANO.– ¿Dónde tiene que viajar, señor…?

DEMARCHI.– Demalchi, Laúl Demalchi.

COREANO.– ¿Dónde quiere viajar, Raúl?

DEMARCHI.– ¿A dónde? A… a… (lo mira seriamente) …no sé. (Se echa a llorar) No sé, me olvidé, ¿puede creerme?, me olvidé.

COREANO.– Vamos, tranquilícese, ¿cómo es el tema?

DEMARCHI.– Mire, voy a tratar de ser lo menos complicado posible.

COREANO.– (falso) Negocios claros, amistades duraderas.

DEMARCHI.– Sí, por eso… el asunto es bastante simple. Necesito dinero para viajar a una competencia internacional y que en este momento no me acuerdo exactamente dónde queda, pero que averiguo y se lo digo. Bueno en esa competencia, como le decía, va a haber importantes premios, calculo yo… ¿no?… y bueno, que tengo que ir ahí, ahí… ahí… ahí.

COREANO.– ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Qué improvisación! Amigo Raúl, qué improvisación. Mire, quiere irse a un lugar que no sabe cómo se llama, a participar de una competencia que “supone” otorga importantes premios, y llevar una suma de dólares estimada de buenas a primeras. Improvisación, ustedes los argentinos lo arreglan todo con un alambrecito.

DEMARCHI.– Pero para viajar…

COREANO.– (lo interrumpe) No hay pero que valga. Usted tiene una habilidad definida, quiero creer, en la cual es especialista.

DEMARCHI.– Sí, soy el mejor marchista. Mucho mejor que…

COREANO.– (lo vuelve a interrumpir) Habrá mediado las posibilidades de penetración de su producto en las distintas áreas de consumo.

DEMARCHI.– No me venga con cosas raras. Prestem guita para un par de pasajes, yo después me muevo.

COREANO.– Sí, se mueve, pero por pálpitos, por corazonadas. ¡Estos argentinos! (lo toma del cachete, Demarchi le saca la mano de un manotón) La filosofía del alambre.

DEMARCHI.– No tanta mano. ¿Hay guita o no hay guita?

COREANO.– Óigame, Raúl, lo primero que vamos a hacer es capacitarlo en el terreno de la informática, lenguaje logos y basic. Una computadora le permitirá seleccionar el lugar donde le conviene participar, programar un calendario anual de carreras, cualidades físicas de sus contrincantes, velocidad desarrollada en media carrera, trote o paseíto de salud. Todo lo relativo al bioritmo, peso específico del calzado deportivo, elasticidad del suspensor…

DEMARCHI.– (nervioso, lo interrumpe) Ah, no. Yo ya no tengo tiempo para perder en boludeces.

COREANO.– (sin prestarle importancia) Con su programador individual usted podrá recorrer de un plumazo todo el mapa de posibilidades que se le abren. Supóngase que está frente a su MD23, dispuesto a manejarla…

DEMARCHI.– (que estaba por irse, se resiste. El coreano lo conmina con un amague de golpes. Demarchi de mala gana estira los brazos como si estuviera manejando un automóvil) Espero que después de estas huevadas me dé la guita.

COREANO.– ¿Qué hace?

DEMARCHI.– ¿No me dijo que maneje la máquina?

COREANO.– Sí, pero se supone que es una computadora, no un rastrojero.

DEMARCHI.– Por eso, esto es muy difícil. Yo quiero hablar de los pasajes.

COREANO.– ¡Ay! ¡Qué improvisación! ¡Qué improvisación! Aquí está el teclado (saca la pequeña calculadora del bolsillo, evitando que Demarchi la toque o la pueda ver con claridad), insert… (oprime botones) piffff, piffff, está andando… flow flow flow… vamos a pedirle información sobre competencias internacionales… pitponpitponpitpon… bled, bled, bled… mire en el display, está por aparecer algo… C/A/L/C/U/T/A…

DEMARCHI.– (tratando de ver algo) Yo no veo un carajo.

COREANO.– ¡Calcuta! Campeonato internacional de marcha. Vienen más datos… formidable… bled bled… competidores… premios.. (Hace como si cortase un gran papel y se guarda nuevamente la calculadora) Excelente, ya lo tenemos.

DEMARCHI.– ¡Los pasajes! ¿Están los pasajes?

COREANO.– (estudia el papel imaginario) Ya va, Raúl, vamos de lo más difícil a lo más fácil.

DEMARCHI.– Es que sin los pasajes no hay viaje a París.

COREANO.– (posición de ataque) París, París, París, (tira golpes al aire) nada de París. ¡Calcuta!

DEMARCHI.– ¡Calcuta! No, eso es el culo del mundo. “Si tocás Calcuta andate a la…”

COREANO.– El estudio de mercado anula cualquier especulación en contrario.

DEMARCHI.– A esta altura, al estudio de mercado me lo paso por…

COREANO.– ¡Basta, Demarchi! Calcuta o nada.

