En otra oportunidad, en este mismo Suplemento Cultura, destacamos la relevancia del mito de Antígona  en el teatro y el pensamiento argentinos. La joven hija–hermana de Edipo, que decide enterrar a su hermano Polinices contra la ley de la ciudad de Tebas dictada por Creonte y que elige la muerte, fue retratada por Sófocles en una tragedia del 440 a.c., y reaparece en numerosas obras dramáticas nacionales de Leopoldo Marechal (Antígona Vélez, 1951), Alberto de Zavalía (El límite, 1958), Griselda Gambaro (Antígona furiosa, 1986), David Cureses (La cabeza en la jaula, 1987), Juan Carlos Gené (Golpes a mi puerta, 1988), Federico Peltzer (El cementerio del tiempo, 1990), Rómulo Pianacci (In memoriam Antigonae, 1999), Jorge Huertas (AntígonaS, linaje de hembras, 2001, así con «S» final mayúscula), Hebe Campanella (Antígona… con amor, 2003), Yamila Grandi (Antígona, ¡no!, 2003; Una mujer llamada Antígona, 2011), Alberto Muñoz (Antígonas, 2009), entre otras. Mencionamos en aquella nota el trabajo de dos ensayistas: Antígona: una tragedia latinoamericana, de Rómulo Pianacci, publicado en Estados Unidos por Gestos y de próxima aparición, en versión ampliada, en Losada; La actualidad de la experiencia de lo trágico y el paradigma de Antígona, de María Gabriela Rebok, edición de Biblos, contribución filosófica fundamental que sostiene que Antígona es el paradigma oculto de nuestra época.

Hoy queremos sumar a estos datos una nueva versión teatral, de grandes méritos: Antígona 1-11-14 del Bajo Flores, del dramaturgo–director marplatense Marcelo Marán. Estrenada en 2014 en La Plata, en la Sala Armando Discépolo, con producción de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, Antígona 1-11-14 del Bajo Flores se presentará en Mar del Plata a partir de la primera semana de enero en la Sala Payró del Centro Provincial de las Artes, Boulevard Marítimo  2280, con el mismo elenco mixto de actores platenses y marplatenses: los excelentes Emma Burgos (Antígona), Jorge Taglioni (Creonte) y Javier Guereña (Cura villero), junto a Wallace Henry Flores (Sicario 1), Carina Zelaschi (Sicario 2), Eliana Pereira Rejala (Ismena), Fito Torrisi (Hemón) y Susana Perdichizzi (Eurídice).
La potencia del mito de Antígona y, especialmente, su versión en la tragedia de Sófocles _considerada una de las obras maestras de la Humanidad– invitan a la reescritura como forma de implementar sobre el clásico tanto una recuperación de sus valores como una política de la diferencia. En Antígona 1-11-14 del Bajo Flores Marán reconoce la monumentalidad y vigencia del texto antiguo, pero no sólo para rendirle homenaje: también para realizar cambios que, en su singularidad, manifiestan plenamente la personalidad artística, la historia y la territorialidad de quien reescribe. En el programa de mano del estreno platense, Marán afirma: «En todas las épocas aparece la necesidad de actualizar el mito de Antígona para dar cuenta del choque entre dos formas de entender la realidad. A través de la oposición de los antagonistas, Antígona/Creonte, se desarrolla una fina metáfora sobre el poder y sus excesos. Creonte es el poder hueco, precario, avejentado, corrupto y masculino. Antígona, su contrafigura, es el estallido brutal, la fusión del átomo, joven, amoral y femenino».

La versión de Marán posee características especiales. Traída al tiempo contemporáneo, Tebas se transforma en una villa miseria, la 1-11-14 del Bajo Flores, extraño nombre que el mismo texto explica: «Los milicos les pusieron números a las villas. Allá está la puerta a la 1, allá a la 11, allá a la 14». Del cruce del adivino ciego Tiresias con el coro, surge el personaje del Cura villero, que organiza metateatralmente la acción y el sentido de la pieza de Marán, y que es homenaje al Padre Mugica, cuya imagen se proyecta sobre el final de la obra. Los hermanos rivales, Etéocles y Polinices, se enfrentan por el dominio del mercado «narco» en la villa, y Polinices se alía a los nuevos inmigrantes, los peruanos. El castigo de Creonte a Polinices implicará la espectacularidad con que los narcos generan terror en la población (el «efecto Medusa» que, como el ser mitológico, convierte en piedra a quien lo mira): su cadáver es colgado de un poste, perceptible a la mirada de todos, de donde deberá bajarlo su hermana Antígona. La población trabajadora de la villa está tan aterrorizada que no reacciona, inmovilizada, «de piedra». Creonte es el político comprometido con el negocio de la droga y, a diferencia de Sófocles, en la pieza de Marán aparece un nuevo personaje, resultado de la observación de la nueva realidad: el sicario, o como afirma el Cura villero en su función de presentador en la Escena 1 del texto de Marán, «el sicario, soldado o sirviente,  fuerza de choque, el encargado del trabajo sucio de Creonte.  No piensa nunca en el mañana, está en el hoy más absoluto, consume lo que vende y eso lo pierde».

La reescritura de Marán tiene pasajes brillantes, como el que corresponde al célebre primer estásimo del coro (el que empieza «Muchas cosas asombrosas existen y, con todo, nada más asombroso que el hombre», según la traducción de A. Alamillo). Jorge Bergua Cavero sintetiza el sentido de ese parlamento memorable con estas palabras: «Es un canto al hombre, el ser más admirable de la creación, dueño del mar, de la tierra y de las demás criaturas. Ha descubierto todos los recursos, excepto el de hacer frente a la muerte. Si observa las leyes divinas y humanas, será feliz, y desgraciado, si las desprecia». Marán reescribe, en boca del Cura villero, personaje–delegado del autor, de esta manera notable: «Muchas son las cosas terribles, pero ninguna tan terrible como el hombre. Ese ser que  camina por la vida empujado por el viento de la historia. Con su ciencia caza al ave y aprende los misterios del vuelo, a las fieras salvajes domina y se adueña de montes y comarcas, es señor de los mares con su astucia. Tanto la lengua, como el más sutil pensamiento, como las leyes que ordenan el caos son producto de sus ideas. Nada le es ajeno. Solo la muerte le presenta dura batalla pero también él ha logrado enfrentarla con sabias técnicas. Poseedor de una sabiduría superior a la esperable, sin embargo demuele su casa al tiempo que la construye, enferma a sus hermanos al tiempo que los cura y envenena los campos al tiempo que los siembra. ¿No será hora de pararse de nuevo en dos patas y pedir perdón por tanta locura?». El magnífico texto de Marán debería publicarse por sus valores literarios y dramáticos.

Antígona 1-11-14 del Bajo Flores es una magnífica contribución al «teatro de los muertos» y será, sin duda, una de las principales propuestas del mejor teatro marplatense de este verano que, como se sabe, es mucho más que teatro comercial. Para no dejar de ver. «

*VER NOTA COMPLETA: http://tiempoargentino.com/nota/140817/una-notable-reescritura-de-sofocles-en-mar-del-plata

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