DEMARCHI.– Usted présteme la guita, yo después me arreglo. París, Burundí o Constantinopla.

COREANO.– (haciéndose el interesante) No invierto negocios sin rentabilidad probada.

DEMARCHI.– Póngase en mi lugar, también. París es París. Se imagina triunfar en Calcuta, ¿a quién le puede parecer importante?

COREANO.– ¡Qué simplista! ¿Sabe lo que le puede deparar un triunfo en Calcuta? (Enumera) Amor: Las mujeres más ardientes del planeta están en Calcuta; Dinero: Ya quisiera el dólar tener el respaldo en oro del austral calcuteño; Negocios: Inversiones de todo tipo. Le tiro una a mediano plazo, con la plata de los primeros premios compre algún templo abandonado a orillas del Ganges, que viene a ser como la Recoleta, y ponga una parrilla, que va a ser la primera en la India. Claro que tiene que ser un nombre entrador, por supuesto. Qué sé yo, Parrilla de la Vaca Sagrada, atendida por sus propios dueños. Eso pega. ¡Qué tal! ¿Qué más quiere? Fama, éxito, que lo aclamen… ¿dónde lo van a aclamar más que en la India? Está lleno de gente esperando que algún boludo gane un premio para salir a aplaudir y tocar bocina. Quinientos millones de habitantes, ¿sabe lo que es eso? La gente meándose…

DEMARCHI.– Sí, pero París…

COREANO.– Calcuta o nada.

DEMARCHI.– Pero ahora. ¡Ya! Si es Calcuta, que sea Calcuta. Pero ¡Ya! ¡Basta de versos! La guita, los pasajes, todo. ¡Ya!

COREANO.– Está bien… tomá (saca la calculadora y se la entrega). Me debés mil dolares

DEMARCHI.– (cansado de las estafas) No, no ¿para qué carajo quiero yo…?

COREANO.– (sin darle alternativa) La computadora, Calcuta o nada.

DEMARCHI.– (resignado) Bueno, dale… ahora dame la guita.

COREANO.– ¿Qué guita?

DEMARCHI.– (nervioso) ¿Vamos a empezar de nuevo? ¡La guita de los pasajes!

COREANO.– ¡Ah! No, del traslado me ocupo yo. Te va a salir mil quinientos dólares.

DEMARCHI.– ¿Mil quinientos? Mirá que yo viajo con mi mujer.

COREANO.– Por mí si queres podés viajar con tres perros, total, vas a ir dentro de un contenedor con doce mercenarios marroquíes, tres prostitutas moluqeñas y un militar boliviano traficante de drogas.

DEMARCHI.– ¿Y tengo que pagar para viajar así?

COREANO.– Prácticamente vas gratis, no movés guita, yo te hago sacar un crédito por cinco mil dólares.

DEMARCHI.– (cada vez más furioso) ¿No era que ese charter tan distinguido me salía mil quinientos dólares?

COREANO.– Mil quinientos de pasaje, mil de la computadora y dos mil quinientos que se van en comisiones, intereses anticipados, gastos de sellado, seguro, informes. Boludeces, pero vamos a concretar el negocio, ¿qué trajiste?

DEMARCHI.– ¿De qué?

COREANO.– Dale, ¿qué trajiste? La escritura de un departamento, de un lotecito, ¿eh? ¡Ah! Vas a hacer alguna prenda sobre el auto, ¿eh? (Lo mira serio) Por lo menos tendrás algún chabón que te ponga la firma.

DEMARCHI.– ¿Qué me venís con créditos? ¡Atorrante!

COREANO.– La boquita, pibe.

DEMARCHI.– Todavía que me querés hacer viajar dentro de una lata de sardinas, con una banda de putas y criminales, querés que te firme un contrato por una deuda que ni mi tataranieto va a levantar.

COREANO.– (comienzan a empujarse mutuamente) ¿Así que no tenés dónde caerte muerto, pelotudo?

DEMARCHI.– ¿Así que te disfrazás de chino para cagar gente?

COREANO.– ¿Así que te venís a hacer el pistola conmigo?

DEMARCHI.– ¿Así que te gusta que te fajen?

 

Demarchi se saca el gabán para pelear. Recibe una terrible paliza. Se defiende, pero es golpeado brutalmente. Queda tirado en el piso. De a poco se incorpora, está muy dolorido. Trata de ordenar un poco su ropa, se da cuenta que en la pelea ha perdido la camiseta y una zapatilla. Intenta unos pasos de marchista, pero le duele todo el cuerpo. Toma conciencia que todo esto ya no tiene sentido. Comienza a caminar lentamente, agobiado y humillado. Va al encuentro de su mujer, que ya aparece en escena vestida como una cabaretera y tarareando un tango. Pina recorre la habitación con un sahumerio. Estela se para sobre la silla y comienza a cantar “Cambalache”.

 

DEMARCHI.– ¿Qué está pasando acá?

PINA.– ¡Santo dio! Lo que pueden hacer los parásitos. Mire como está.

DEMARCHI.– (a Estela) ¿Qué hacés ahí arriba?

ESTELA.– Practico, ¿no oís?

PINA.– Esto termina mal. Uno reventado, la otra que quiere salir a hacer la puta. No, esto termina mal, muy mal. (Sale).

DEMARCHI.– ¿Practicás?

ESTELA.– Si te tengo que esperar a vos… hace rato que se te cumplió el plazo.

DEMARCHI.– (agobiado) Ya…

ESTELA.– Ya… pero eso no tiene importancia. Lo que importa es que volvés otra vez como un perdedor. (Vuelve a cantar).

DEMARCHI.– Estela, bajate… (no le hace caso). Haceme caso, todavía soy tu marido. ¡Estela, bajá! Acaso no te das cuenta. No hay pasajes, no hay carrera, no hay gloria.

ESTELA.– ¿Qué pasó? De pronto se te fue la pasión por las carreras.

DEMARCHI.– No, Estela. Tengo pasión, y ganas, pero correr… hacia dónde, atrás de qué… No te das cuenta que siempre terminan vendiéndome lo que quieren.

ESTELA.– Perdiste tu oportunidad, ahora la guita la voy a conseguir yo. No voy a escuchar la voz de la frustración, me voy al cabaret. Yo viajo, yo no me voy a echar atrás.

DEMARCHI.– ¿Y sola vas a hacer todo eso?

ESTELA.– Sí, pero vos no te hagas problema, por ahí algún día te mando los pasajes. Algún día.

DEMARCHI.– Me das asco.

ESTELA.– (intenta pegarle una cachetada que Demarchi detiene, ella baja de la silla) ¿Por qué? ¿Qué tiene de raro que yo trabaje en la calle? Acaso no fui siempre una puta para vos.

DEMARCHI.– Asco, eso es lo que me das.

ESTELA.– Mejor sería que me tengas lástima. El asco dejámelo a mí. Pero no me va a importar, porque sé lo que quiero, y lo voy a conseguir.

DEMARCHI.– ¿Y qué es lo que querés?

ESTELA.– Triunfar, eso es lo que quiero. Ser una ganadora, como la Pochi.

DEMARCHI.– (la interrumpe) Dejame de joder con tus amigas, ¿querés?

ESTELA.– Es que ellas no me dejan a mí en paz. O acaso no las ves cuando vienen y muestran y hablan… de sus maridos ganadores, Raúl, ganadores natos. Y no como vos, un perdedor.

DEMARCHI.– Ganadores, ganadores y cornudos, como el marido de la Pochi.

ESTELA.– Hablás así de envidia. Te duele la verdad.

DEMARCHI.– (a punto de explotar) Hablo así… hablo así… porque a la Pochi… me la cogí yo.

ESTELA.– ¡Raúl! (No le cree) Más quisieras. (Lo mira con furia) ¡Mentís! ¡Mentís!

DEMARCHI.– Mirá, Estelita…

ESTELA.– (furiosa) ¡Estela! Estelita quedó en algún lugar, corriendo al lado de otro Demarchi, uno que tenía sueños.

DEMARCHI.– ¡Dejame de joder con los sueños!

ESTELA.– Que tenía sueños y pelotas para llevarlos adelante.

DEMARCHI.– Estelita…

ESTELA.– ¡Estela! Estela Petrabona de Demarchi. La mujer de un pobre tipo al que le faltaron pelotas… pelotas… pe-lo-tas.

DEMARCHI.– (encarándola) ¿Querés ver? ¿Querés que te muestre? Hay que empezar a poner pelotas. Está bien, acá las pongo. Acá las pongo.

ESTELA.– (cínica) ¡Ah! Sí, mirá vos. Por mí apoyalas donde quieras, total, yo me voy. Yo me voy  (Amaga a salir).

DEMARCHI.– (interceptándola) Un momentito. Usted no va a salir a ningún lado.

ESTELA.– (ofensiva) Salí, eh. Ni se te ocurra ponerme esas manos encima. No es con vos… va a ser con cualquier otro, pero yo me voy.

DEMARCHI.– (le pega una cachetada) ¿A dónde te crees que vas?

 

Ella cae al piso y queda llorando. Demarchi trata de acomodarse un poco la ropa, parece en un primer momento dispuesto a irse, pero vuelve sobre sus pasos. Se acerca a ella y la abriga con su impermeable. Comienza a sonar la “Marcha del Club”. Se escucha la voz de Pina que viene gritando.

 

PINA .– ¡Premio Nobel, caraco! ¡Premio Nobel, caraco! (Eufórica, con un diario enrollado en su mano)¡Premio Nobel, caraco! ¡Premio Nobel, caraco! Se ha descubierto un veneno fulminante contra los parásitos, en Calcuta. Y le han dado el Premio Nobel, Raúl. Dicen que el veneno se saca de la banana… ¡de la banana, Raúl!¡Ahora sí, que los países bananeros pasamos al frente! ¡Qué coder!

 

TELÓN.

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